Voy a intentar recorrer un camino que nos permita meternos a bucear en lo más profundo de la realidad que nos rodea. Al titular estas notas dentro de lo que he denominado la dimensión personal he optado por una búsqueda que nos obligue a una reflexión más densa. Uno se pregunta si este medio que utilizo para comunicarme (el blog) es apto para tal tarea. Me digo que todo instrumento debe ser utilizado para comprender la época que nos ha tocado vivir, época a la que todos en diferentes medidas, hemos contribuido para que se configurara así, y que nos coloca ante el desafío de tener que comprender todo lo que esté a nuestro alcance para poder plantearnos una superación hacia otro mundo mejor. “Otro mundo mejor” es un concepto que se repite a lo largo de estas notas y eso se debe a una vocación mía que no puedo traicionar. Haber recibido todo lo que he podido llevarme de mis estudios en instituciones públicas me obliga a proponer aportes para superar la situación de crisis en las que estamos. Para ello voy a seguir de este modo.
La dimensión personal es el modo en que se recompone el dictado cultural de una época en cada uno de nosotros. No debe entenderse como una réplica mecánica de la cultura imperante, pero tampoco debe pensarse que somos lo que somos a partir de una absoluta libertad en la que hemos crecido como persona. Son dos extremos de un abanico en el que se juega una cantidad infinita de posibilidades, muchas de las cuales escapan a nuestra capacidad de detectarlas (se puede decir que esta es la dimensión del misterio, o freudianamente la de la del inconsciente, pero para este caso es lo mismo). Nuestra biografía es el resultado de un entrecruzamiento de variables y condicionamientos dentro del cual se realiza nuestra voluntad de ser lo que somos.
Entonces, para ir tratando de avanzar, hagamos una revisión de cómo se ha ido planteando le relación de estos dos espacios el personal y el cultural en estos tiempos dentro del espacio mayor que nos involucra que es la cultura occidental. Voy a recurrir a la ayuda de Claudio Martyniuk, ensayista y Doctor en Filosofía del Derecho, y profesor de Epistemología de las ciencias sociales y Filosofía del derecho en la Universidad de Buenos Aires. Si el tema al que estoy apuntando es ver qué nos sucede a los argentinos de hoy, hay en nosotros, o se da entre nosotros (las dos cosas se corresponden), una situación que no se daba unas pocas décadas atrás cuya mostración abre horizontes de comprensión. Nos dice nuestro profesor:
«Hay una crisis de la intimidad, la cual, como perteneciente al ámbito privado, ya no se opone al ámbito público, porque pasa a exhibirse. En el siglo XVIII se privilegió el espacio público; fue el siglo del hombre público. Y la privacidad, en ese contexto en el que empieza a configurarse la división entre lo público y lo privado, quedó como el ámbito de la familia y de la mujer. En el siglo XIX hubo una inflación del espacio privado, y el espacio público empezó a ser estigmatizado, temido por engañoso, hipócrita, y el espacio de la intimidad pasó a ser el de la verdad y la autenticidad, donde se podía estar sin máscaras, y era moralmente superior. La moralidad privilegiada era la del hogar, de las relaciones familiares, íntimas. Esa superioridad moral de la intimidad no terminó. El ámbito público está cada vez más estigmatizado, más asfixiado. En las décadas de 1960/70 algo empezó a cambiar de una forma compleja, desdibujando la frontera entre lo privado y lo público. Desde entonces, la intimidad pasó a mostrarse en el espacio público».
Esta forma de borrar límites entre lo privado e íntimo y el espacio público, potenciado infinitamente por la televisión, ha producido en la conciencia colectiva un desentendimiento con los problemas colectivos, puesto que se entiende por espacio público el espacio mediático, espacio de ficción, en el que todos los valores están trastocados, en el cual «vale Jesús lo mismo que el ladrón». La tarea, entonces, de debate en nuestra subjetividad es la separación de los elementos componentes, valorando, ordenando, categorizando, de modo tal de poder reconstruir nuestro fuero interno, nuestra mente, nuestra conciencia, par colocarnos en capacidad de análisis de qué es lo que nos está pasando como ciudadanos desertores.
sábado, 16 de enero de 2010
miércoles, 13 de enero de 2010
Miremos hacia adentro VII – La dimensión personal
Esta serie de notas intentan lo que sus títulos dicen: mirarnos entre nosotros a los ojos y hacer un examen sincero y profundo respecto de lo que somos y lo que pretendemos ser. Tantas veces hemos oído decir que se han perdido los valores, de esto quedó ya dicho algo, pero cada quien dice u oye esto en la convicción de que el problema radica en la conducta de los otros. Entonces deberíamos plantearnos una categorización y una clasificación de temas que nos permitan ordenar nuestros pensamientos: a) una dimensión del problema debe ser colocada en la globalización de un capitalismo salvaje que no tiene otro objeto que el lucro, no importa como, podríamos denominar a esto la dimensión global; b) otra que debe incorporar todos los males y conductas fuera de norma que se repiten, con una constancia digna de mejor causa, en nuestras vidas cotidianas, lo llamaríamos la dimensión nacional, también ya se dijo algo antes; c) y una tercera que exige una revisión de conciencia de nuestros modos de pensar, sentir, valorar, actuar, en la cual el objeto de nuestra investigación somos cada uno de nosotros y el investigador sería el mismo, la llamaríamos la dimensión personal.
A lo largo de estas notas, que han entrado en el tercer año de publicaciones, estos temas han sido tratados en varias oportunidades por la importancia que, en mi opinión, tienen para pensar una Nación, una Patria, una Comunidad de personas, más humana. Y debo decir que lo que me empujó a la creación de un blog, después de vencer muchas resistencias mías, es poder trascender con mis palabras, mis ideas, mis análisis, mis propuestas, el espacio que ofrece el aula universitaria. Sobre todo al tomar conciencia clara, desde mis inicios docentes, que la formación de buenos universitarios es una tarea fundamental para la tarea de construir una sociedad distinta, más justa, más distributiva. Pero también el saber que el público universitario es un público restringido respeto del total de la población, puesto que son muchos más los que no ingresan, porque no pueden o no quieren, y que una institución pública, pagada por los dineros de todos, no puede desentenderse de ese problema.
