miércoles, 12 de enero de 2011

La mejor forma de robar un banco es ser dueño de uno XII

Lo narrado hasta aquí no fue un proceso inesperado, sorprendente, imprevisible. Hubo voces que antes y ahora advirtieron sobre los peligros que se enfrentarían con la libertad de los mercados sin control alguno. Y eso tenía ribetes más graves en una actividad que se mueve, desde las últimas décadas, en un mundo virtual. La velocidad de la circulación del dinero que le imprimió este modo operativo potenció sus posibilidades al tiempo que demostró una capacidad creativa por la variedad de instrumentos que puso a disposición de los agentes y operadores. Vamos a recurrir a una de esas voces que, por sus antecedentes académicos e investigativos, acredita experiencia y seriedad suficiente para ser leída atentamente. Me refiero a la doctora Susan Strange (1923-1988) quien en 1986 publicó un libro cuyo título es toda una denuncia: Capitalismo Casino. Doce años después vuelve sobre el tema insistiendo en sus advertencias y reclamando una mayor atención sobre el tema, dado que los riesgos habían crecido en forma alarmante: Para ello publica otro libro que tituló: Dinero loco – el descontrol del sistema financiero global.
En este segundo trabajo comienza ofreciendo una explicación: «¿Por qué loco? Porque a mi parecer fue, y es, “disparatado e imprudente” (sinónimos de loco según el diccionario) dejar a los mercados financieros ir tan lejos, mucho más allá del control del Estado y de las autoridades internacionales. En un hombre o una mujer asociamos la insensatez o la locura a un comportamiento voluble, impredecible e irracional que es potencialmente peligroso para quien lo padece o para otros. Y es exactamente así como se han comportado los mercados financieros en los últimos años: unas veces con irregular frenesí y otras con injustificado abatimiento… Su comportamiento ha afectado gravemente a otros actores. Su estado requiere con urgencia algún tipo de tratamiento». Esto está escrito en 1998, lejos de los peor que se desencadenó a partir de 2006-2007.
Es muy revelador el cuadro que describe, que deseo compartir por su claridad: «Toda esta insensatez se presentó ante mí a finales de 1997. Los periódicos reproducían fotos de operadores de Wall Street con botellas de champán y copas en la mano, con rostros desbordantes y sonrisas eufóricas, celebrando las suculentas primas de fin de año recién recibidas. No eran los únicos generosamente recompensados en los mercados financieros: algunas de las primas de banqueros inversores y de gestores de fondos eran de una cuantía inimaginable y obscena. En Asia, entre tanto, no había nada que celebrar. Millones de personas afrontaban la pérdida de sus puestos de trabajo y el desempleo. El futuro aparecía sombrío para los otrora “tigres económicos” del sur de Asia. Fue una casualidad que el libro del que éste es una especie de continuación, Capitalismo Casino (1986), acabase precisamente con una imagen tan gráfica como la de operadores financieros bebiendo champán, mientras fuera de las oficinas de los rascacielos mucha gente lo pasaba tan mal».
Esta profesora británica tiene una peculiaridad extraña entre las personas que se dedican a su especialidad, Economía Política Internacional, que es la de mirar y profundizar sus investigaciones sobre las consecuencias sociales de las políticas implementadas. Este aspecto de sus preocupaciones es digno de ser subrayado porque es, precisamente, por esa sensibilidad social que su mirada se dirige hacia ángulos que la mayoría de los investigadores ignoran. Se podrá pensar que es una cuestión de conveniencia profesional, sin embargo, yo me atrevo a afirmar que es una miopía fundamentalmente técnica o académica, la de subordinarse a pensar desde una matriz intelectual resultado de la formación que han recibido. Sobre este tema sostiene el doctor Alberto Montero Soler, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga: «Ya en el año 2000 un grupo de estudiantes franceses de economía respaldados por algunos profesores lo habían advertido: la economía se aleja cada vez más de la realidad y está convirtiéndose en una rama de las matemáticas aplicadas. Iniciaron entonces un movimiento con un nombre muy expresivo, “Post-Autistics Economics” (o economía post-autista, en español), en clara alusión a la necesidad de superar lo que ellos consideraban que era el estado de autismo en el que había caído la economía, completamente ensimismada y alejada de los problemas sociales… el dogmatismo en el que han incurrido los estudios de economía como consecuencia de la carencia de pluralismo en la presentación de los enfoques sobre lo económico. En las facultades de economía no se enseña a mirar la realidad desde distintos prismas, desde distintos enfoques económicos (no digamos ya desde distintas disciplinas), a pesar de haberlos, sino que se suele presentar un único enfoque al que se le atribuye capacidad explicativa omnímoda».