miércoles, 14 de agosto de 2013

La Doctrina Social de la Iglesia y el pensamiento político moderno III



El relato de los primeros libros tiene como fondo histórico hechos acontecidos en el siglo XIII a. C. cuando llegan las Tribus a la Palestina huyendo de la esclavitud en Egipto, más otras del Oriente Medio. Una síntesis de Wikipedia lo relata así:
El asentamiento de los cananeos (pueblo que junto a los filisteos están en el origen del pueblo palestino) en la tierra que se conoció como Canaán, y que luego se llamaría Palestina, tuvo lugar entre el 3000 y el 2500 a.C. Los jebuseos, una de las tribus cananeas, levantaron allí un poblado al que llamaron Urusalim, (Jerusalén), «ciudad de la paz». Hacia el año 2000 a.C. pasó por Palestina otro pueblo semita nómade, los hebreos, conducido por Abraham. Siete siglos más tarde, volvieron, procedentes de Egipto, doce tribus hebreas al mando de Moisés. Se trabaron violentos combates por la posesión de la tierra.
Una vez instalados en las nuevas tierras se establecieron normas que fueron escritas en los primeros textos respecto de la parcelación y distribución de la tierra, según la síntesis que se puede leer en www.san-pablo.com.ar:
Respecto al desierto, de donde vienen, la tierra prometida significa el descanso. Comparada con Egipto, donde los israelitas no tenían nada, Palestina es tierra de propiedad y de vida. La tierra prometida es entregada como totalidad al pueblo entero. La propiedad colectiva es el dato primario. El pueblo entero tiene derecho a poseer  la tierra entera y a vivir de ella. Para realizar este derecho, la tierra se reparte según las divisiones del pueblo: tribus, clanes y familias. Por eso cada propiedad es llamada "lote” porque es participación de un total. Por eso también se ha de evitar en el reparto todo favoritismo y privilegio. Es el Señor el que determina la distribución por medio de "las suertes”. Cada propiedad se denomina también "heredad". Es el terreno en el que se arraiga la familia y por ello no debe ser vendido. Se transmite de generación en generaci6n, de modo que la heredad es herencia. La norma bíblica de posesión de la tierra no es el egoísmo de cada uno. Ni la capacidad económica. Sino la necesidad de cada familia; a más bocas que alimentar, más tierras debe tener. (subrayado RVL)
Se pude apreciar que en esos primeros tiempos la tradición comunitaria prevalece como criterio de la adjudicación y uso de la parcela de tierra que le haya correspondido. La afirmación que aparece en el libro del Éxodo era el marco conceptual desde el cual se pensaba la relación de las personas, individual y colectivamente, con los bienes naturales:
Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo… Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla.
En este antecedente queda claro que entregó todo a los hombres, genéricamente, sin exclusión[1]. Se puede sintetizar en la expresión: «La tierra es promesa de Dios». La lectura de los textos bíblicos no debe  interpretarse como historias reales. Son textos que guardan valores de la tradición del pueblo que contiene referencias históricas en las que apoyan su relato y las normas de convivencia.
De allí se entiende mejor la afirmación del profeta Ezequiel que da muestra en su palabra del compromiso fraterno que debía reinar: «Esta tierra prometida con juramento por mí a sus padres, todos la poseerán igualmente, cada uno lo mismo que su hermano». Cada propiedad se denomina también "heredad". Es el terreno en el que se arraiga la familia y por ello no debe ser vendido. Es por ello herencia, es posesión pero elimina la posibilidad de la propiedad absoluta que permite hacer con ella todo tipo de negocio. Este modo de la propiedad aparecerá muchos siglos más tarde. En la página web citada se agrega:
Durante aproximadamente 250 años (1250-1030 a.C.), estas características del sistema tribal israelita fueron vividas con altos y bajos por el pueblo. No llegaron a realizar plenamente el ideal de este tipo de sociedad. Con todo, llegaron a realizar buena parte del programa. La implantación de la monarquía en Israel perjudicó el sistema igualitario por el que luchara el pueblo. Será papel de los profetas despertar la memoria de los ideales de esta sociedad. (subrayado RVL)