De allí que en este intento de sistematización de nuestros pensamientos, dándole a cada dimensión el valor y el lugar que cada persona pensante quiera darles, me coloco en el lugar de un interlocutor más que quiere ofrecer lo suyo. Si esto ayuda a clarificar los pensamientos de quienes me leen he logrado, en parte, algo de lo que me propuse al comenzar esta tarea periodística. El espacio de la comunicación pública, hoy bastante bastardeado por los intereses mercantiles que han desplazado a la vocación de servicio de tantos, debe ser ocupado también por toda persona de bien (qué expresión vetusta y gastada) que tenga algo para aportar a este gran diálogo internético que posibilita este instrumento alternativo de comunicación. El tantas veces mencionado ciudadano de a pie, que somos la inmensa mayoría en cada uno de los países del planeta, debe sentirse convocado a la participación, que será siempre bienvenida por humilde que sea, pero que agrega una voz más a la pluralidad de ideas que debe conformar una sociedad moderna. Se ha dicho tantas veces la voz de los que no tienen voz y ese espacio ha sido invadido por los comunicadores que se han apropiado de una representación usurpada, que sólo el poder de las multinacionales les otorga, siempre y cuando respeten las reglas del negocio. Pareciera que pueden hacer todo menos decir la verdad.
En esta posibilidad de participación, en lo que se pone en juego con ella, comenzamos a revisar nuestra dimensión personal, puesto que asumir el compromiso de pensar teniendo en cuenta a los demás modifica nuestra conciencia y nos va obligando a caminar junto a otros, iguales pero diferentes a nosotros. En esa tarea aprendemos a reconocer que ellos tienen derecho a la dignidad de ser personas con una identidad propia y que con su cercanía y trato nos enriquecemos todos. Al mismo tiempo, podemos aprender que todos tenemos algo que aportar y que la construcción de una comunidad de personas dignas no puede dejar afuera a nadie.
A lo largo de estas notas, que han entrado en el tercer año de publicaciones, estos temas han sido tratados en varias oportunidades por la importancia que, en mi opinión, tienen para pensar una Nación, una Patria, una Comunidad de personas, más humana. Y debo decir que lo que me empujó a la creación de un blog, después de vencer muchas resistencias mías, es poder trascender con mis palabras, mis ideas, mis análisis, mis propuestas, el espacio que ofrece el aula universitaria. Sobre todo al tomar conciencia clara, desde mis inicios docentes, que la formación de buenos universitarios es una tarea fundamental para la tarea de construir una sociedad distinta, más justa, más distributiva. Pero también el saber que el público universitario es un público restringido respeto del total de la población, puesto que son muchos más los que no ingresan, porque no pueden o no quieren, y que una institución pública, pagada por los dineros de todos, no puede desentenderse de ese problema.
De allí que en este intento de sistematización de nuestros pensamientos, dándole a cada dimensión el valor y el lugar que cada persona pensante quiera darles, me coloco en el lugar de un interlocutor más que quiere ofrecer lo suyo. Si esto ayuda a clarificar los pensamientos de quienes me leen he logrado, en parte, algo de lo que me propuse al comenzar esta tarea periodística. El espacio de la comunicación pública, hoy bastante bastardeado por los intereses mercantiles que han desplazado a la vocación de servicio de tantos, debe ser ocupado también por toda persona de bien (qué expresión vetusta y gastada) que tenga algo para aportar a este gran diálogo internético que posibilita este instrumento alternativo de comunicación. El tantas veces mencionado ciudadano de a pie, que somos la inmensa mayoría en cada uno de los países del planeta, debe sentirse convocado a la participación, que será siempre bienvenida por humilde que sea, pero que agrega una voz más a la pluralidad de ideas que debe conformar una sociedad moderna. Se ha dicho tantas veces la voz de los que no tienen voz y ese espacio ha sido invadido por los comunicadores que se han apropiado de una representación usurpada, que sólo el poder de las multinacionales les otorga, siempre y cuando respeten las reglas del negocio. Pareciera que pueden hacer todo menos decir la verdad.
En esta posibilidad de participación, en lo que se pone en juego con ella, comenzamos a revisar nuestra dimensión personal, puesto que asumir el compromiso de pensar teniendo en cuenta a los demás modifica nuestra conciencia y nos va obligando a caminar junto a otros, iguales pero diferentes a nosotros. En esa tarea aprendemos a reconocer que ellos tienen derecho a la dignidad de ser personas con una identidad propia y que con su cercanía y trato nos enriquecemos todos. Al mismo tiempo, podemos aprender que todos tenemos algo que aportar y que la construcción de una comunidad de personas dignas no puede dejar afuera a nadie.
domingo, 10 de enero de 2010
Miremos hacia adentro VI
Siguiendo en esta línea de pensamiento, mediante la cual he utilizado información de cómo se desenvuelve la política en otros países para colocarlas en espejo del nuestro, se nos presenta otra situación que también tiene mucho paño para cortar. En este caso es Bolivia. Se me dirá que son historias, culturas, circunstancias, actores políticos muy diferentes, bien, queda aceptado. Lo que debe hacernos pensar, en tiempos de globalización impuesta, es cómo se recurre a técnicas, modos, argumentaciones, etc. que se parecen bastante. En este caso voy a tomar como referencia un artículo publicado por el escritor y periodista boliviano Rafael Bautista S. que tituló Bolivia: El cinismo de la oposición suicida. Invito a leer sus palabras porque creo, que como yo, percibirán ecos de lo que está sucediendo en nuestro país. Y esto nos lleva a pensar que tantas similitudes deben tener algo que no es casual.
«Se hace casi imposible argumentar contra quien no argumenta. Es como hablarle a un muro. Pero este endurecimiento no genera seguridad, su fuerza dura radica en la inseguridad que propaga. No hay razones que puedan hacerle frente, porque la razón ya no es opción para quien invalida todo y abraza el suicidio. El suicidio es su amenaza, y lo es, porque en su suicidio pretende acabar con todo y con todos. Si la oposición pierde algo está dispuesta a que todos pierdan todo; amenaza con destruir todo si ella pierde algo. Su amenaza se convierte en su fuerza y esa fuerza se permite la soberbia que presume su ventaja: si acaba con todo, ¿quién podrá después demostrarle la insensatez de su apuesta? Por eso no cede nada, porque ceder es, para ella perder, y no está dispuesta a perder porque sólo quiere ganar. Su fuerza radica en ese chantaje; por eso expone su fuerza de modo abusivo. Se vuelve ciega. En esa ceguera, cree que sale ganando».
En una nota anterior comparando la actitud de los republicanos en los EE.UU. nos encontramos con una actitud muy similar: «si no obtengo lo que quiero no dejo hacer nada». Ahora nos encontramos que la oposición boliviana se maneja dentro de los mismos parámetros. Para obtener lo que se proponen no reparan en métodos, todos son posibles de usar puesto que el fin lo justifica. La descripción que realiza Batista está llena de ecos de nuestra tierra. Es claro que en los matices se pueden encontrar muchas diferencias, pero se debe leer la esencia de lo que está en juego y las semejanzas sorprenden, si uno no está atento a la reacción continental contra el avance de los pueblos. «El cinismo se regocija en su boca y, en ella, se invierte todo; la democracia ya no significa nada, porque el corrupto se hace el juez y el ladrón magistrado. El rico se hace el pobre, el agresor la víctima y el racista se queja de discriminación; habla en nombre de la democracia el dictador. Rapta a la democracia para que sus reclutados salgan a imponer el fascismo, en nombre de aquello que han raptado. La democracia es devaluada; ahora quiere el cínico que sea el respeto al disenso, es decir, si el criminal disiente del juicio, su voluntad debe ser respetada. Por eso la democracia ya no vale nada para el cínico; es un recurso más que usa como quiere. Si las mayorías quedan subordinadas a su disenso, entonces puede hacer lo que le conviene».
