martes, 11 de agosto de 2009

La hipocresía no tiene límites I

El tema de la pobreza ha adquirido una notoriedad sorprendente. Pareciera que hay gente que no sabía que en nuestro país, como en el resto de nuestra América, la pobreza sigue siendo una herida profunda que es necesario atender con toda premura. Como una voz que repercutió en todos los medios, y fue recogida por muchos analistas y comentadores (de sospechoso pasado), ha sido la voz de lo que se llama “la Iglesia” (concepto similar a “el campo”) puesto que debiera hablarse de iglesias en plural, voy a recurrir a una comparación de voces de esas instituciones.
La agencia informativa del Episcopado, AICA, dice: «El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, advirtió hoy que “vivimos con situaciones de pobreza escandalosa, de falta de trabajo, o estas enfermedades que masivamente, con gripe y dengue, pegan más duro por la falta de justicia". Así lo afirmó al presidir la misa central en honor de San Cayetano. “Vivimos una situación muy difícil. El mundo de hoy es muy cruel. Primero excluye borrando los rostros de la gente para luego no sentir nada cuando los desprecia y desecha como sobrante. En nuestra Ciudad, lo vemos todos los días, hay gente que tiene sitio y cabida, y hay gente que sobra, que son dejados de lado, tirados como verdaderos volquetes existenciales. ¡Cuánta gente, cada día más, duerme en la calle, en plena Plaza de Mayo, en pleno corazón de la Ciudad", describió».
El sacerdote Eduardo de la Serna, Coordinador del movimiento de sacerdotes en opción por los pobres Carlos Mugica, comenta: «La pobreza nos duele, remarcó con su habitual glamour el presidente de la Sociedad Rural, la pobreza es el tema principal en el diálogo, destacó monseñor Alcides Casaretto, la pobreza es el tema que ocupa lugar principal en los medios de comunicación social en nuestros días. Demasiada insistencia en tan poco tiempo para ser casual. ¿Qué ocurrió? ¿De golpe descubrieron a los pobres aquellos que ayer los ignoraban? ¿Será que “ayer” no había pobres y los hay desde poco después de las elecciones? ¿Será que algo ocurrió puntualmente para que el tema se desencadenara? Demasiadas casualidades, que nunca son inocentes en política. Que en Argentina haya pobres es realmente un escándalo. Que haya uno solo, lo es. Pero miremos un poco más. Personalmente ya me llamó la atención que un diario destacara, semanas atrás, que los chicos pobres comían cuises, algo que es remedo de lo que decían los diarios en el 2002 (“caballos, ratas y sapos”, decían entonces). Insistencia en el diálogo, escándalo de la pobreza, gravedad de la situación de los pobres, temas remanidos... ¿será que “alguien” nos quiere decir que estamos como en el 2001-2002?; ¿será que ese/esos “alguien” quiere/n alentar el imaginario para que no nos “escandalice” sino que deseemos que un gobierno constitucional “no termine”?».
Este cristiano comprometido con el dolor de los pobres, y así lo testimonia su vida, profundiza más el tema y se pregunta: «Ahora bien, ¿por qué hay pobres? Esa es la pregunta fundamental. Por eso me parece totalmente empobrecedora la palabra “excluidos”, lo he dicho en otras ocasiones: porque “excluidos” no implica “excluidores”, porque nunca hay “responsables”. Porque los pobres en Argentina no son pobres por vivir en un país pobre (¿hay en el mundo muchos países más ricos que la Argentina?). Entonces, preguntarse “por qué hay pobres” es el paso fundamental para enfrentar el escándalo. Sin una seria respuesta a esa pregunta, todo es teatro. O burla. ¿Cuáles son las causas de la pobreza? ¿No tiene nada que ver en la razón de que haya tantos muy pobres, el hecho de que haya pocos tan ricos? Y para que nadie me acuse de “neo-marxista” recuerdo que la frase “los ricos son cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres” pertenece a Juan Pablo II. ¡Ah!, y la frase “imperialismo internacional del dinero” fue dicha por Pio XI».
Continúa con otra pregunta: «¿Qué es el escándalo?» Y su respuesta es de una dureza que llama la atención en un cura, no por lo que dice, sino por su atrevimiento a decirlo: «En nombre del “escándalo” muchas veces en la Iglesia se “esconden” curas pederastas, para que no haya “escándalo”, o se cuestiona al periodista que muestra aquello que escandaliza, como un torturador “relocalizado” en Chile. En realidad, fijando el ojo, el escándalo no lo provocan los que muestran lo que escandaliza, sino quienes lo obran: los pedófilos, los torturadores, los miembros de la institución eclesiástica que se muestran con “relaciones carnales” con el poder económico o político». Responde a tanta hipocresía con su testimonio: «Ahora bien, si miramos así, en lo personal, la pobreza no me escandaliza. La pobreza me compromete, me impulsa a hacer lo más que sé y puedo para enfrentar la injusticia que la provoca. En lo personal, lo que me impide caminar, lo que me parece que es una trampa en el camino es la riqueza. La ostentación, pornográfica con frecuencia, es lo que escandaliza. Los injustos, los victimarios me escandalizan. Y quienes son cómplices, aduladores, o difusores. Lo que es un escándalo es la riqueza, ¡no la pobreza!».
Ante tales palabras no puedo agregar nada, sólo reproducirlas para que otros las lean.