[1] Según la edición de Editorial Paulinas del Libro del Pueblo de Dios, en nota al pie de página dice: «La palabra hebrea “adam” tiene un significado genérico y designa a toda la especie humana».

domingo, 11 de agosto de 2013

La Doctrina Social de la Iglesia y el pensamiento político moderno II



Se torna imprescindible, entonces, recuperar los conceptos que quedaron escritos en los documentos de la Iglesias y en la voz de muchos de sus representantes a lo largo de siglos. Un tema central, para comenzar a pensar la cuestión social y política, es el concepto y función de la propiedad privada. La claridad que se puede encontrar, a lo largo de la historia, en el tratamiento de esa problemática, origen de tantas injusticias, mantuvo una coherencia doctrinaria que  merece ser recuperada. Tal vez, esto pueda convertirse en un descubrimiento y sorprender a muchos. Es por ello que todo ese caudal doctrinario debe contraponerse a los comportamientos políticos de las jerarquías, muchas veces alejadas de lo que se sostenía en las expresiones de los documentos. El teólogo católico José Sols Lucia[1], profesor de la Universidad Ramón Llull de Barcelona, lo plantea con claridad:
Pocos conceptos del discurso social cristiano han recibido un grado tan alto de manipulación colectiva como el de "propiedad". La práctica eclesial ha acabado siendo a menudo el polo opuesto a lo formulado en sus escritos oficiales de Doctrina Social, no digamos ya a lo formulado en el Antiguo y el Nuevo Testamento. Al mismo tiempo, la inmensa mayoría de los católicos no tiene ni remota idea de lo que la Iglesia ha estado afirmando acerca de la propiedad durante veinte siglos. ¿Por qué tanta ignorancia precisamente en este punto? ¿Por qué tanto silencio? ¿Por qué tanta incoherencia?… De entrada, resulta significativo que, al decir "propiedad", nos salga espontáneamente decir, como si de una sola palabra se tratase, "propiedad privada". Parece que la propiedad sólo pueda ser privada, que nos cuesta imaginar otros tipos de propiedad. Pues resulta que hay muchos tipos de propiedad, y la privada sólo es uno de ellos. Que unamos "propiedad" a "privada" forma parte de la manipulación semántica en que vivimos.
Vamos a seguir, en estos primeros pasos, a este teólogo para mostrar los contenidos doctrinarios que tantas veces confrontan con “la práctica eclesial” y que dan lugar a las preguntas que él formula. Lo que puede parecer sorprendente es que si nos ciñéramos a una exposición de las afirmaciones doctrinarias de la Iglesia respecto del concepto de propiedad esto podría resumirse en pocas líneas. Sería suficiente citar algunos documentos para demostrarlo. Es que el problema no radica en las declaraciones doctrinarias sino, como afirma el profesor, «en su disolución en la realidad histórica». Por ello, como aporte al conocimiento para un tipo de lector que no ha tenido acceso a esta literatura, voy a citar textos que abarcan más de treinta siglos de historia: desde lo escrito en el Antiguo Testamento (siglo X a. C.), pasando por los Evangelios (siglos I y II d. C.), las expresiones de los llamados los Primeros Padres de los siglos II al IV de nuestra era, hasta los últimos documentos del magisterio eclesial. Trataré de convertir esto en un texto llevadero, para no perder la riqueza que no debe quedar sepultada[2].
Debo volver a afirmar, para evitar erróneas interpretaciones, que el propósito de estas páginas es aportar, desde una perspectiva de la filosofía política, un análisis de los diversos textos de la historia de la Iglesia y de sus antecedentes hebreos. Recurrir a esos textos no pretende más que sacar a la luz contenidos fundamentales del pensamiento social que pueden aportar conceptos y criterios novedosos, a pesar de su antigüedad, para analizar y revisar los problemas sociales, políticos, económicos, culturales, etc., de nuestra realidad de hoy que fueron pensados en otros tiempos y que guardan una sabiduría vigente que no debería ser desaprovechada.
Al comenzar por el Antiguo Testamento debemos tener en cuenta que sus partes han sido escritas en un periodo que va desde el siglo X hasta el VI a. C., recogiendo una larga tradición oral de más de diez siglos. Es una serie de documentos históricos, dentro de los cuales se puede encontrar una narración de la historia del pueblo hebreo, sin perder de vista que se expresan en las formas literarias de una época muy distantes de nuestra exigencia de verificación documental. Hay en ellos diversos géneros literarios que deben ser leídos como tales, para no exigirles un lenguaje inexistente entonces. Sin embargo, el esfuerzo de comprensión para recuperar lo trasmitido, nos posibilitará un acceso a la vieja sabiduría si nos despojamos de los prejuicios científicos de nuestra época.


