miércoles, 4 de mayo de 2011

El marco histórico de la globalización V

El Dr. Polk nos introduce en las negociaciones de la Primera Guerra mundial para mostrar cómo funcionan los intereses de los banqueros: «Las condiciones impuestas a Alemania mediante el Artículo 231 del Tratado de Versalles establecieron los fundamentos para la consolidación de los intereses financieros enormemente poderosos en Londres, Nueva York, Frankfurt y París, que habían sido esenciales para la imposición, a cualquier precio, de la Ley de la Reserva Federal en EE.UU. (Habría que señalar que son los mismos intereses financieros que también hicieron su parte para llevar a las naciones al conflicto militar. El foco en este caso, sin embargo, sigue limitado a la génesis y perpetración del cártel de la banca central privada como tal y sus conexiones con la actual crisis financiera y la guerra contra el terrorismo)».
Sin embargo el horror de esa guerra condujo rápidamente a la comprensión de que la comunidad global de naciones no debería permitir que semejante crueldad volviera a ocurrir, y que hacían falta principios de conducta universalmente reconocidos y aceptados para garantizar la paz y la armonía internacional. Repasemos lo que quedó dicho respecto de «los principios de buena voluntad, acordados en los términos fijados por la Paz de Westfalia», éstos sólo podían implementarse mediante una voluntad general común o consenso global. «En otras palabras, una Liga de Naciones, era necesaria para definir e implementar principios internacionalmente válidos de conducta humanitaria, por cierto cosmopolita, a fin de beneficiar a toda la especie humana y toda nuestra vida cotidiana».
Este impulso positivo fue, entre otras cosas, lo que llevó a los participantes en la “guerra para terminar todas las guerras”, según se afirmó entonces, a fundar el “Convenio de la Liga de las Naciones”. «El acuerdo incluía 26 principios a los que se comprometían los 58 Estados miembro. Pero el problema central que confundía los ideales de la Liga era el hecho de que el acuerdo se basaba en importantes intereses económicos que esencialmente condenaban al tratado al fracaso desde el principio. La Liga se basada en el statu quo tal como fue definido por los vencedores de la Primera Guerra Mundial, quienes, como representantes al mismo tiempo de “intereses” ostensiblemente “nacionales”, hicieron todo lo posible por asegurar los mayores beneficios posibles para los banqueros de la elite que trabajaron entre bastidores en Nueva York, Londres, Paris, y Frankfurt». Es esencial entender la distancia que hay entre los principios enunciados y los intereses reales que se ponen en juego. En esta porfía han terminando imponiéndose los intereses particulares. Y los medios para ese fin se encontraron en los términos de los pagos de reparaciones que luego impusieron a Alemania.
Dice el Dr. Polk: «Un artículo publicado el 31-5-1922 en el New York Times esbozó las demandas más destacadas impuestas a Alemania por las potencias triunfantes: “La Comisión de Reparación llamó a Alemania a aceptar los siguientes compromisos antes del 31 de mayo: 1.- Reducir los gastos y equilibrar el presupuesto. 2.- Detener el aumento de la deuda externa y del papel moneda en circulación. 3.- Aceptar una ligera supervisión de sus esfuerzos en esa dirección. 4.- Tomar medidas para impedir más fuga de capital y recuperar 2.000 millones de dólares que desaparecieron del país durante los últimos dos años. 5.- Asegurar la autonomía de la política del Reichsbank». Quiero llamar la atención del lector respecto de las semejanzas entre las imposiciones a la Alemania vencida con las que el Fondo Monetario Internacional luego aplicaba a los países que solicitaron ayuda financiera, conocidas como «programas de ajuste estructural, incluyendo demandas de privatización del sistema bancario para garantizar la independencia (“autonomía”) de la política de los bancos».
Sigue nuestro investigador: «Una gama de condiciones impuestas por el FMI ha llevado constantemente a las naciones en cuestión a dificultades internas generalizadas y a crisis económicas, porque los intereses y el bienestar de la población en general discrepan evidentemente a menudo de los programas del FMI que se implementan. Joseph Stiglitz lo describió como sigue: “El FMI no sólo se dedica a los objetivos fijados en su mandato original de realzar la estabilidad global y asegurar que haya fondos para países que enfrentan una amenaza de recesión a fin de que impulsen políticas expansionistas. También se dedica a los intereses de la comunidad financiera. Esto significa que el FMI tiene diferentes objetivos que a menudo están en conflicto entre ellos. La tensión es tanto mayor porque este conflicto no puede hacerse público: si el nuevo papel del FMI se reconociera públicamente, el apoyo a esa institución podría debilitarse, y es casi seguro que los que lograron cambiar el mandato lo sabían. Por lo tanto, el nuevo mandato tenía que presentarse de manera que pareciera, por lo menos superficialmente, consecuente con lo anterior”».

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