domingo, 19 de diciembre de 2010

La mejor forma de robar un banco es ser dueño de uno V

Comienzo pidiendo perdón por el abuso de información histórica, pero creo que es muy importante tener un panorama claro y amplio de los escenarios políticos-económicos-financieros que han posibilitado en este último acto del que somos espectadores y víctimas. Mucho de lo que aconteció fue ocultado y contado sesgadamente, con el claro objetivo de que no se sepa la verdad. Nos queda por ver la etapa posterior al final de la Segunda Guerra.
El comandante en Jefe de la Victoria fue el general Dwight David Eisenhower (1890 -1969) quien por su gran prestigio personal accedió a la presidencia de Estados Unidos de América durante dos mandatos 1953-61. Su actividad se centró en el plano internacional en el enfrentamiento con la Unión Soviética, periodo que se denomina Guerra Fría: el enfrentamiento ideológico que tuvo lugar durante el siglo XX, desde 1945 (fin de la Segunda Guerra Mundial) hasta el fin de la URSS y la debacle del comunismo que se dio entre 1989 (Caída del Muro de Berlín) y 1991 (golpe de estado en la URSS). Su gobierno se concentró en el equipamiento militar para un supuesto posible ataque de ese enemigo soviético. Eisenhower decidió compensar la reducción del presupuesto militar con un sistema de defensa que descansaría cada vez más sobre las armas nucleares. Esto posibilitó el desarrollo de la gran industria armamentista, justificado por el peligro señalado. Al terminar su segundo mandato, en el acto en que le entregaba el mando al presidente electo John Fitzgerald Kennedy (1917-1963) pronunció un discurso en el que sostuvo lo siguiente:
«Hasta el último de nuestros conflictos mundiales, los Estados Unidos no tenían industria armamentística. Los fabricantes norteamericanos de arados podían, con tiempo y según necesidad, fabricar también espadas. Pero ahora ya no nos podemos arriesgar a una improvisación de emergencia de la defensa nacional; nos hemos visto obligados a crear una industria de armamentos permanente, de grandes proporciones. Añadido a esto, tres millones y medio de hombres y mujeres están directamente implicados en el sistema de defensa. Gastamos anualmente en seguridad militar más que los ingresos netos de todas las empresas de Estados Unidos.
»Esta conjunción de un inmenso sistema militar y una gran industria armamentística es algo nuevo para la experiencia norteamericana. Su influencia total (económica, política, incluso espiritual) es palpable en cada ciudad, cada parlamento estatal, cada departamento del gobierno federal. Reconocemos la necesidad imperativa de esta nueva evolución de las cosas. Pero debemos estar bien seguros de que comprendemos sus graves consecuencias. Nuestros esfuerzos, nuestros recursos y nuestros trabajos están implicados en ella; también la estructura misma de nuestra sociedad. En los consejos de gobierno, debemos estar alerta contra el desarrollo de influencias indebidas, sean buscadas o no, del complejo militar-industrial. Existe y existirán circunstancias que harán posible que surjan poderes en lugares indebidos, con efectos desastrosos. Nunca debemos permitir que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades ni nuestros procesos democráticos. No deberíamos dar nada por supuesto. Sólo una ciudadanía entendida y alerta puede obligar a que se produzca una correcta imbricación entre la inmensa maquinaria defensiva industrial y militar, y nuestros métodos y objetivos pacíficos, de modo que la seguridad y la libertad puedan prosperar juntas».
Ruego al lector que lea y relea las palabras, con mi subrayado agregado, que pronunció el presidente saliente, porque están allí las claves de la comprensión del periodo siguiente de la historia mundial. Dentro de él se han dado transformaciones que no pueden ser comprendidas acabadamente sin este fundamental concepto económico-político: el “complejo militar-industrial”. Este “inmenso sistema”, como él lo define, más conocido como el Pentágono, es el centro del poder de los EEUU y su capacidad de decisión abarca un área de la vida del mundo cuya “influencia total (económica, política, incluso espiritual) es palpable en cada ciudad, cada parlamento estatal, cada departamento del gobierno federal”. No dijo, y no podía decirlo, que esa influencia se extendía por el globo hasta los más remotos pueblos: la globalización. Pero lo sustancial, leídas desde nuestro presente, estas palabras advierten sobre las causas de lo que realmente ocurrió.
No me sorprendería que algún lector se sienta desbordado por estas afirmaciones, que todo esto le parezca una película de ciencia ficción. A pesar de ello deseo que no se desanime y que continúe con la lectura de estas páginas, esto es sólo el punto de partida que nos permitirá iluminar los acontecimientos de las últimas cinco décadas de la historia del mundo.

1 comentario:

manuel el coronel dijo...

Si de peli de ciencia ficción habla profe, ideal verse "The manchurian candidate"o "El enbajador del miedo", la original, con Sinatra, en plena Guerra Fría, los 60s, y su remake, muy buena por cierto, con Denzel Washington, ya pasado el 2000. La última, contestándole a la primera, con todo lo que usté argumenta en su artículo.

Y el negro Obama hace lo que puede...