A través de este párrafo se puede repensar gran parte de los enfrentamientos sociales de nuestro país del 2008 y del año que termina. Con otra similitud importante: la prensa concentrada reproduce ese cinismo sin el menor pudor. «El que desea ganar siempre todo provoca que todos pierdan todo, incluso él mismo. Por eso ya no puede ofrecer razones; la amenaza se convierte en su razón de ser, es decir, en razón de fuerza mayor. Esta razón de fuerza ya no ofrece razones, se hace fuerza pura y su pureza consiste en limpiarse de toda razón. De esa fuerza proviene su poder. El poder de acabar con todo es el poder puro que no necesita de razón alguna. Su contundencia radica en la decisión misma… Esta nueva lucidez sabe de su poder y, por eso mismo, ya no le interesa dialogar; su poder lo expone su fuerza, es dominio puro que amenaza apocalípticamente. Se origina en el capitalismo salvaje y el neoliberalismo le abre fronteras insospechadas: la vida misma, el mundo, los seres humanos y la naturaleza, se convierten en puro negocio».
Me he limitado a las citas porque me parecen más que elocuentes para poder pensar desde dentro de un cuadro político mayor: Latinoamérica. Así es como piensan y planifican las fuerzas imperiales. Así deberemos aprender a pensar nosotros.
«Se hace casi imposible argumentar contra quien no argumenta. Es como hablarle a un muro. Pero este endurecimiento no genera seguridad, su fuerza dura radica en la inseguridad que propaga. No hay razones que puedan hacerle frente, porque la razón ya no es opción para quien invalida todo y abraza el suicidio. El suicidio es su amenaza, y lo es, porque en su suicidio pretende acabar con todo y con todos. Si la oposición pierde algo está dispuesta a que todos pierdan todo; amenaza con destruir todo si ella pierde algo. Su amenaza se convierte en su fuerza y esa fuerza se permite la soberbia que presume su ventaja: si acaba con todo, ¿quién podrá después demostrarle la insensatez de su apuesta? Por eso no cede nada, porque ceder es, para ella perder, y no está dispuesta a perder porque sólo quiere ganar. Su fuerza radica en ese chantaje; por eso expone su fuerza de modo abusivo. Se vuelve ciega. En esa ceguera, cree que sale ganando».
En una nota anterior comparando la actitud de los republicanos en los EE.UU. nos encontramos con una actitud muy similar: «si no obtengo lo que quiero no dejo hacer nada». Ahora nos encontramos que la oposición boliviana se maneja dentro de los mismos parámetros. Para obtener lo que se proponen no reparan en métodos, todos son posibles de usar puesto que el fin lo justifica. La descripción que realiza Batista está llena de ecos de nuestra tierra. Es claro que en los matices se pueden encontrar muchas diferencias, pero se debe leer la esencia de lo que está en juego y las semejanzas sorprenden, si uno no está atento a la reacción continental contra el avance de los pueblos. «El cinismo se regocija en su boca y, en ella, se invierte todo; la democracia ya no significa nada, porque el corrupto se hace el juez y el ladrón magistrado. El rico se hace el pobre, el agresor la víctima y el racista se queja de discriminación; habla en nombre de la democracia el dictador. Rapta a la democracia para que sus reclutados salgan a imponer el fascismo, en nombre de aquello que han raptado. La democracia es devaluada; ahora quiere el cínico que sea el respeto al disenso, es decir, si el criminal disiente del juicio, su voluntad debe ser respetada. Por eso la democracia ya no vale nada para el cínico; es un recurso más que usa como quiere. Si las mayorías quedan subordinadas a su disenso, entonces puede hacer lo que le conviene».
A través de este párrafo se puede repensar gran parte de los enfrentamientos sociales de nuestro país del 2008 y del año que termina. Con otra similitud importante: la prensa concentrada reproduce ese cinismo sin el menor pudor. «El que desea ganar siempre todo provoca que todos pierdan todo, incluso él mismo. Por eso ya no puede ofrecer razones; la amenaza se convierte en su razón de ser, es decir, en razón de fuerza mayor. Esta razón de fuerza ya no ofrece razones, se hace fuerza pura y su pureza consiste en limpiarse de toda razón. De esa fuerza proviene su poder. El poder de acabar con todo es el poder puro que no necesita de razón alguna. Su contundencia radica en la decisión misma… Esta nueva lucidez sabe de su poder y, por eso mismo, ya no le interesa dialogar; su poder lo expone su fuerza, es dominio puro que amenaza apocalípticamente. Se origina en el capitalismo salvaje y el neoliberalismo le abre fronteras insospechadas: la vida misma, el mundo, los seres humanos y la naturaleza, se convierten en puro negocio».
Me he limitado a las citas porque me parecen más que elocuentes para poder pensar desde dentro de un cuadro político mayor: Latinoamérica. Así es como piensan y planifican las fuerzas imperiales. Así deberemos aprender a pensar nosotros.
martes, 5 de enero de 2010
Miremos hacia adentro V
Eugene Luther Gore Vidal, más conocido como Gore Vidal, es un escritor estadounidense de 83 años que se ha convertido, a través de décadas en un agudo crítico de la vida norteamericana. Con una vasta producción literaria, de excelente calidad, en la que relata partes de la historia de su país, nos muestra una cara muy diferente del juego político y cultural que nos permite pensar mejor sobre el capitalismo salvaje desde una mirada novedosa. Portador de una cultura humanística sorprendente, cuando la comparamos con muchos de los personajes más conocidos y respetados, hace gala de una sabiduría en sus juicios que valen la pena leer para pensarnos a nosotros.
En una entrevista publicada en el diario "The Independent" sostiene que «el experimento de su país ha sido un fracaso y que pronto EEUU quedará relegado a algún lugar entre Brasil y Argentina, al puesto que le corresponde». No debemos ignorar el sesgo irónico que siempre utiliza en sus manifestaciones, lo que no debe impedir reflexionar sobre sus afirmaciones. Lo que propongo en esta nota es leerlo pensando desde nuestro país para comprender con mayor profundidad nuestra problemática. Vidal confiesa que cuando Obama fue elegido presidente «estaba ilusionado como todo el mundo, pero desde entonces he llegado a la convicción de que el primer presidente intelectual que hemos tenido en muchos años no está a la altura de la tarea. Es incompetente y le derrotarán en la re-elección» con este vaticinio el escritor, tan provocador como siempre, no oculta su enojo por el estado en que se encuentra su país.
