domingo, 14 de junio de 2009

¿De qué modelo se habla? VIII

En esta tarea de discernimiento de la que hablé antes es importante agregar unas palabras de otra personalidad académica de mucho prestigio, Boaventura de Sousa Santos - Doctor en Sociología del Derecho, profesor de la Universidad de Wisconsin (EE.UU.): «Desde hace años me intriga la facilidad con que se crean consensos en las sociedades de Europa y Norteamérica. Me refiero a consensos dominantes, adoptados por los principales partidos políticos y por la mayoría de los editorialistas y comentaristas de los grandes medios de comunicación social. Son tanto más intrigantes porque se producen sobre todo en sociedades donde supuestamente la democracia está más consolidada y donde, por eso, la competencia de ideas e ideologías se esperaría que fuera más libre e intensa. Por ejemplo, en los últimos treinta años se consolidó el consenso de que el Estado es el problema y el mercado la solución; que la actividad económica es tanto más eficiente cuanto más desregulada; que los mercados libres y globales son siempre preferibles al proteccionismo; que nacionalizar es anatema, mientras privatizar y liberalizar es la norma».
Más adelante, expresa su sorpresa: «De repente, el Estado volvió a ser la solución y el mercado el problema; la globalización fue puesta en cuestión; la nacionalización de importantes entidades económicas dejó de ser anatema y pasó a ser la salvación. Aún más intrigante es que sean las mismas personas e instituciones las que defienden hoy lo contrario de lo que defendieron ayer, y aparentemente lo hacen sin tener mínima conciencia de la contradicción». Cambiando muy pocas palabras otro tanto se podría decir entre nosotros. Aunque la resistencia a aceptar la importancia del Estado no sea una verdad que corra entre las cámaras patronales. Es que, como parece, la inteligencia de disimular es mayor en el norte que aquí. Se puede seguir sosteniendo un catecismo neoliberal sin mucho pudor. Por ello hablé antes de la necesidad de un claro discernimiento.
Veamos que está pasando en los EEUU. La crisis ha tenido consecuencias graves entre los trabajadores, por ello: «Premios Nobel como Arrow, Sollow y Stiglitz, y otros 37 científicos sociales norteamericanos de primer nivel, como Dean Baker, James Galbraith, Brad De Long, Robert Frank, Richard Freeman, Frank Levy, Lawrence Michel y Robert Pollin, en apoyo de los sindicatos, de los trabajadores y de una nueva legislación que democratice la vida laboral en los EEUU… Las instituciones que gobiernan el mercado de trabajo han fracasado, generando la insólita e insana situación actual, en la que la remuneración horaria de los trabajadores norteamericanos se ha estancado, a pesar del incremento de su productividad. En efecto: entre 2000 y 2007, el ingreso del hogar mediano en edad laboral cayó en 2.000 dólares, un desplome sin precedentes. En ese tiempo, prácticamente todo el crecimiento económico de la nación fue a parar a un reducido número de norteamericanos ricos».
Si no entiendo mal, en estos momentos se está discutiendo en el país del norte qué modelo de sociedad, qué modelo de Estado, qué modelo de instituciones deben intermediar para administrar la severa crisis para que no la sigan pagando los más débiles. Aparece acá claramente un debate sobre el modelo, que no es muy diferente del que se plantea en nuestro país. Lo que puede sorprender es que cuarenta de los más prestigiosos economistas de relevancia internacional salgan al cruce de los apetitos desmedidos de las patronales. Uno puede preguntarse ¿qué los llevó a publicar esta solicitada? Una posible respuesta la podemos encontrar en el resultado de las investigaciones que realizó la profesora Kate Bronfenbrenner, de la Escuela de Relaciones Industriales y Laborales de la Universidad de Cornell, autora de La intensificación de la resistencia empresarial a la organización de los trabajadores.
Ella ha descubierto que «dos tercios de las empresas observadas violaban el derecho laboral vigente en los EEUU con prácticas como el interrogatorio a aquellos trabajadores que intentaban sindicalizarse, con amenazas por apoyar a los sindicatos, despidos de organizadores sindicales o uso de otra media docena de tácticas ilegales para desbaratar las campañas de sindicalización». Dice que esas tácticas ilegales de la patronal se han empleado para rebajar la representación sindical en las empresas norteamericanas. Ahora podemos comprender la conducta de Walmart. Esto es también parte de un modelo.