jueves, 2 de enero de 2014

La inseguridad es una paranoia construida por los medios III



Una vez creados este tipo de hábitos, con la ayuda de la incorporación de la televisión como medio insustituible, más la creación de canales de 24 hs. de noticias, cosa impensable unas décadas atrás, es necesario rellenar esos espacios con una repetición hartante, pero no inocente. No sólo sucede con los delitos a lo largo del día. Siguiendo los comentarios de los programas de deportes durante la semana se puede verificar el conjunto de tonterías que se dicen para cubrir tal cantidad de horas de radio y televisión. En el caso de la información de delitos o accidentes esto se multiplica y se dramatiza. Se produce así la sensación, muy bien estudiada y practicada, de la existencia de altos índices de este tipo de hechos, que son desmentidos por la investigación de la Corte Suprema. Creo que empieza así a quedar más clara la afirmación del Ministro de la Corte que está en el título de estas notas.
Como resultado de este tipo de técnicas informativas, nuestra sociedad ha estado cayendo en una suerte de paranoia colectiva. Esto se traduce en el hecho de sentirse perseguido, de mirar hacia atrás varias veces mientras caminan por una calle oscura. Esta sensación es un legado que los medios poderosos internacionales elaboran sin escrúpulos de ninguna naturaleza. En la sociedad del capitalismo salvaje el lucro  es el principal objetivo,  excluyente de cualquier otro, en empresas de las dimensiones que han adquirido los dedicados a la comunicación. Son ellos quienes fijan las políticas a implementar en el mercado comercial. Reglas inviolables del juego de la competencia entre empresas. Lo que se ha aprendido en este negocio es que la inseguridad vende.
Es necesario educar al consumidor informático en el ejercicio de una mirada crítica, para permitir un filtro que no acepte sin más la mercancía que se le ofrece. No intento decir que esto sea sencillo y de rápida solución, lo señalo como una necesidad. Sin embargo, mucho se ha avanzado sobre la ingenua credulidad de ese público. Además el tema tiene ya su historia que fue abriendo brechas en la confianza colectiva. A comienzos de la década del cuarenta aparece una frase enunciada por Orson Welles[1] (1915-1985) en su gran película El ciudadano: “Los medios de información no dicen la verdad”. No debe entenderse esto como un rechazo a la información mediatizada, la sociedad de masas no ha encontrado otro modo de seguir los acontecimientos en un mundo globalizado. Lo que se puede esperar es una actitud más analítica que ponga en cuestión todo lo que recibe y lo confronte con otras fuentes informativas. Hoy internet es un camino de acceso hacia la prensa digital alternativa.
Acá debo incorporar un concepto derivado de la inteligencia militar: la desinformación. El uso coloquial le otorgó a este vocablo una acepción ingenua que la convierte en sinónimo de no estar informado. Sobre este concepto nos dice Wikipedia:
La desinformación es la acción y efecto de procurar en los sujetos el desconocimiento o ignorancia y evitar la circulación o divulgación del conocimiento de datos, argumentos, noticias o información que no sea favorable a quien desea desinformar. Habitualmente se da en los medios de comunicación, pero estos no son los únicos medios por los cuales se puede dar una desinformación. Puede darse en países o sectas religiosas que tienen lecturas prohibidas, gobiernos que no aceptan medios de oposición o extranjeros, naciones en guerra que ocultan información.
El periodista español Pascual Serrano, creador de una página digital, rebelión.org, nos advierte:
La mayoría de los ciudadanos considera que, después de leer la prensa o ver los telediarios, está informada de la actualidad internacional. Sin embargo, la realidad dista mucho de ser la imagen unívoca ofrecida por los medios.
En un libro reciente, cuyo título es Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo, que lleva ya ocho ediciones, ofrece una incisiva investigación mediante la cual desentraña el funcionamiento de los grandes medios de masas para hacernos comprender que la desinformación es una constante:
Lo que creemos que está sucediendo en el mundo es sólo una falsa composición al servicio de unos intereses que van, poco a poco, conformando la opinión pública.
La obra, además, propone técnicas y hábitos de lectura para fomentar una nueva actitud, independiente, ante la información, y promover así una ciudadanía resistente a la manipulación.


[1] Director, productor, guionista y actor de cine estadounidense. Su película El ciudadano (1941) representó la vida de un magnate de la prensa estadounidense, William Randolph Hearst, quien manejaba y manipulaba la información pública según sus intereses.