En otras notas he hecho referencia a la muy baja calidad de nuestros dirigentes, Vidal dice «Obama quiere gustar a todo el mundo, y creía que para ello le bastaba hablar razonablemente. Pero el Partido Republicano no es un partido político. Es una mentalidad, como las juventudes hitlerianas. Rebosa de odio... no hay forma de convencerlos para sumar esfuerzos. No merece la pena siquiera intentarlo. La única forma de tratar con ellos es aterrorizarlos, pero [Obama] es demasiado delicado para ello. Él es el doble de intelectual de lo que era el presidente John Kennedy [Vidal era amigo suyo] pero Jack conocía el ancho mundo».
Aparecen acá dos referencias muy interesantes para nosotros: una, la alabanza a la formación intelectual de Obama como una excepción dentro del mundo de la política, lo cual pinta claramente en manos de quienes está la política de allá y de acá. Lo segundo, y esto nos debe hacer pensar detenidamente, el odio de la oposición como metodología política. Y frente al odio no conozco argumentos capaces de hacer cambiar una opinión sostenida desde ese talante. El método que sugiere, el terror, no puede ser utilizado cuando se posee un nivel intelectual sobresaliente. Esto coloca frente a frente dos posiciones casi irreductibles: la inteligencia frente a la necedad. Estoy tentado de escribir «Cualquier parecido con la vida política nuestra es mera coincidencia».
Todo ello lo lleva a Vidal a hacer pronósticos pesimistas sobre el destino de su país, lo cual nos debe hacer notar sus consecuencias: «Afganistán será lo que termine con el imperio estadounidense», y esto debe ser leído dentro de lo que ya quedó dicho respecto de los republicanos y los negocios armamentísticos. No es el único de los analistas en afirmarlo. I. Wallerstein, importante historiados norteamericano, dice en esa misma línea: «¿Por qué es tan difícil para Estados Unidos zafarse de intervenciones militares que tan patentemente está perdiendo? Algunos analistas de izquierda, en ese país y en otras partes, dicen que ocurre porque es una potencia imperialista y por tanto se involucra en intervenciones militares con el fin de mantener su poder económico y político en el mundo».
Pero Vidal le agrega lo que Benjamin Franklin (1706-1790) decía: «Él previó todo esto. Le cito porque la mayoría de los norteamericanos ni siquiera saben ya quién era. Cuando se elaboraba la Constitución en Filadelfia en 1781, Franklin se limitó al papel de observador. No quiso participar en ella», y lo explicó así: «Van ustedes a tener una república si es que logran mantenerla. Todas las constituciones como ésta han fracasado desde el comienzo de los tiempos por culpa de la corrupción de las personas». Según Vidal «Estados Unidos es un país que está amenazado sólo porque amenaza a otros. En geopolítica, como en la física, no hay acción sin reacción, los ataques terroristas del 11 de septiembre contra EEUU eran previsibles».
Acá nos deja otra idea negativa pero que no debe ser desechada. La democracia tiene su escollo más grave en la corrupción. Este es el peor mal que se ha diseminado junto con la globalización, ésta no la inventó pero la promocionó como método político. Éste es nuestro mayor desafío, empezando por casa.
En una entrevista publicada en el diario "The Independent" sostiene que «el experimento de su país ha sido un fracaso y que pronto EEUU quedará relegado a algún lugar entre Brasil y Argentina, al puesto que le corresponde». No debemos ignorar el sesgo irónico que siempre utiliza en sus manifestaciones, lo que no debe impedir reflexionar sobre sus afirmaciones. Lo que propongo en esta nota es leerlo pensando desde nuestro país para comprender con mayor profundidad nuestra problemática. Vidal confiesa que cuando Obama fue elegido presidente «estaba ilusionado como todo el mundo, pero desde entonces he llegado a la convicción de que el primer presidente intelectual que hemos tenido en muchos años no está a la altura de la tarea. Es incompetente y le derrotarán en la re-elección» con este vaticinio el escritor, tan provocador como siempre, no oculta su enojo por el estado en que se encuentra su país.
En otras notas he hecho referencia a la muy baja calidad de nuestros dirigentes, Vidal dice «Obama quiere gustar a todo el mundo, y creía que para ello le bastaba hablar razonablemente. Pero el Partido Republicano no es un partido político. Es una mentalidad, como las juventudes hitlerianas. Rebosa de odio... no hay forma de convencerlos para sumar esfuerzos. No merece la pena siquiera intentarlo. La única forma de tratar con ellos es aterrorizarlos, pero [Obama] es demasiado delicado para ello. Él es el doble de intelectual de lo que era el presidente John Kennedy [Vidal era amigo suyo] pero Jack conocía el ancho mundo».
Aparecen acá dos referencias muy interesantes para nosotros: una, la alabanza a la formación intelectual de Obama como una excepción dentro del mundo de la política, lo cual pinta claramente en manos de quienes está la política de allá y de acá. Lo segundo, y esto nos debe hacer pensar detenidamente, el odio de la oposición como metodología política. Y frente al odio no conozco argumentos capaces de hacer cambiar una opinión sostenida desde ese talante. El método que sugiere, el terror, no puede ser utilizado cuando se posee un nivel intelectual sobresaliente. Esto coloca frente a frente dos posiciones casi irreductibles: la inteligencia frente a la necedad. Estoy tentado de escribir «Cualquier parecido con la vida política nuestra es mera coincidencia».
Todo ello lo lleva a Vidal a hacer pronósticos pesimistas sobre el destino de su país, lo cual nos debe hacer notar sus consecuencias: «Afganistán será lo que termine con el imperio estadounidense», y esto debe ser leído dentro de lo que ya quedó dicho respecto de los republicanos y los negocios armamentísticos. No es el único de los analistas en afirmarlo. I. Wallerstein, importante historiados norteamericano, dice en esa misma línea: «¿Por qué es tan difícil para Estados Unidos zafarse de intervenciones militares que tan patentemente está perdiendo? Algunos analistas de izquierda, en ese país y en otras partes, dicen que ocurre porque es una potencia imperialista y por tanto se involucra en intervenciones militares con el fin de mantener su poder económico y político en el mundo».
