domingo, 15 de marzo de 2015

El negocio de las investigaciones medicinales VII



La Doctora Paula Stephan, profesora de economía de la Universidad Estatal de Georgia, especializada en Economía de la Ciencia, ha investigado sobre el papel de los científicos en las Universidades. Para certificar la calidad y seriedad de sus conclusiones veamos qué dice de ella la revista Harvard University Press, en su número de enero de 2012:
Los intereses de investigación de Stephan se centran en las carreras de los científicos e ingenieros y en el proceso por el cual el conocimiento se mueve a través de las fronteras institucionales de la economía. Actualmente Stephan es miembro de la Junta del Consejo de Investigación Nacional sobre la Educación Superior y de la Fuerza Laboral. Ha sido miembro del Consejo Consultivo Nacional de Ciencias Médicas Generales, y de Institutos Nacionales de Salud, trabajó para el Comité Consultivo de la Conducta Social, y en el Programa de Economía de la Fundación Nacional de Ciencias. Fue miembro del Grupo de Expertos de Alto Nivel de la Comisión Europea y autora del informe "Frontier Investigación: El reto europeo".
La Doctora Paula Stephan, ha calificado el modelo académico de piramidal por lo que da origen a la discrepancia resultante entre los posdoctorados y adjuntos mal pagados y carentes prácticamente de toda perspectiva de promoción profesional por un lado, y el número cada vez menor de puestos de investigación fijos y bien pagados, ocupados por científicos famosos, por otro, se asemeja a una especie de torneo en torno a la investigación científica. En la misma línea de lo afirmado antes. Sostiene:
Impera un clima enrarecido de todos contra todos que resulta en problemas de la ciencia que se lleva a cabo. Hace falta publicar cada vez más estudios deslumbrantes de científicos famosos en prestigiosas revistas para llamar la atención y atraer las subvenciones que se precisan para mantener las apariencias y las luces encendidas en el laboratorio. Se confunde más con mejor: más financiación, más artículos, más citaciones y más becarios, al margen de si el mercado requiere ese tipo de investigador. El resultado final es la necesidad no solo de publicar a toda costa, sino de publicar en revistas de prestigio nuevos cambios sustanciales y espectaculares de nuestra comprensión del mundo que nos rodea y que exigen seguir investigando a toda costa.
La doctora apela a la palabra del Doctor Stephen Quake, cuya autoridad es avalada por su curriculum: obtuvo su Licenciatura en Física y Maestría en Ciencias Matemáticas en Stanford y su D.Phil. en Física en la Universidad de Oxford; ha sido elegido miembro de la Academia Nacional de Ciencias, la Academia Nacional de Ingeniería, del Instituto de Medicina, de la Sociedad Americana de Física y del Instituto Americano de Ingeniería Médica y Biológica. Ese aval académico es necesario para aceptar su dura definición: “financiación o hambruna” en las carreras académicas:
Dentro de esta matriz de decisiones resulta ventajoso falsificar hallazgos, tomar atajos y seleccionar los datos convenientemente, todo lo que haga falta para que salgan artículos y entren subvenciones. Se ha llegado hasta el punto en que hay académicos que afirman que “el costo de equivocarse es nulo; el costo es que no se publique”. En un metaanálisis de estudios publicados, realizado para la Public Library of Science (PLOS, Biblioteca Pública de Ciencias), John P.A. Ioannidis criticó específicamente la financiación privada de la investigación, señalando que “cuanto más fuertes sean los intereses financieros y de otro tipo y los prejuicios en un campo científico, tanto menos probabilidades hay de que los resultados de la investigación sean ciertos”. Los resultados saltan a la vista. El gran número de retractaciones debidas a una metodología incorrecta, a un enfoque inadecuado o a una mala gestión de los estudios a lo largo de la última década es pasmoso. En casi todos los campos científicos se ha producido una verdadera epidemia de imprecisiones.