viernes, 8 de febrero de 2008

De consumidores a ciudadanos

Es innegable que las ideas individuales y su realización, también individual, facilita la tarea, a los pocos que lo logran. Pero no es menos cierto que esa actitud acota las posibilidades de las realizaciones colectivas. El ciudadano convertido en consumidor, que vota “a solas” y consume del mismo modo, se encuentra en el terreno de lo político y en el terreno del mercado frente a organizaciones. Allí se da también un enfrentamiento de voluntades: la de los individuos atomizados frente a las organizaciones con estrategias de poder. Por ello, la actitud individualista termina siempre derrotada, aunque las técnicas publicitarias intenten convencerlo de que ha logrado satisfacer el máximo de sus deseos. Deseos que se agotan de inmediato y que son reemplazados por otros nuevos que correrán la misma suerte.
Volvamos a los valores. Es imperioso un ordenamiento de los valores fundamentales, que coloquen a la comunidad por encima del individuo, que privilegie la persona por sobre el individuo consumidor y que, en virtud de todo ello, sienta la prioridad de la recuperación de la Nación. La necesidad de su realización plena es condición para la realización de todos sus ciudadanos que puedan, así, recuperar su calidad de tales. Sin todo ello como principio motivador del pensamiento, del compromiso y de la práctica social deberemos aceptar que la nueva religión del Dios Dinero nos ha derrotado. En el escenario que se prefigura bajo este diagnóstico hemos desaparecido como personas, a pesar de que se enarbole la defensa de los Derechos Humanos como ideología, según el discurso de ciertos progresistas. No son las grandes declaraciones publicitadas las que lograrán cambiar el rumbo de este mundo, es el compromiso básico con los valores que fundamentan la posibilidad de ser una Nación.
La Nación es posible cuando sus integrantes asumen públicamente su voluntad de reconstruirla, su vocación de independencia y su decisión de ser hombres libres. Puede que estas palabras suenen como venidas del túnel del tiempo, que muchos desprevenidos crean que es un discurso pasado de moda y que algunos, nada inocentes, exhiban una sonrisa socarrona de hombres “realistas”. Cuento con todo ello, pero también con los “hombres de buena voluntad” que no han tirado sus ideales al cesto de los recuerdos, que se mueven tras convicciones de que no todo está perdido. Por ello, que construir un mundo más humano no sólo es posible sino imprescindible, porque el clamor de los desplazados por el mundo del dinero, los excluidos, los que tienen hambre de pan y justicia, así nos lo imponen. Por ellos, que son los más, las dos terceras partes del mundo de hoy, no tenemos ningún derecho a ser escépticos, porque ese escepticismo es comodidad y complicidad.
Quiero recordar aquí a un luchador, víctima de la intolerancia, el jesuita Ignacio Ellacuría, que decía que siempre las posibilidades de un futuro mejor están abiertas, pero que estas posibilidades «no son cada una de ellas de por sí necesarias, no pueden realizarse sino por un acto de opción». Las posibilidades están pero requieren de la decisión de los hombres libres para realizarlas. Es esa voluntad la que señalo que hoy no está como presencia política, pero ello no indica que no sea posible. «Cuando ejecuto aquello porque he optado, sean cuales fueren las potencias que intervengan en esa ejecución, lo ejecutado ya no es un puro hecho, sino que es un suceso». Suceso es la acción de los hombres libres que deciden escribir su propia historia. La Nación está esperando.

2 comentarios:

Silvio Vitarella dijo...

" Para que los hombres sin honor no ocupen el lugar de los justos, los justos deben ocuparlo "
Gran parte de esta pseudo-individualización es producto de un sistema que genera falta de autoconocimiento (Nosce te ipsum), falta de trascendentalismo y de consciencia que somos "parte" de una totalidad. No somo seres aislados, somo "ciudadanos". El problema es que no estamos actuando como tales. Pareciera que estamos actuando holísticamente y que volvemos al hombre de las cavernas, estamos en un proceso que empezó con hordas salvajes, tribus, aldeas, ciudades, metrópolis y ahora vamos camino a la división atómica de todos estos, el individuo como su propio Estado.
Pero como creo que somos más los que queremos hacer las cosas bien y engrandecer a la Nación, concuerdo con sus palabras y reavivo la Fe después de leer su trabajo.
Gracias.
Silvio

Silvio Vitarella dijo...

" He aquí nuestra única ley: proscribir la mentira y la ignorancia; enseñar la verdad, la justicia y el amor a la humanidad"

Dr. José Roque Pérez


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