Pero Vidal le agrega lo que Benjamin Franklin (1706-1790) decía: «Él previó todo esto. Le cito porque la mayoría de los norteamericanos ni siquiera saben ya quién era. Cuando se elaboraba la Constitución en Filadelfia en 1781, Franklin se limitó al papel de observador. No quiso participar en ella», y lo explicó así: «Van ustedes a tener una república si es que logran mantenerla. Todas las constituciones como ésta han fracasado desde el comienzo de los tiempos por culpa de la corrupción de las personas». Según Vidal «Estados Unidos es un país que está amenazado sólo porque amenaza a otros. En geopolítica, como en la física, no hay acción sin reacción, los ataques terroristas del 11 de septiembre contra EEUU eran previsibles».
Acá nos deja otra idea negativa pero que no debe ser desechada. La democracia tiene su escollo más grave en la corrupción. Este es el peor mal que se ha diseminado junto con la globalización, ésta no la inventó pero la promocionó como método político. Éste es nuestro mayor desafío, empezando por casa.
domingo, 3 de enero de 2010
Miremos hacia adentro IV
La mirada hacia nuestro interior, individual y colectivo, está cargada de innumerables prejuicios que son difíciles de detectar y también eliminar. Por tal razón ayuda mirarnos a la luz de lo que nos dice un investigador extranjero, el economista italiano Giovanni Andrea Cornia que visitó el país invitado por Flacso y PNUD. Estas dos instituciones dan el aval científico y la seriedad de juicios del invitado. El tema que aborda es el tan delicado y conflictivo en estos últimos años: la redistribución de la riqueza que abarque a todas las capas de la población. En la entrevista que le realiza Tomás Lukin dice respecto de América: «el especialista advierte sobre los obstáculos políticos y económicos que enfrentan los gobiernos de la región. Contra el recetario neoliberal, Cornia remarca que crecer no es suficiente para reducir la desigualdad. Para lograr ese objetivo son necesarias reformas en el mercado laboral, en la política social y en el frente fiscal, estima que el impacto de la crisis financiera internacional sobre la distribución del ingreso es limitado y confía que un posible cambio en la orientación política de los gobiernos de la región no logrará revertir las mejoras en materia distributiva de la segunda mitad de la década».
Describe casi un programa de gobierno, pero no deja de advertir que no es fácil redistribuir por las resistencias que ofrecen los poderosos, y ayudan poco sectores importantes de la población que, con poco claridad sobre el tema, se alinean políticamente con los obstruccionistas de estas políticas. Por ello sigue diciendo: «La evolución de la desigualdad dependerá de la habilidad de los gobiernos para sostener las políticas implementadas en los últimos años en materia laboral, impositiva y gasto social. Las mejoras en la distribución del ingreso se estancaron el año pasado y en 2009 empeorarán entre dos y tres puntos por el impacto de la crisis financiera internacional. También subirá la pobreza. Un escenario muy similar se observa en Argentina. Más allá de la crisis global y pese a los avances registrados, los países latinoamericanos enfrentan grandes obstáculos para profundizar las reformas».
Preguntado respecto de salidas posibles, dice: «La reconstrucción de un Estado de Bienestar que ofrezca cobertura universal sin caer en los altos costos del modelo europeo. En este punto, es muy importante la universalización de las asignaciones familiares. También, es necesario diversificar el origen de los ingresos fiscales necesarios para financiar el gasto social. Además, como se ha visto recientemente en Argentina y Bolivia, las políticas redistributivas de los gobiernos enfrentan una importante oposición política de parte de algunos grupos. Por otro lado, el impacto de la crisis financiera internacional crea en algunos países brechas entre las respuestas esperadas y lo que pueden hacer en un escenario recesivo, erosionando así el apoyo electoral». Esto nos permite comprender algo de los que nos ha pasado. Se presenta una especie de círculo cerrado: la negativa a aceptar una mejor distribución de la riqueza niega al Estado los recursos necesarios para implementarla; esta dificultad se ve acuciada por medios de comunicación que acosan con el tema de la pobreza (medios que comparten intereses con los grupos que impiden); esta situación desmejora la imagen de los gobiernos en el plano electoral, situación que es aprovechada por la oposición para desgastar.
Entonces, las dificultades no son sencillas de superar: «El problema con los gobiernos democráticos de centroizquierda está en el largo plazo. Se puede vivir de la soja 10, 15 años más, pero es un proceso que se agota. El desarrollo económico no es un proceso sencillo y demora tiempo, pero hay que tomar decisiones». Aparece aquí uno de los puntos centrales de la problemática política: la crisis internacional deterioró las políticas distributivas, circunstancia que no aparece en el discurso opositor cargando las tintas sobre los gobiernos. Ante las exigencias de soluciones en lo inmediato se escoden las conquistas distributivas ya logradas. «Los gobiernos de la nueva izquierda latinoamericana, y algunos de derecha, aprovechando las condiciones externas introdujeron una serie de reformas económicas inspiradas en un paradigma de “redistribución prudente con crecimiento”. No se trató de reformas radicales, sino que privilegiaron los objetivos macroeconómicos ortodoxos aunque con una clara diferenciación de las políticas impulsadas en los ’90 por el Consenso de Washington. Mejoró la distribución del ingreso porque los distintos gobiernos produjeron políticas con ese objetivo».
Las medidas de política de Estado que destaca son: «Se acumularon reservas, que sirvieron para enfrentar salida de capitales, y se redujo la carga de la deuda pública. Se preservó un tipo de cambio competitivo y estable y se llevaron a cabo ciertas reivindicaciones en el mercado de trabajo: se subió el salario mínimo, creció la protección social, mejoraron las jubilaciones, se fortaleció a los sindicatos y se incentivó la formalización, aunque los niveles de informalidad siguen siendo elevados. Se empezaron a reconstruir Estados de Bienestar». La región avanzó, pero no es suficiente. Parte de esto último sostiene la oposición y oculta lo primero.
La prudencia en el avance tal vez no conforme a los más necesitados con razón. Pero no debe perderse de vista quiénes son los que más exigen y que hay detrás de ellos.
Describe casi un programa de gobierno, pero no deja de advertir que no es fácil redistribuir por las resistencias que ofrecen los poderosos, y ayudan poco sectores importantes de la población que, con poco claridad sobre el tema, se alinean políticamente con los obstruccionistas de estas políticas. Por ello sigue diciendo: «La evolución de la desigualdad dependerá de la habilidad de los gobiernos para sostener las políticas implementadas en los últimos años en materia laboral, impositiva y gasto social. Las mejoras en la distribución del ingreso se estancaron el año pasado y en 2009 empeorarán entre dos y tres puntos por el impacto de la crisis financiera internacional. También subirá la pobreza. Un escenario muy similar se observa en Argentina. Más allá de la crisis global y pese a los avances registrados, los países latinoamericanos enfrentan grandes obstáculos para profundizar las reformas».