[1] Maestría en Historia por la Universidad de Barcelona, Maestría en Filosofía en la Facultad Eclesiástica de Filosofía de Cataluña, octorado en Filosofía y Teología por el Centre Sèvres, Paris.
[2] Algunos de los textos citados están tratados con mayor amplitud en mi libro El problema del trabajo, la propiedad privada y el capital, EDIUNS, 2007.

miércoles, 7 de agosto de 2013

La Doctrina Social de la Iglesia y el pensamiento político moderno I





La expectativa a que ha dado lugar la elección de un papa argentino, Jorge Bergoglio (1936) que adoptó el nombre Francisco, más las repercusiones que ese nombre generó al remitirse a la importante figura del pobre de Asís[1] (1182-1226), puede ser una oportunidad propicia para recuperar y poner en debate algunos contenidos de la Doctrina Social de la Iglesia como propuesta de carácter político ante las dificultades del mundo actual. Si la elección del nombre de aquel revolucionario de la historia de la Iglesia se hace presente simbólicamente en las primeras actitudes del nuevo papa, puede ser interpretado como un intento, que esperemos no se vea frustrado, de postular la humildad y la pobreza como el inicio de una recuperación de un modo de vida y pensamiento para repensar los aportes que esa importante institución puede hacer hoy. Para ello es necesario: «Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan “psicología de príncipes”», dijo en Brasil.
Otro factor, de no menor importancia, que me inclina a abordar este tema es la percepción de la lenta caída de la conciencia occidental en un escepticismo dominante. Diagnosticar este padecimiento colectivo como la consecuencia de la simbólica caída del Muro de Berlín se debe a que dejó sin alternativa aparente lo que se enseñoreaba como un capitalismo triunfante, que puso de manifiesto en las últimas décadas sus peores y agazapadas intenciones. La polarización entre el modelo de capitalismo estadounidense y un   supuesto socialismo real, la experiencia soviética, produjo, ante el derrumbe de ésta, un horizonte ideológico desesperanzador. Intentaré mostrar que aquella polarización, llamada la guerra fría, ocultaba otros caminos alternativos posibles y que la vieja sabiduría judeo-cristiana atesoraba propuestas posibles todavía.
Quiero dejar aclarado dos cosas: 1.- el título de estas notas puede despertar una actitud de rechazo, frente a esta posibilidad ruego que se permita el lector avanzar un poco en su lectura para después decidir; 2.- el tratamiento que haré de este tema no contiene ningún sesgo religioso. Los textos que citaré serán trabajados, dentro de esta investigación, sólo por su carácter histórico y por los contenidos ideológicos y políticos que contengan. Los análisis y conclusiones propuestos serán elaborados a partir de la mirada de una filosofía política. La intención es rastrear los contenidos sociopolíticos, que a lo largo de unos tres mil años fue atesorando la sabiduría bíblica histórica, los cuales abren una línea de pensamiento humanista dentro de la política.

