miércoles, 22 de enero de 2014

La inseguridad es una paranoia construida por los medios VIII



Una extraña combinación de negocios, corrupción y manejos políticos van apareciendo en los modos en que emergen expuestas las informaciones que llegan a un sector importante de los ciudadanos de a pie. La noticia con datos duros  (como dicen los periodistas aludiendo a cifras, índices, estadísticas, etc.) ofrece una variada gama de modos de ser presentada. Allí comienzan los intentos de manipulación que ha adquirido hoy ribetes muy sutiles. Operaciones de un mismo cariz se muestran en algunos programas de investigación en los canales de televisión respecto a modus operandi de la policía, estilos y métodos en las cárceles. Al respecto afirma el profesor Hayward:
Estos programas son conducidos ideológicamente. Entonces, lo que quieren mostrar es lo peligrosa que es la cárcel o lo deshumanizada que es la gente que las habita. Muchos se niegan a escuchar interpretaciones o explicaciones de manos de expertos porque creen que entienden la situación. En el Reino Unido, por lo menos, cantidades de famosos hablan sobre los problemas de la delincuencia, acerca de “volver a instaurar la pena de muerte”. Creen que pueden guiarnos y dar pautas sobre castigos penales. Y esto es muy frustrante. Por lo que uno de nuestros objetivos es desacreditar estereotipos, desafiar esta narrativa mono-ideológica de los medios de comunicación. No es que me interesen sólo los medios, pero la realidad es que los medios son muy  importantes, porque cambiar la comprensión de la gente implica atender el modo en que el crimen y su castigo se retratan en los medios de comunicación. Es necesario elaborar historias que desafíen la norma y, más importante aún, poner de relieve la hipocresía que existe en los medios de comunicación. El delito vende. Así es que de un lado aparecen estas narrativas que demonizan al delincuente y las percepciones de la derecha, y del otro están los medios que utilizan el delito para vender sus productos.
Las dos últimas décadas revelan medios de comunicación que funcionan más sofisticadamente, logrando ocultar los múltiples negocios que rondan esta problemática. Una investigación acerca de la proliferación de agencias de seguridad privada, la venta de tecnología del más variado tipo: desde cámaras de seguridad hasta botones antipánico, negocios inmobiliarios en torno a la construcción de “barrios seguros”, etc., nos permitiría apreciar las dimensiones que ha adquirido y el dinero que está en juego. Comenta el Profesor:
El pánico moral resulta bueno para los negocios. Así, lo que se hace es crear miedo y luego sacar provecho de eso. Por consiguiente, emergen grandes delitos y se benefician de vuelta del pánico moral en un proceso cíclico al modo de una escalera de caracol que parece hacer referencia a uno y otro constantemente. Hay cientos de reality shows policiales muy populares en televisión que encarnan siempre una misma posición ideológica. Nunca hablan sobre políticas o la situación del delito, sino que se refieren a un particular delito callejero. Entonces, antes teníamos el famoso pánico moral causado por la delincuencia callejera, todavía lo tenemos, pero lo que se estudia ahora es el tipo de miedo que el delito genera en la imaginación. Se filma la captura de un individuo, luego estos videos se utilizan como técnicas de promoción para conseguir más fondos para la policía, obtener herramientas de formación y crear nuevos cuerpos policiales. La gente mira programas como SWAT, un show que muestra a una policía altamente militarizada, existente en varias ciudades de los Estados Unidos, y entonces siente el temor que provoca el pánico moral. Luego demanda este tipo de fuerzas policiales militarizadas en su ciudad.
El tema del crimen y el delito se ha politizado, sobre todo en los países centrales y, como consecuencia se importa a nuestro país el análisis de la problemática en los términos que ya se han expuesto. No significa esto que el delito no exista y que éste ha ido aumentando en la misma medida en que se fueron deteriorando las políticas sociales y la cada vez más injusta distribución de la riqueza a partir de la dictadura cívico-militar. Como ya vimos en la opinión de importantes investigadores, esto es innegable. El tema que estamos intentando dilucidar es la relación real entre los índices de ese delito y el modo de impacto con que se los comunica. En tiempos electorales en aquellos países resurgen cada vez con más fuerza en las agendas. Aparecen los discursos con frases como “necesitamos más policías”, “tenemos que ser duros”. Se podría decir parafraseando la famosa frase de las películas: “Cualquier parecido con los hechos de nuestra vida real en Argentina es mera coincidencia”.