viernes, 20 de febrero de 2009

Los entretelones de la información

En notas anteriores me he ocupado del papel que desempeñan los medios masivos en la tarea de comunicar a un público educado en la necesidad de estar “informado”. Esta palabra ha adquirido un estatus de tal magnitud que se suele decir de alguien a quien se quiere alabar que es una persona “muy bien informada” como sinónimo de inteligencia y conocimiento. Aceptemos que el estar bien informado dice de cuanto sabe. Pero se impone una pregunta ¿dónde busca su información? ¿a qué fuentes acude para lograr el conocimiento que se dice tiene? Aquí aparece una cuestión que es de fundamental importancia, puesto que de ella depende la calidad del supuesto conocimiento que exhibe.
En una sociedad de masas, como la que se fue estructurando lentamente desde la Revolución industrial inglesa, en la que se fue estableciendo una mediatización de la información, quiero decir, que entre el informado y el origen de los datos recogidos se fue produciendo un mecanismo, altamente sofisticado hoy, de elaboración de los datos originarios para ser convertidos en noticia. Es la noticia la que circulará por las arterias de los medios de comunicación altamente concentrados. Decir es noticia equivale a decir que hay datos que no lo son. Esto, a su vez, requiere la decisión de alguien que define qué cosa lo es y cuál no. Aquí se produce la mediatización, un sistema que se interpone, que se coloca en el medio, que toma el caudal de datos que atiborran las redacciones de los medios y selecciona.
Hasta aquí podríamos aceptar que en un mundo de la complejidad del nuestro, con la cantidad de hechos que se producen a diario, comunicar todo sería, sin duda, una tarea imposible. Por lo que aceptada esta necesidad debemos preguntarnos con qué criterio selecciona, cómo define qué debe ser comunicado. Una vez realizada esta operación sigue un segundo paso: de ese hecho ¿qué es realmente interesante como para atraer la atención del lector?: cómo se ofrece la mercancía noticia para que sea comprada por el consumidor de la información. Es entonces cuando se da el tercer paso: ¿cómo redactar, editar, presentar, la noticia para el logro de ese objetivo final que es la venta? Porque cualquier medio depende mucho más de la publicidad que del pago del consumidor y el publicista elegirá aquellos medios que sean los más vendidos, para que su mensaje publicitario alcance la mayor cantidad de gente posible.
Hasta acá estamos en un nivel de análisis que se dirige a la comprensión del negocio de la comunicación, negocio sin el cual los grandes medios no existirían. Entonces aceptemos algo más: la información es un negocio del que vive una cantidad muy importante de personas y que cumple un servicio necesario para una sociedad altamente compleja. El nivel de tecnología que ha incorporado para ofrecer una información que se ofrece como casi instantánea, en vivo y en directo, supone la inversión de importantes capitales que requieren la obtención de una renta necesaria. Este último paso se comenzó a dar en la década de los ochenta y esos capitales fueron provistos por empresas multinacionales, holdings de inversores, financistas varios, etc. Equivale a decir que el periodista tradicional que imprimía sus hojitas y las vendía ya no existe, en su lugar nos encontramos con un entramado internacional de intereses de variado pelaje que incide, directa o indirectamente, en el proceso de selección, filtrado, elaboración, interpretación y comunicación de la noticia.
A esta altura de nuestras reflexiones ¿es muy extraño sospechar que lo que se comunica responde a los interese de esos señores que ponen su dinero? ¿es ser demasiado desconfiado creer que lo que llega a nosotros es el resultado de una densa red que deja pasar sólo aquello que no perjudique a sus negocios? Voy a continuar pensado en este tema.