sábado, 26 de diciembre de 2009

No se puede servir a dos señores…

Se puede leer en el Evangelio de San Mateo: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero». Estas palabras de Jesús que el evangelista cita vienen a cuento por lo que voy a plantear. Leyendo una nota que publicó el profesor Titular y ex Vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Norberto Alayón, vinieron a mi memoria estas palabras. Además de la sorpresa (no sé si sorpresa) de la posición pública que adopta una institución señera, prestigiosa y respetada como es Caritas, un organismo de la Pastoral Caritativa de la Iglesia Católica, dependiente del Equipo Pastoral Social del Episcopado Argentino. No se puede desconocer ni poner en dudas su larga actividad en socorro de las capas más desprotegidas de la población. Sin embargo, cuando se coloca junto a un sector de la sociedad argentina de una muy triste, cuando no escandalosa, historia uno siente un choque de valores que desconcierta, cuanto menos.
Días atrás, el domingo 6, aparece una solicitada en el “gran diario argentino” del Grupo Clarín cuya posición política aparece como «exasperadamente crítico del gobierno nacional» como sostiene el profesor, quien agrega: «La solicitada convocó a un acto en el Rosedal de Palermo, organizado por la Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas, Federación Agraria Argentina y Coninagro. Se trata de un poderoso bloque político-económico, que representa prioritariamente los intereses de los sectores de mayor concentración de riqueza, que se resisten con reciedumbre a reducir las ganancias extraordinarias que en estos tiempos les proporciona el cultivo de soja, mostrándose reiteradamente insensibles a la necesidad del mejoramiento de la sociedad toda. Exhibiendo uñas y dientes, aunque empleando en esta ocasión un lenguaje cuasi celestial, organizan un claro acto opositor (lo cual es legítimo), con argumentaciones hilarantes, si no fuera por la pérfida hipocresía con la que intentan confundir y violentar la más elemental memoria de sus comportamientos históricos en perjuicio de toda la sociedad». Debo decir que la información en la que se apoya es indiscutible, lo que me lleva a preguntar ¿qué ha llevado a que el prestigio de Caritas se juegue tan desaprensivamente?
En la solicitada se dice que «debemos recuperar como país nuestra capacidad de generar riqueza y de distribuirla con justicia y equidad, interrumpiendo la lógica del capitalismo de amigos, que sólo conduce a una mayor desigualdad». No se puede estar en desacuerdo con esta propuesta, pero ¿cómo compatibilizarla por ejemplo, con los tradicionales intereses oligárquicos, de ayer y de hoy, de la dirigencia de la Sociedad Rural? Por el contrario, si hay expertos en el tema del «capitalismo de amigos» no se puede ignorar la actitud de esta institución durante la dictadura militar. ¿Qué decir entonces de personajes que han mantenido sus obscenos privilegios tanto en democracia como en dictadura, muy cercanos a esa institución? Dice el profesor: «Quienes también deben saber algo de este tema del capitalismo de amigos, deben ser Francisco de Narváez, el Grupo Macri, algunos grupos mediáticos. Durante el gobierno de Carlos Menem, la Rural mantenía muy buenos vínculos con el ex presidente riojano, pero está claro que en esa época no se quejaban. En fin, la amistad es un valor excelso» pero se prostituye cuando está al servicio de los negocios.
No puede dejar de sorprender, hasta se diría con cierto cinismo, que el día 10 en que realizaron el acto, como subrayan en la solicitada, «se cumplen 26 años del retorno de la democracia», pero se lo menciona respecto de un acto en el que se revaloriza a la persona de José Alfredo Martínez de Hoz, «genuino exponente -al igual que su padre- de la Sociedad Rural, representó objetivamente a esta entidad en la dictadura de Videla, Massera y Agosti, desempeñándose como poderoso ministro de Economía, mientras se desplegaba el más oprobioso genocidio que debió soportar la Nación».
Entonces, ¿a cuál de los dos señores se sirve? Porque está escrito: «No podéis servir a Dios y al Dinero». Agrega el profesor, citando al poeta español Juan de Iriarte y Cisneros (1702-1771): «En cualquier caso, siempre es bueno reparar en aquellos versos de la tradición española que decían: “El señor don Juan de Robres, con caridad sin igual, hizo hacer este hospital y primero hizo los pobres”. Y también tener presente que los filántropos necesitan más a los pobres, que los pobres a los filántropos».