domingo, 11 de enero de 2015

La guerra de los laboratorios en el mundo global X



 Las cosas que han ido apareciendo en las notas anteriores nos coloca frente a un nuevo problema, otro más: el que generan las prácticas comerciales de las multinacionales. Son problemas que por momentos nos sorprenden porque nos cuesta aceptar que no existan impedimentos de ninguna especie en el ámbito empresarial de los grandes negocios. Muchas veces nos damos cuenta que nuestra ingenuidad, aun apelando a la imaginación, denuncia nuestra debilidad frente a la perversa creatividad de este tipo de empresas. Una película inglesa de hace un tiempo atrás, El jardinero fiel (2005), denuncia en su trama las prácticas que venimos leyendo basada en hechos reales que se produjeron en Kenia.
Asalta nuestra mente una vieja afirmación: «la realidad supera a la ficción» que encaja a la perfección en este caso. Parte de lo que denuncia el Dr. Ávila Vázquez aparece como una demostración de lo que la trama de la película cuenta. Actualizado hoy con la aparición pública del virus del Ébola que nos remite a la idea de que en África se puede hacer cualquier cosa, puesto que quienes saquean ese continente se preocupan muy poco por los efectos que traen apareados sus andanzas. Razón demás para hacernos cargo de la denuncia de este médico:
Los costos de las investigaciones son crecientes, los innumerables abusos cometidos contra los pacientes han ido generando mecanismos de protección del público en los países centrales y, como consecuencia de ello, se incrementa el desplazamiento de los ensayos hacia países de desarrollo bajo o intermedio, donde se puedan encontrar médicos bien formados que puedan cumplir con eficiencia los pasos instrumentales de los protocolos, sobre todo cuando llegan a percibir como pago hasta U$S 12.000 por cada paciente sometido a ensayos.
Una vez más el dinero sometiendo a la ética. Aguzando el oído se pude oír la voz de Discepolín advirtiéndonos: «No hay ninguna verdad que se resista frente a dos pesos moneda nacional», cuánto menos ante doce mil dólares. Todo ello nos va preparando para aceptar lo siguiente:
La Red Latinoamericana de Ética y Medicamentos[1] (2007) confirma que el número de ensayos clínicos está aumentando exponencialmente en nuestra región y que el incremento se debe entre otras causas a la facilidad de reclutar pacientes sobre todo entre los grupos más vulnerables, es decir entre los pobres. Los ensayos consisten, básicamente, en probar en un grupo de pacientes una nueva droga y compararla contra una ya conocida y de probados efectos o a veces contra placebo (nada); se busca mejorar los efectos terapéuticos y disminuir los tóxicos; la mayoría de los estudios tienen resultados negativos o no superiores a los preexistentes.
América Latina responde a las exigencias de los laboratorios: tenemos pobres, médicos muy bien formados y dispuestos a transgredir la ética profesional por dinero. Habiendo cubierto estas exigencias nos dice:
Actualmente entre nosotros se llevan adelante cientos de pruebas, sobre miles de pacientes, experimentando muy diversas drogas como antidepresivos, antiepilépticos, anticoagulantes, drogas neurológicas, inmunológicas, etc. (no hay para chagas ni dengue, porque no son redituables). Los efectos perjudiciales a corto y largo plazo son desconocidos y la prensa “científica” generalmente los esconde. Simultáneamente los costos de cuidado de esos pacientes siguen a cargo de la Salud Pública o de la obra social (si la tiene) del paciente reclutado para el ensayo.



[1] La Red Latinoamericana de Ética y Medicamentos (RELEM) se creó en Abril 2007 y se ha ido ampliando. Reúne a un grupo multidisciplinario de profesionales que trabajan por mejorar la disponibilidad y el uso de los medicamentos en América Latina desde la perspectiva de los derechos humanos y la ética. Entre los miembros de la red se encuentran profesionales de la salud (farmacéuticos, médicos, enfermeras), sociólogos, filósofos, especialistas en salud pública, abogados, promotores de desarrollo comunitario y miembros de la comunidad que participan en comités de bioética.