miércoles, 13 de febrero de 2013

El amor en los tiempos de la globalización VI



   Dejé anotado anteriormente que Ulrich Beck y Elisabeth Beck-Gernscheim investigaron, analizaron y pensaron el amor a distancia, lo habían hecho desde la experiencia socio-histórica de la Europa de fines del siglo XX y comienzos del XXI, y que ello daba a sus resultados un grado de regionalismo cultural que no debía perderse cuando se los leía, aun en plena globalización. Al haber recurrido a Erich Fromm debe recordarse esta misma advertencia, más un agregado importante: sus trabajos están separados por más de medio siglo respecto del libro que estamos analizando. Estos cincuenta años de distancia colocan en sus polos a dos Europas muy distintas (dos mundos muy distintos).
El comienzo de la segunda mitad del siglo pasado en Europa mostraba una capacidad de reconstrucción económica, con sus repercusiones en otras dimensiones sociales, que alentaba esperanzas de recuperar viejos esplendores. Si bien las heridas de la guerra no estaban totalmente cicatrizadas, no parecían ser un obstáculo en la tarea de la restauración. Sin embargo, la importante presencia cultural estadounidense, por la vía del Plan Marshall, iba tiñendo ese proceso de un tono yanqui. No era fácil dejar atrás el peso de siglos de cultura arraigada en sus orígenes modernos, pero una curva de desvío comenzaba a percibirse. Esto se manifestaba en las quejas de intelectuales que reclamaban por esa intromisión cultural. De todos modos, Europa seguía siendo todavía Europa.
Las últimas tres décadas de presencia de la cultura neoliberal, en su expansión planetaria, pasaron como un vendaval sobre el suelo cultural europeo y causaron graves daños que se pudieron percibir con claridad a comienzos de este siglo. Subrayo daños, como figura metafórica, para patentizar el cuadro humano que describen los autores que estamos siguiendo. Pensar la cultura debe ir acompañado de hacerse cargo de las implicancias que sus vicisitudes van tallando en la subjetividad de sus habitantes. Es cierto que esto no se da como un modelo estándar y que cada quien lo metaboliza como quiere y como puede, pero hay rasgos comunes que nos abren a la comprensión de la temática que analizamos.
El europeo de esta década se parece bastante poco al de los cincuenta: en aquella época, hubiera sido impensable leer las cosas que nos ofrecen los autores. La sorpresa y el horror que habrían provocado, rozarían el escándalo. Esto puede hacerse extensivo al resto del planeta, con los matices correspondientes. Un ejercicio que propongo, como para ponernos en clima de comparaciones: imaginemos a nuestros padres y/o abuelos leyendo, en aquellos años, lo que contiene este libro, y podremos tener una vivencia cercana de lo que comento. La comparación también puede ser útil en la relación entre los autores (Fromm y los Beck) para comprender la distancia que se aprecia en sus afirmaciones. Volvamos ahora al amor a distancia:
Tanto el amor cercano como el lejano tienen sus propagandistas. Unos recomiendan el amor a distancia, como terapia contra las decepciones del amor en proximidad; otros alaban las virtudes del amor en proximidad, contra las decepciones del amor a distancia. Es incuestionable, sin embargo, que el amor a distancia tiene sus ventajas, especialmente cuando los miembros de la pareja lo adaptan a sus necesidades y deseos. Hay incluso quien afirma que la cercanía no es más que un mito. La proximidad amorosa que anhelan los amantes a distancia –aseguran– no queda asfixiada por la rutina de la vida diaria. Demasiada cercanía mata el amor. La lejanía lo mantiene vivo. Descarga a los amantes de las exigencias y sobre-exigencias de tener que amarse siempre y explícitamente. Hace posible lo imposible, concilia los opuestos, cercanía y distancia, vida propia y común.
Sigamos con el ejercicio: ¿qué hubieran dicho aquellas personas al leer este texto? Es muy probable que, de haberlo comprendido, lo hubieran rechazado por antisocial, inmoral, impúdico, etc. Sin embargo, hoy estamos ante este cuadro social y, si nos molesta, nos inquieta, nos desacomoda, seguimos pensando en cómo se ha podido llegar a estas consecuencias, en caso de que no nos mostremos entregados y con los brazos caídos aceptándolo como algo inevitable. Todas esas actitudes son hoy posibles y aceptables. Esto tampoco hubiera sucedido antes.