Preguntado respecto de salidas posibles, dice: «La reconstrucción de un Estado de Bienestar que ofrezca cobertura universal sin caer en los altos costos del modelo europeo. En este punto, es muy importante la universalización de las asignaciones familiares. También, es necesario diversificar el origen de los ingresos fiscales necesarios para financiar el gasto social. Además, como se ha visto recientemente en Argentina y Bolivia, las políticas redistributivas de los gobiernos enfrentan una importante oposición política de parte de algunos grupos. Por otro lado, el impacto de la crisis financiera internacional crea en algunos países brechas entre las respuestas esperadas y lo que pueden hacer en un escenario recesivo, erosionando así el apoyo electoral». Esto nos permite comprender algo de los que nos ha pasado. Se presenta una especie de círculo cerrado: la negativa a aceptar una mejor distribución de la riqueza niega al Estado los recursos necesarios para implementarla; esta dificultad se ve acuciada por medios de comunicación que acosan con el tema de la pobreza (medios que comparten intereses con los grupos que impiden); esta situación desmejora la imagen de los gobiernos en el plano electoral, situación que es aprovechada por la oposición para desgastar.
Entonces, las dificultades no son sencillas de superar: «El problema con los gobiernos democráticos de centroizquierda está en el largo plazo. Se puede vivir de la soja 10, 15 años más, pero es un proceso que se agota. El desarrollo económico no es un proceso sencillo y demora tiempo, pero hay que tomar decisiones». Aparece aquí uno de los puntos centrales de la problemática política: la crisis internacional deterioró las políticas distributivas, circunstancia que no aparece en el discurso opositor cargando las tintas sobre los gobiernos. Ante las exigencias de soluciones en lo inmediato se escoden las conquistas distributivas ya logradas. «Los gobiernos de la nueva izquierda latinoamericana, y algunos de derecha, aprovechando las condiciones externas introdujeron una serie de reformas económicas inspiradas en un paradigma de “redistribución prudente con crecimiento”. No se trató de reformas radicales, sino que privilegiaron los objetivos macroeconómicos ortodoxos aunque con una clara diferenciación de las políticas impulsadas en los ’90 por el Consenso de Washington. Mejoró la distribución del ingreso porque los distintos gobiernos produjeron políticas con ese objetivo».
Las medidas de política de Estado que destaca son: «Se acumularon reservas, que sirvieron para enfrentar salida de capitales, y se redujo la carga de la deuda pública. Se preservó un tipo de cambio competitivo y estable y se llevaron a cabo ciertas reivindicaciones en el mercado de trabajo: se subió el salario mínimo, creció la protección social, mejoraron las jubilaciones, se fortaleció a los sindicatos y se incentivó la formalización, aunque los niveles de informalidad siguen siendo elevados. Se empezaron a reconstruir Estados de Bienestar». La región avanzó, pero no es suficiente. Parte de esto último sostiene la oposición y oculta lo primero.
La prudencia en el avance tal vez no conforme a los más necesitados con razón. Pero no debe perderse de vista quiénes son los que más exigen y que hay detrás de ellos.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Miremos hacia adentro III
Viene a mi memoria una vieja consigna que aparecía pintada en muchas paredes de nuestro país: “Yankees go home” y se me ocurre que deberíamos salir a pintar hoy: “Yankees wellcome” para estar a tono con las conductas de una parte de nuestros dirigentes políticos y empresariales (aunque de estos últimos pareciera no poder esperarse otra cosa). Estas conductas son publicitadas y aplaudidas por los medios más importantes (los concentrados, claro). Parto de la premisa de que hoy una gran parte de aquello que se llama la opinión pública está confundida, tiene serios problemas para discernir y tomar posición ante situaciones de carácter político en las que está en juego nuestra dignidad nacional (si no se asusten, digo lo que digo aunque suene pasado de moda). También podría llevar como título esta nota: “De Braden a Valenzuela” para enmarcar una serie de personajes que hemos tenido de visita con un discurso bastante homogéneo.
Para apoyarme fundamentadamente en mis apreciaciones recurro a quien exhibe títulos suficientes como para que sus afirmaciones merezcan, por lo menos respeto académico. Me refiero al Dr. Mario Rapoport, economista, doctorado en Historia en la Universidad de París I-Sorbona. Actualmente dirige el Instituto de Estudios Históricos, Económicos, Sociales e Internacionales (IDEHESI) del Conicet-UBA; es investigador superior del Conicet y profesor titular de universidades argentinas y del exterior.
La visita de un funcionario de tercera línea, como el subsecretario de Estado adjunto para América Latina de los EE.UU., Lic. Arturo Valenzuela, politólogo y académico chileno norteamericano, que ha demostrado una gran capacidad para cambiar de opinión, obliga a salir al ruedo. Este señor podría entrar en la categoría de personas de las que se burlaba Groucho Marx cuando decía: “estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”. Y, como dije, decido dejar la palabra a quien tiene méritos para hablar sobre la situación. Nos informa el profesor de la UBA: «Retrocediendo raudamente en el pasado, como al visionar al revés alguna película del cine mudo, la visita del enviado del presidente Obama y encargado de asuntos latinoamericanos de Estados Unidos al sur del continente, Arturo Valenzuela, dejó una sensación de déjà vu en la política de Washington sobre nuestro país (desde Cordell Hull y Braden, de recordada actuación en épocas de “relaciones tumultuosas”, hasta Terence Todman, denominado el “virrey”, en los más apacibles tiempos de las “relaciones carnales”). Sus dichos y acciones levantaron una ola de suspicacias sobre la forma de entender los vínculos mutuos. Valenzuela no fue recibido por los presidentes en Argentina y Brasil, donde se reunió con funcionarios subalternos, pero en Buenos Aires (no en la nación vecina) tuvo también entrevistas con políticos opositores que respaldaron sus conceptos». Acá aparece el “wellcome” que le han concedido ciertos personajes de nuestro escenario público.
Este señor visitante, sin el manejo del lenguaje diplomático (se supone que eso es él) repite lo que ha oído en sus encuentros con “la oposición”. Se siente obligado a hablar, como diría mi abuela: “por boca de ganso”, y señalar con tono de preocupación que la Argentina muestra una elevada sensación de “inseguridad jurídica”. Uno se pregunta junto a nuestro profesor, sabiendo de donde viene y a quien responde el visitante: «¿Qué tipo de seguridad jurídica tuvieron los depositantes o inversores que han visto a cientos de bancos donde tenían colocados sus ahorros derrumbarse de la noche a la mañana? En el 2009 quebraron poco más de 130 bancos de los 8500 existentes y aunque el gobierno de Washington rescató varias entidades financieras, una gran cantidad, sobre todo medianas y pequeñas, se fueron a pique sin su ayuda. En cuanto a los depósitos, la FDIC (Federal Deposit Insurance Corporation) sólo cubre hasta un cierto límite los de aquellos bancos asegurados en ella, no la de todos los bancos ni toda clase de acreencias».
