sábado, 22 de agosto de 2009

La hipocresía no tiene límites IV

Hay un tipo de informaciones que me cuesta citar por no tener certeza respecto de las intenciones de quien o quienes las hacen circular. Por ello, una voz como la del cura Eduardo de la Serna, avalada por el testimonio de toda una vida de servicio adquiere una autoridad irreprochable. No puede suponérsele segundas o terceras intenciones y sus palabras tienen el aval del compromiso diario con los que más sufren. Además, su formación intelectual, su claridad de análisis, su falta de pudor cuando tiene que hablar de la iglesia a la que pertenece y la que ha dedicado su vida, y por ello le duele, hace que su opinión hoy adquiera un valor irrecusable. Después de lo que he ido citando dice:
«Por todo esto, no creo que todo este cúmulo presentado antes sea “casual” ni creo que algunas voces episcopales lo sean. Personalmente, no creo que a muchos de ellos les importen los pobres; es más, muchos parecen festejar cada muerto de fiebre “A” o cada caso de dengue, o cada aumento de un dígito en la pobreza. Personalmente creo que mientras no tengan nombre los pobres, no tengan nombre los empobrecedores, y mientras se siga sacrificando la sangre de las víctimas en el altar de la propiedad privada y el dios dinero, seguramente la situación se agravará, aunque los victimarios nos miren con cara de compungidos en los espacios pagados. Pero mientras eso ocurra, el Evangelio de Jesús, la búsqueda de ser “Iglesia de los pobres” no nos dejará tranquilos hasta que los pobres tengan casa, pan y trabajo. Hasta que los pobres sean vistos como hermanas y hermanos, o mejor aun, hasta que ya no haya pobres porque tampoco habrá ricos y habrá mesa compartida y vida celebrada para todos». No hay especulación política en sus palabras, como sí las hay, según él, en la de varios de los obispos.
El cura de la Serna pertenece al Grupo Nacional de Curas en la Opción por los pobres, tal vez sean esos neo-marxistas a los que hace referencia el obispo de La Plata, Héctor Aguer, mucho más preocupado por los preservativos que por la pobreza. En el último encuentro que tuvo este Grupo dijeron en un comunicado: «Vemos que hay fuerzas muy poderosas que quieren frenar todo camino que ayude y aliente espacios de vida y de justicia: fuerzas que se desentienden totalmente de la realidad de los pobres, aunque los utilicen para sus propios fines; fuerzas que sólo buscan enriquecerse, aunque empobrezcan más y más la tierra, las aguas y los hermanos; fuerzas que no temen manipular la opinión pública y si fuera necesario acompañar todo proceso destituyente mirando sólo sus propios intereses y no el bien común; fuerzas sólo preocupadas por el incremento ilimitado de su patrimonio sin una genuina preocupación por una justa distribución de la renta, la tierra y la vida digna. Pero vemos también espacios de vida y esperanza que nacen particularmente de los pobres, de su fe, de su resistencia y su amor a la vida. Entre unas y otras queremos destacar particularmente».
Lo que más duele y escandaliza, de esto que he llamado una hipocresía sin límites, es que la iglesia y uno de sus obispos que más sale a hablar a través de los medios, el obispo Alcides José Pedro Casaretto, no haya desmentido lo siguiente, tal vez porque a él no le parezca una contradicción: «Su principal colaborador laico es el ingeniero Eduardo Serantes, director del primer fondo de siembra del país, Cazenave & Asociados, coordinador del Fondo Agrícola de Inversión Directo (F.A.I.D.), asesor de empresas agroindustriales y de servicios, responsable del programa de trigo candeal de Molinos Río de la Plata y de Trigalia y del programa de girasol oleico para Dow AgroSciences. Esos fondos no discriminan entre inversores con y sin sotana y, naturalmente, se molestan por las retenciones a su comercio exterior. Nada purifica mejor de esos sinsabores que ayudar a los pobres». Este ingeniero, que pertenece al club de los sojeros que matan con sus pesticidas, que da charlas en la Escuela de Negocios de Idea, ¿es una voz autorizada para hablar de la pobreza, cuando sus socios se niegan a distribuir las ganancias excesivas que obtienen? Corolario: «Me escandalizo por la pobreza, pero no de la riqueza ostentosa».