domingo, 3 de febrero de 2013

El amor en los tiempos de la globalización III



Hablé antes de los cambios en las subjetividades y ya nos estamos enfrentando a prácticas sociales que a muchos de nosotros nos incomodan, nos sorprenden o rechazamos, puesto que tocan zonas de nuestra intimidad a las que no estamos en condiciones de adaptarnos. Pero es evidente que las nuevas generaciones tienen una predisposición a explorar modos de relación que, si bien no se convierten en sus modelos, no les provoca rechazo ver de qué se trata y qué se siente. Las nuevas condiciones que impone el amor a distancia, según nuestros investigadores, son:
La búsqueda de pareja por internet se desvincula del espacio y del tiempo. Es posible más allá de la ciudad, a cualquier hora. La fluidificación del espacio, fenómeno que se observa en las ciudades, se traslada también al campo. Los excesos de la noche no caracterizan ya sólo a la vida nocturna. Las personas se encuentran con mayor número de personas, los rostros se suceden aún más deprisa. Internet implanta en todos la idea de “posibilidades ilimitadas”. Y también el que no busca pareja sexual o amorosa vive su mundo como el de Internet. Conoce las posibilidades. Sabe lo que hacen otros. Tiene imaginación.
Aparece un aspecto que debe atenderse como advertencia para detectar cómo se inician estas nuevas  modalidades. Si bien no todos buscan parejas, saben qué hacen otros, y se van acomodando a estas modificaciones sociales que tienen su correlato en el perfil de las nuevas subjetividades. Si hablé antes de incomodidades y hasta rechazos, vemos ahora que, aunque no se inicien en las nuevas prácticas, las tienen como posibilidades que existen y están a la mano para cualquier intento de experiencias diferentes. Es decir, las nuevas posibilidades, por conocidas, integran el abanico de ofertas disponibles. El solo saber de su existencia cambia la actitud subjetiva, incorpora, como otro tipo de modalidad, esas prácticas, que ya no incomodan ni provocan rechazos. Es una forma de aceptación que denota un cambio. Las relaciones a distancia se convierten de este modo en prácticas existentes aceptadas como parte de la normalidad. Sigamos leyendo para ver en qué medida la subjetividad actual es diferente de la de no tanto tiempo atrás:
No solo es novedosa la multiplicación hasta el infinito de las posibilidades de encuentro entre personas. Con el amor a distancia, también cambia el ámbito en el que se despliega el anhelo amoroso, lo que el amor significa para el deseo, lo que puede y no puede, la sensualidad del amor, la relación entre amor, sexualidad, intimidad, la relación entre amor y vida cotidiana, amor y trabajo. Vivir la variante geográfica del amor a distancia significa creer en la posibilidad de una intimidad y afectividad intensas entre personas que durante largos períodos no pueden mantener relaciones sexuales.
Yo debo confesar que mi imaginación no alcanza a comprender la aceptación de relaciones de ese tipo. Porque se me presentan una cantidad de interrogantes para los cuales no encuentro respuestas. Por cómo lo describen los autores (ambos son de mi generación), me hace pensar que tampoco ellos se encuentran cómodos con lo que van descubriendo. Se percibe en el modo de decirlo: «Significa creer en la posibilidad de una intimidad y afectividad intensas entre personas que durante largos períodos no pueden mantener relaciones sexuales» (subrayados míos). Una pregunta que se me presenta es: ¿qué clase de pareja se forma? La respuesta que ofrecen es:
En el amor mediado por las tecnologías de la comunicación, en el amor por teléfono o Internet, debe renunciarse a muchas formas de sensualidad. Tiene que salir adelante sin contacto físico de las manos, la piel, los labios, sin un verdadero encuentro de las miradas, sin que los implicados puedan llevarse mutuamente al éxtasis del orgasmo. Queda la sensualidad de la voz y el lenguaje, del contar y escuchar, del ver y ser visto. El amor en proximidad puede ser o tornarse silencioso; en cambio, el estímulo y sostén del amor a distancia en su variante  geográfica radica única y exclusivamente en el lenguaje y la mirada.

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