Es notable las diferentes varas con que mide este concepto nuestro visitante: «¿Qué seguridad jurídica existió para los miles de propietarios de inmuebles que se encontraron sin poder seguir pagando sus hipotecas y fueron desalojados de sus hogares? ¿Cuál fue la seguridad jurídica de los futuros jubilados cuyos fondos de pensión cayeron en el pozo interminable creado por las pérdidas de valor de los activos financieros a los que estaban ligados y se quedaron sin ingresos futuros después de años de aportes y de trabajo? ¿De qué seguridad jurídica se habla para los que perdieron sus empleos en numerosas empresas que achicaron masivamente su personal o cerraron directamente sus puertas? En fin, ¿cómo se aprecia la seguridad jurídica de grandes industrias que se encontraron financieramente arruinadas hasta llegar a ser nacionalizadas, como General Motors, en un país que pregona que ése es el principal peligro para sus compañías fuera de sus fronteras? Puede decirse que muchos de estos casos tienen que ver con la mecánica misma de la crisis, pero es imposible no mencionarlos por la retórica existente».
Debemos preguntarles a los que fueron a visitarlo ¿no saben nada de todo esto? ¿de dónde saca la autoridad moral para hablar (justo él) de este tema? Otro tanto deberíamos hacer con nuestros grandes y “serios” medios.
Para apoyarme fundamentadamente en mis apreciaciones recurro a quien exhibe títulos suficientes como para que sus afirmaciones merezcan, por lo menos respeto académico. Me refiero al Dr. Mario Rapoport, economista, doctorado en Historia en la Universidad de París I-Sorbona. Actualmente dirige el Instituto de Estudios Históricos, Económicos, Sociales e Internacionales (IDEHESI) del Conicet-UBA; es investigador superior del Conicet y profesor titular de universidades argentinas y del exterior.
La visita de un funcionario de tercera línea, como el subsecretario de Estado adjunto para América Latina de los EE.UU., Lic. Arturo Valenzuela, politólogo y académico chileno norteamericano, que ha demostrado una gran capacidad para cambiar de opinión, obliga a salir al ruedo. Este señor podría entrar en la categoría de personas de las que se burlaba Groucho Marx cuando decía: “estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”. Y, como dije, decido dejar la palabra a quien tiene méritos para hablar sobre la situación. Nos informa el profesor de la UBA: «Retrocediendo raudamente en el pasado, como al visionar al revés alguna película del cine mudo, la visita del enviado del presidente Obama y encargado de asuntos latinoamericanos de Estados Unidos al sur del continente, Arturo Valenzuela, dejó una sensación de déjà vu en la política de Washington sobre nuestro país (desde Cordell Hull y Braden, de recordada actuación en épocas de “relaciones tumultuosas”, hasta Terence Todman, denominado el “virrey”, en los más apacibles tiempos de las “relaciones carnales”). Sus dichos y acciones levantaron una ola de suspicacias sobre la forma de entender los vínculos mutuos. Valenzuela no fue recibido por los presidentes en Argentina y Brasil, donde se reunió con funcionarios subalternos, pero en Buenos Aires (no en la nación vecina) tuvo también entrevistas con políticos opositores que respaldaron sus conceptos». Acá aparece el “wellcome” que le han concedido ciertos personajes de nuestro escenario público.
Este señor visitante, sin el manejo del lenguaje diplomático (se supone que eso es él) repite lo que ha oído en sus encuentros con “la oposición”. Se siente obligado a hablar, como diría mi abuela: “por boca de ganso”, y señalar con tono de preocupación que la Argentina muestra una elevada sensación de “inseguridad jurídica”. Uno se pregunta junto a nuestro profesor, sabiendo de donde viene y a quien responde el visitante: «¿Qué tipo de seguridad jurídica tuvieron los depositantes o inversores que han visto a cientos de bancos donde tenían colocados sus ahorros derrumbarse de la noche a la mañana? En el 2009 quebraron poco más de 130 bancos de los 8500 existentes y aunque el gobierno de Washington rescató varias entidades financieras, una gran cantidad, sobre todo medianas y pequeñas, se fueron a pique sin su ayuda. En cuanto a los depósitos, la FDIC (Federal Deposit Insurance Corporation) sólo cubre hasta un cierto límite los de aquellos bancos asegurados en ella, no la de todos los bancos ni toda clase de acreencias».
Es notable las diferentes varas con que mide este concepto nuestro visitante: «¿Qué seguridad jurídica existió para los miles de propietarios de inmuebles que se encontraron sin poder seguir pagando sus hipotecas y fueron desalojados de sus hogares? ¿Cuál fue la seguridad jurídica de los futuros jubilados cuyos fondos de pensión cayeron en el pozo interminable creado por las pérdidas de valor de los activos financieros a los que estaban ligados y se quedaron sin ingresos futuros después de años de aportes y de trabajo? ¿De qué seguridad jurídica se habla para los que perdieron sus empleos en numerosas empresas que achicaron masivamente su personal o cerraron directamente sus puertas? En fin, ¿cómo se aprecia la seguridad jurídica de grandes industrias que se encontraron financieramente arruinadas hasta llegar a ser nacionalizadas, como General Motors, en un país que pregona que ése es el principal peligro para sus compañías fuera de sus fronteras? Puede decirse que muchos de estos casos tienen que ver con la mecánica misma de la crisis, pero es imposible no mencionarlos por la retórica existente».
Debemos preguntarles a los que fueron a visitarlo ¿no saben nada de todo esto? ¿de dónde saca la autoridad moral para hablar (justo él) de este tema? Otro tanto deberíamos hacer con nuestros grandes y “serios” medios.
sábado, 26 de diciembre de 2009
No se puede servir a dos señores…
Se puede leer en el Evangelio de San Mateo: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero». Estas palabras de Jesús que el evangelista cita vienen a cuento por lo que voy a plantear. Leyendo una nota que publicó el profesor Titular y ex Vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Norberto Alayón, vinieron a mi memoria estas palabras. Además de la sorpresa (no sé si sorpresa) de la posición pública que adopta una institución señera, prestigiosa y respetada como es Caritas, un organismo de la Pastoral Caritativa de la Iglesia Católica, dependiente del Equipo Pastoral Social del Episcopado Argentino. No se puede desconocer ni poner en dudas su larga actividad en socorro de las capas más desprotegidas de la población. Sin embargo, cuando se coloca junto a un sector de la sociedad argentina de una muy triste, cuando no escandalosa, historia uno siente un choque de valores que desconcierta, cuanto menos.
