domingo, 12 de agosto de 2012

Reflexiones finales


Es posible que algún lector, poco habituado a visitar los márgenes del espacio comunicacional, por donde circula una importante cantidad de información alternativa, se sorprenda. Y tendrá sus razones si se pregunta: ¿por qué, si todos los profesores, investigadores, periodistas, pertenecientes a las instituciones más importantes del sistema-mundo, se han expresado de ese modo el “ciudadano de a pie” no se enteró? La respuesta es sencilla, pero dura: existe un control sobre la información ejercido por los poderes internacionales que lo impiden. Pero, a medida en que se profundice la crisis estructural y no sea ya posible ocultarla y si, además, este proceso es acompañado por una actitud de compromiso por parte de ese “ciudadano” que quiera saber más dejando atrás el escepticismo paralizante, se irá corriendo el telón que oculta el verdadero escenario del mundo global.
Es esa precisamente la intención de estas páginas. Ir abriendo una brecha de luz que haga más claro el panorama de la realidad actual. Es que los tiempos se están acelerando, los riesgos que décadas atrás podían parecernos lejanos hoy se han comenzado a asomar por sobre el horizonte. El profesor Alejandro Nadal lo  pinta de este modo:
No hay pausa para respirar. El capitalismo vive a través de mutaciones patógenas continuas. Es como si se tratara de un enfermo que en momentos de aparente buena salud estuviera preparando los momentos de graves convulsiones. No hay que caer en una visión reduccionista. No todas las crisis son iguales, ni tuvieron las mismas causas. El desarrollo del capitalismo es un proceso contradictorio y por ello ha tenido fases de relativa prosperidad. Precisamente en esas etapas de estabilidad se gestan las mutaciones que conducen a más crisis. Es fácil observar que la crisis es el apellido del capitalismo: no existe un mecanismo de ajuste que permita solucionar el problema de la inestabilidad de las funciones de inversión y de preferencia de liquidez en una economía monetaria de tal manera que se alcance una situación de pleno empleo. El punto es este: no es que no funcione el mecanismo, sino que no existe. Definitivamente, la visión ingenua sobre el capitalismo debe ir a reposar en el museo de los mitos curiosos. Se desprende una importante tarea política e histórica para la izquierda, la única fuerza capaz de cuestionar las bases del capitalismo. (subrayados RVL).
La pregunta que surge de inmediato es ¿entonces qué? ¿cuál es el sistema que debe reemplazarlo? La respuesta que hoy tenemos a la mano tiene varios aspectos: 1.- Los cambios históricos no se produjeron porque estaba listo en ese momento el sistema de reemplazo; por el contrario, porque el viejo ya no funcionaba ni daba respuestas a las nuevas necesidades se desmoronó; por esa razón fue posible comenzar a construir lo nuevo. 2.- Afirmado esto, debemos comprender que la pasividad de partes importantes de la población global es un fuerte impedimento para poder avanzar hacia una sociedad más equitativa.
Tomar conciencia de la necesidad de convertirnos en protagonistas de la política, en todas sus dimensiones, que comienzan por formas precarias de organización en las cuales se pueda debatir entre los “ciudadanos” qué mundo se desea y qué caminos posibles hay para transitar hacia él es uno de los primeros pasos. Nos debe empujar el saber que los poderosos de todos los tiempos nunca hicieron fácil ese tránsito. Es que ello supone poner en riesgo le preservación de privilegios insoportables e injustificables.
Sin embargo queda un problema que no ha tenido respuesta hasta aquí. Si el capitalismo no puede ofrecer ninguna salida ¿qué ocurre con la democracia? Intentaré algunas reflexiones en próximas notas.