miércoles, 17 de diciembre de 2014

La guerra de los laboratorios en el mundo global VI



 El periodista Salvador López Arnal, también profesor de Matemáticas en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED- España) y de informática de ciclos formativos, pretendo subrayar que se trata de un intelectual de una sólida formación integral, lo cual avala y da crédito a los diálogos que realiza y a la esmerada selección de sus invitados. Ha publicado su encuentro con Miguel Jara, escritor, periodista especializado en la investigación de temas de salud y ecología, corresponsal en España de nada menos que el British Medical Journal (BMJ) y usual colaborador de la revista Discovery DSalud. Jara ha realizado la investigación que sirvió de base para el documental “Carga tóxica” de Documentos TV (TVE) sobre los efectos en nuestra salud de las sustancias químicas que existen en nuestro medio ambiente. Es igualmente autor de Traficantes de salud (Icaria, Barcelona, 2007); Conspiraciones tóxicas (Martínez Roca, Barcelona, 2007), en colaboración con Rafael Carrasco y Joaquín Vidal, y su ensayo más reciente La salud que viene. Nuevas enfermedades y el marketing del miedo (Península, Barcelona, 2009).
Voy a citar parte de la entrevista y hacer algunos comentarios. Si he tomado tantas precauciones en la presentación de ambos es por el tipo de información que se hace pública que requiere el aval de seriedad profesional de quien lo hace. Estas manifestaciones se inscriben en la línea del tema que vengo publicando. Introduce Miguel Jara un concepto que sorprende:
El marketing del miedo es la expansión de manera perfectamente controlada, premeditada y estructurada por la cual el miedo entra en la población para, en el caso que analizo, hacer creer a la ciudadanía que puede estar o está enferma y así vender medicamentos, antivirales y/o vacunas. Se utiliza para “obligar” a la población a abrazar las soluciones “establecidas” y hoy está cada vez más extendido entre las prácticas de la industria farmacéutica. Así podemos comprobarlo en la última década con los ejemplos de la “epidemia” de gripe aviar, la gran campaña de lobby y marketing del miedo para vender la vacuna contra el virus del papiloma humano o la “pandemia” de la gripe A. Creo que al concluir la lectura de mi último libro puede entenderse bien el fenómeno de la invención o exageración de enfermedades al que asistimos durante los últimos años.
En notas anteriores ya había aparecido algo similar de parte de la Doctora Teresa Forcades i Vila que ahora adquiere en esta investigación un concepto específico: una metodología de marketing para incrementar la venta de determinados específicos. Esto puede sorprender al lector poco avisado y empujarlo hacia una actitud de rechazo al avance de la medicina y de sus logros terapéuticos, por ello Miguel Jara aclara:
Partimos de la base de que casi cualquier consecución humana es técnica, pero si estamos de acuerdo en que hemos llegado a un punto en que todo, absolutamente todo, ha de ser revisado bajo el paradigma ético, debemos concluir que no vale todo, que no vale toda técnica sino que sólo vale la técnica que tenga el bien de las personas como objetivo primero. Inventar la bomba atómica fue un prodigio técnico que hoy supongo que la mayor parte de la ciudadanía tacharía de monstruoso. Hoy existen servicios y tecnologías que son puros objetos de consumo para el mercado y que en su mayor parte además provocan graves impactos ambientales y merman nuestra salud. Y las personas que enferman por vivir en nuestra sociedad, sólo por hecho de “estar” en esta sociedad son el vivo retrato del fracaso del modelo económico.
Equivale a decir. Si bien la tecnología ha aportado numerosos progresos en el cuidado de la salud pública, no por ello todo lo que ella produzca debe ser aceptado sin más. El predominio de un modo de entender la producción (en este caso la de medicamentos) cuyo objetivo excluyente es el lucro subordina todo a ese logro. Aparecen entonces maniobras non sanctas mediante las cuales se intenta vender hasta lo innecesario, que en este caso se convierte, como ya vimos, en la invención de nuevas enfermedades para las cuales ya se tiene preparado un medicamento específico.