Días atrás, el domingo 6, aparece una solicitada en el “gran diario argentino” del Grupo Clarín cuya posición política aparece como «exasperadamente crítico del gobierno nacional» como sostiene el profesor, quien agrega: «La solicitada convocó a un acto en el Rosedal de Palermo, organizado por la Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas, Federación Agraria Argentina y Coninagro. Se trata de un poderoso bloque político-económico, que representa prioritariamente los intereses de los sectores de mayor concentración de riqueza, que se resisten con reciedumbre a reducir las ganancias extraordinarias que en estos tiempos les proporciona el cultivo de soja, mostrándose reiteradamente insensibles a la necesidad del mejoramiento de la sociedad toda. Exhibiendo uñas y dientes, aunque empleando en esta ocasión un lenguaje cuasi celestial, organizan un claro acto opositor (lo cual es legítimo), con argumentaciones hilarantes, si no fuera por la pérfida hipocresía con la que intentan confundir y violentar la más elemental memoria de sus comportamientos históricos en perjuicio de toda la sociedad». Debo decir que la información en la que se apoya es indiscutible, lo que me lleva a preguntar ¿qué ha llevado a que el prestigio de Caritas se juegue tan desaprensivamente?
En la solicitada se dice que «debemos recuperar como país nuestra capacidad de generar riqueza y de distribuirla con justicia y equidad, interrumpiendo la lógica del capitalismo de amigos, que sólo conduce a una mayor desigualdad». No se puede estar en desacuerdo con esta propuesta, pero ¿cómo compatibilizarla por ejemplo, con los tradicionales intereses oligárquicos, de ayer y de hoy, de la dirigencia de la Sociedad Rural? Por el contrario, si hay expertos en el tema del «capitalismo de amigos» no se puede ignorar la actitud de esta institución durante la dictadura militar. ¿Qué decir entonces de personajes que han mantenido sus obscenos privilegios tanto en democracia como en dictadura, muy cercanos a esa institución? Dice el profesor: «Quienes también deben saber algo de este tema del capitalismo de amigos, deben ser Francisco de Narváez, el Grupo Macri, algunos grupos mediáticos. Durante el gobierno de Carlos Menem, la Rural mantenía muy buenos vínculos con el ex presidente riojano, pero está claro que en esa época no se quejaban. En fin, la amistad es un valor excelso» pero se prostituye cuando está al servicio de los negocios.
No puede dejar de sorprender, hasta se diría con cierto cinismo, que el día 10 en que realizaron el acto, como subrayan en la solicitada, «se cumplen 26 años del retorno de la democracia», pero se lo menciona respecto de un acto en el que se revaloriza a la persona de José Alfredo Martínez de Hoz, «genuino exponente -al igual que su padre- de la Sociedad Rural, representó objetivamente a esta entidad en la dictadura de Videla, Massera y Agosti, desempeñándose como poderoso ministro de Economía, mientras se desplegaba el más oprobioso genocidio que debió soportar la Nación».
Entonces, ¿a cuál de los dos señores se sirve? Porque está escrito: «No podéis servir a Dios y al Dinero». Agrega el profesor, citando al poeta español Juan de Iriarte y Cisneros (1702-1771): «En cualquier caso, siempre es bueno reparar en aquellos versos de la tradición española que decían: “El señor don Juan de Robres, con caridad sin igual, hizo hacer este hospital y primero hizo los pobres”. Y también tener presente que los filántropos necesitan más a los pobres, que los pobres a los filántropos».
Días atrás, el domingo 6, aparece una solicitada en el “gran diario argentino” del Grupo Clarín cuya posición política aparece como «exasperadamente crítico del gobierno nacional» como sostiene el profesor, quien agrega: «La solicitada convocó a un acto en el Rosedal de Palermo, organizado por la Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas, Federación Agraria Argentina y Coninagro. Se trata de un poderoso bloque político-económico, que representa prioritariamente los intereses de los sectores de mayor concentración de riqueza, que se resisten con reciedumbre a reducir las ganancias extraordinarias que en estos tiempos les proporciona el cultivo de soja, mostrándose reiteradamente insensibles a la necesidad del mejoramiento de la sociedad toda. Exhibiendo uñas y dientes, aunque empleando en esta ocasión un lenguaje cuasi celestial, organizan un claro acto opositor (lo cual es legítimo), con argumentaciones hilarantes, si no fuera por la pérfida hipocresía con la que intentan confundir y violentar la más elemental memoria de sus comportamientos históricos en perjuicio de toda la sociedad». Debo decir que la información en la que se apoya es indiscutible, lo que me lleva a preguntar ¿qué ha llevado a que el prestigio de Caritas se juegue tan desaprensivamente?
En la solicitada se dice que «debemos recuperar como país nuestra capacidad de generar riqueza y de distribuirla con justicia y equidad, interrumpiendo la lógica del capitalismo de amigos, que sólo conduce a una mayor desigualdad». No se puede estar en desacuerdo con esta propuesta, pero ¿cómo compatibilizarla por ejemplo, con los tradicionales intereses oligárquicos, de ayer y de hoy, de la dirigencia de la Sociedad Rural? Por el contrario, si hay expertos en el tema del «capitalismo de amigos» no se puede ignorar la actitud de esta institución durante la dictadura militar. ¿Qué decir entonces de personajes que han mantenido sus obscenos privilegios tanto en democracia como en dictadura, muy cercanos a esa institución? Dice el profesor: «Quienes también deben saber algo de este tema del capitalismo de amigos, deben ser Francisco de Narváez, el Grupo Macri, algunos grupos mediáticos. Durante el gobierno de Carlos Menem, la Rural mantenía muy buenos vínculos con el ex presidente riojano, pero está claro que en esa época no se quejaban. En fin, la amistad es un valor excelso» pero se prostituye cuando está al servicio de los negocios.
No puede dejar de sorprender, hasta se diría con cierto cinismo, que el día 10 en que realizaron el acto, como subrayan en la solicitada, «se cumplen 26 años del retorno de la democracia», pero se lo menciona respecto de un acto en el que se revaloriza a la persona de José Alfredo Martínez de Hoz, «genuino exponente -al igual que su padre- de la Sociedad Rural, representó objetivamente a esta entidad en la dictadura de Videla, Massera y Agosti, desempeñándose como poderoso ministro de Economía, mientras se desplegaba el más oprobioso genocidio que debió soportar la Nación».
Entonces, ¿a cuál de los dos señores se sirve? Porque está escrito: «No podéis servir a Dios y al Dinero». Agrega el profesor, citando al poeta español Juan de Iriarte y Cisneros (1702-1771): «En cualquier caso, siempre es bueno reparar en aquellos versos de la tradición española que decían: “El señor don Juan de Robres, con caridad sin igual, hizo hacer este hospital y primero hizo los pobres”. Y también tener presente que los filántropos necesitan más a los pobres, que los pobres a los filántropos».
Suscribirse a:
Entradas (Atom)