miércoles, 22 de diciembre de 2010

La mejor forma de robar un banco es ser dueño de uno VI

Esta revisión que estoy proponiendo debe asumir que el proceso histórico del capitalismo moderno ha sufrido un salto en su desarrollo. Con toda seguridad podemos considerar a la crisis del petróleo de la década del setenta como una bisagra del capitalismo moderno. La “jefatura del mundo” pasó de manos (de Gran Bretaña a los EEUU), aparecieron en escena, totalmente remozados, los antiguos conservadores con aires “revolucionarios” (es el neo-conservadurismo de Reagan-Tatcher, o el neo-liberalismo, dado que salvo en algunos aspectos menores no tienen grandes diferencias). En rigor de verdad una revolución se produjo dentro del esquema de poder internacional, “revolucionaron” los modos de ese esquema y la distribución del poder y de la riqueza, por ello, lograron el “mando unificado” que fue depositado en manos nuevas. Las posibilidades que la tecnología comunicativa ofrecía les abrió el camino a una circulación de la información, “en tiempo real”, que alteró las reglas de los negocios internacionales y de allí del poder internacional. El neo-conservadurismo o (neo-liberalismo) se presentó como una novedad, y muchos “compraron” esa vieja “mercadería” que venía presentada en “atractivos envoltorios”. Estos cambios se produjeron junto con “una combinación de factores que marcó el final de un período de notable crecimiento: La declaración de inconvertibilidad del dólar en 1971 y las devaluaciones del dólar entre 1971 y 1973 pusieron fin al sistema monetario de Bretón Woods”. Al dejar de estar sostenido por la paridad en oro el valor del dólar pasó a ser una incógnita. Se unía al proceso de deterioro:
«Ante la caída de la producción, del consumo, y del crecimiento económico en general, y frente a la reaparición de altos porcentajes de desocupación, el aumento de la pobreza y la inestabilidad de las variables económicas, se prefirió hablar de recesiones menores y momentáneas. Las causas de esta grave crisis, que se prolongó hasta la década del noventa, fueron explicadas de diferentes formas: por la crisis del petróleo (aumento del precio de dicho producto), por los avances tecnológicos que provocaron desocupación y hasta por la creencia de que los salarios habían aumentado demasiado. Es decir, se trató de una crisis provocada por el funcionamiento del propio sistema capitalista: después de más de veinte años de crecimiento sostenido se produjo un estancamiento y los empresarios —para no perder tanto— transfirieron la disminución de sus ganancias a los otros sectores de la sociedad: los trabajadores, el Estado, etc. La crisis fue causada por la propia estructura del sistema, influida por causas coyunturales, como las mencionadas anteriormente».
Habíamos señalado la aparición del neoconservadurismo, que es la ideología política con la cual se presenta el viejo liberalismo hacia el fin de siglo XX. Éste, en su versión original del siglo XIX, se sostuvo mientras el sistema capitalista, que era su base económica, demostró su salud creciendo a buen ritmo. Pero en la década del veinte comenzó a avizorarse una crisis que estalló sobre el final de esa década (según ya vimos). Fue entonces cuando revisó su postura frente al papel del Estado y lo colocó al servicio de la “resolución de la crisis”. Esto bajo las ideas del keynesianismo. La etapa política que va desde la estructuración de esa nueva forma de colocar el Estado frente al mercado, la década del cuarenta, hasta la “Crisis del Petróleo”, se caracterizó por la “presencia activa” del Estado como “actor regulador” de las políticas sociales, con una participación permanente en el control de la actividad económica y, fundamentalmente, como agente controlador de la distribución de la riqueza. Esos treinta años expusieron un crecimiento importante de las clases medias en los países centrales, y otro tanto ocurrió en otros países, como el nuestro. Si bien los países centrales exportaron gran parte de su crisis a los países dependientes logrando paliar así parte de su crisis, aquellos países que lograron cierto despegue de esa dependencia consiguieron un desarrollo importante. Llegamos a la década del setenta.
Detengámonos brevemente en ese momento de mediados de los setenta, que preparó las condiciones para realizar la operación del salto de precio del barril de petróleo. Los países exportadores de petróleo pactaron la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en agosto de 1960, que fue creada como respuesta a la baja del precio oficial del petróleo acordado unilateralmente por las grandes compañías distribuidoras. El barril se pagaba en 1970 u$s 2,53 a fines de los años 80 había subido a u$s 41. De esta manera se terminó con el petróleo barato que había lubricado el crecimiento de posguerra. Por otra parte, los países miembros de la OPEP aumentaron considerablemente sus ganancias, a las que se denominó “petrodólares”. Esa enorme masa de dinero salió de los estados árabes para incorporarse al sistema financiero occidental, que comenzó a ofrecer préstamos a cualquier país que los solicitase. De esta forma, la mayoría de las naciones en “vías de desarrollo” se endeudaron creyendo que pronto se recuperarían de la “momentánea” crisis. En los años 80, este endeudamiento estalló cuando México declaró la imposibilidad de pagar sus créditos.

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