miércoles, 5 de enero de 2011

La mejor forma de robar un banco es ser dueño de uno X

Si bien, como ya vimos, la rentabilidad de la inversión de dinero en la actividad productiva padecía de una curva descendiente y eso se intentaba recuperar sobre la rebaja de la porción de riqueza que correspondía a los trabajadores (tanto en salarios como en seguridad social). A ello apuntaron las políticas neoliberales (lamentablemente con mucho éxito). Nada de ello podía competir con los rendimientos superiores que ofrecía la actividad financiera. Dice Rapoport: «Tuvieron mucho que ver con ello los bancos transnacionales, que crearon un espacio particular de circulación monetaria y aseguraron el financiamiento del comercio y de la producción deslocalizada de empresas y corporaciones. Al mismo tiempo, las actividades en el conjunto de mercados monetarios y financieros de corto y largo plazo, y en los mercados de bonos y títulos, se ampliaron rápidamente». El final de la década de los setenta y comienzo de los ochenta fue el tiempo y el escenario de esta mutación interna del sistema capitalista. Si la libertad de mercado para la producción y el comercio era ya una bandera que ondeaba bien alto en el mástil del sistema, esta libertad para el dinero se convirtió en un reclamo y en una presión sobre el sistema político que no pudo impedirlo, o no quiso, o no comprendió todo lo que significaba, o le resultó también mucho más rentable personalmente, porque finalmente fue concedida.
Un poco de historia. El antecedente obligado para comprender este proceso hay que buscarlo en el Crack de 1929 que provocó el pánico de perder los ahorros. Una estampida de depositantes corrió a recuperar sus dineros por lo que se produjo una retirada masiva de depósitos de los bancos, lo que llevó a numerosas entidades a la quiebra. Una situación que se volvió a repetir. Nuestra memoria puede recurrir al 2007 para recordar escenas parecidas en gran parte del planeta. En nuestro país esto se resolvió con el “corralito” de 2001. En 1933 la Comisión de los Asuntos Monetarios y Financieros del Senado estadounidense, condujo de una forma bastante violenta y espectacular una investigación que involucró a varios directores bancarios respecto de sus actuaciones infames y criminales en ese episodio. Otro caso similar pero sin las mismas consecuencias hemos vivido en la Argentina, acá nadie fue preso. Los resultados crearon en la opinión pública estadounidense la convicción de la necesidad de una regulación del sistema bancario.
Como consecuencia de esa experiencia nefasta, el presidente de los EEUU, Franklin D. Roosvelt (1933-1945), al asumir su primera presidencia comenzó por limitar la libertad excesiva de los banqueros. Expresó una frase que hoy debiera recordarse. Dijo: «Prefiero rescatar a los que producen alimentos que a los que producen miseria», en clara alusión al sistema financiero. Entonces, el gobierno absorbió la gigantesca deuda de los agricultores y ganaderos, empezando a subsidiar al campo; así, la primera acción de su gobierno fue la de promulgar la Ley Bancaria más revolucionaria de todos los tiempos. El senador Henry Steagall era en ese momento presidente de la poderosa Comisión Bancaria del Senado y siempre estuvo apoyando a los agricultores y a los bancos rurales, que sufrían fuertemente los embates de la Depresión de 1929. La respuesta ante la situación fue la aprobación de ley que elaboró con el senador Carter Glass, ley que lleva sus nombres, o Ley Bancaria del 16 de Junio de 1933. Por ella se efectuó un reordenamiento del sistema financiero. El Presidente Roosevelt siempre creyó que un sistema bancario basado en la especulación era perjudicial para el Sistema de la Reserva Federal (Banco Central de los EEUU).
Esta Ley Glass-Steagall que se la conoce generalmente como el Banking Act de los Estados Unidos fue impulsada por la Comisión Bancaria del Senado y apuntó a evitar que se volviera a producir una situación como la del quiebre de la Bolsa de Wall Street de 1929. Dispuso, entre otras medidas, la separación entre la banca de depósito y la banca de inversión (bolsa) y prohibió a los banqueros acceder al mundo de la especulación bursátil. Esta ley sirvió para recuperar la economía de EEUU.