Un poco de historia sobre estas dificultades
Debe destacarse la discordancia que se han producido entre los documentos sociales de la Iglesia católica y las conductas, declaraciones, posiciones políticas de las jerarquías, a lo largo de siglos. Esto ha provocado mucha confusión. Resultado de ello ha sido un distanciamiento, un divorcio o una actitud opositora de parte de  importantes sectores de la sociedad, en las diversas naciones de Occidente. Desde el siglo XVI en adelante, con la ruptura protestante, la modernidad europea comenzó a manifestar una dura crítica que se fue propagando por el resto del mundo. Para la experiencia indoamericana los comportamientos de algunos sectores de esa iglesia asociados a la conquista y colonización dejaron marcas profundas en la conciencia popular. Si bien algunos notables representantes, como fray Bartolomé de las Casas[2] (1474-1566), fray Antonio de Montesinos[3] (1475-1540), fray Pedro de Córdoba[4] (1482-1521), mostraron una conducta diferente, de protección a los indígenas y de denuncia de la explotación, sólo representan un aspecto minoritario dentro del cuadro social.
Como regla general fue creciendo, en algunos sectores de las sociedades occidentales, una actitud que variaba entre el distanciamiento y el rechazo. La historia de las iglesias y de muchos de sus representantes, se cruza con la historia del pensamiento cristiano y ello produce, para mucha gente, un gran desconcierto. Por ello el anticlericalismo, el ateísmo, el anticristianismo, el escepticismo religioso, el agnosticismo, son formas que adquiere la conciencia colectiva a partir de la modernidad europea. No es ajeno a esto el enfrentamiento de las burguesías europeas con las posiciones políticas de las jerarquías eclesiásticas ligadas a las monarquías durante los siglos XVII al XIX. La prédica de los intelectuales del iluminismo francés y de los liberales ingleses se expresó como la voz  de ese descontento. No debe dejar de decirse que mucho de todo ello tenía fundadas razones al achacar a esos dignatarios de las iglesias connivencias con los peores intereses de las aristocracias y las noblezas reinantes.
Es un sacerdote español, profesor de teología del Instituto Superior de Teología de Madrid, Luis González-Carvajal[5], quien escribe lo siguiente:
A partir del momento en que comenzó el proceso de secularización de la sociedad (entre los siglos XVI y XVII), la Iglesia - incapaz de descubrir los valores evangélicos que subyacían al mismo- se negó a despedirse de la cultura que fenecía, comenzando así una etapa de creciente aislamiento, podríamos decir que desde el siglo XVI la Iglesia ha vivido permanentemente a la defensiva... Alguien ha dicho cáusticamente que la Iglesia lleva siempre “una revolución de retraso”: cuando tuvo lugar la Revolución Francesa la Iglesia se aferró al Antiguo Régimen, logrando que la burguesía se volviera ferozmente anticlerical; cuando comenzó a fraguarse la revolución proletaria la Iglesia empezaba a sentirse a gusto en medio de la burguesía y se alió con ella frente a los trabajadores.




[1] Fundador de la orden franciscana, hijo de un rico mercader, Francisco era un joven mundano de cierto renombre en su ciudad. Disconforme con la vida que llevaba decidió entregarse al apostolado y servir a los pobres. En 1206 renunció públicamente a los bienes de su padre y vivió a partir de entonces como un ermitaño.
[2] Sacerdote español, llegó a la isla de Santo Domingo en 1502, influido por la prédica indigenista del fraile Antonio de Montesinos, renunció a sus encomiendas, para convertirse en un acérrimo defensor de los nativos que estaban siendo exterminados cruelmente por los conquistadores.
[3] Junto a la primera comunidad de dominicos de América fray Pedro de Córdoba, se distinguió en la denuncia y la lucha contra el abuso, explotación y el trato inhumano al que se sometía a los indígenas por parte de los colonizadores españoles
[4] Misionero y fraile dominico español, fue uno de los primeros evangelizadores de América y protector de los indios.
[5] Es Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha sido profesor de Teología Moral en el Centro de Estudios Teológicos «San Dámaso», en el Instituto Superior de Pastoral y en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas.