domingo, 17 de febrero de 2013

El amor en los tiempos de la globalización VII



Salgo al cruce de algún lector que pueda decirme: «¿Qué tiene todo esto de malo? Cada cual vive como quiere y como puede. ¿Quién tiene derecho a juzgar las conductas de los otros? Hemos avanzado lo suficiente como para hacer con nuestras vidas lo que nos plazca». Debo contestarle que le reconozco el derecho a pensar así, pero que no lo comparto totalmente. La libertad es un tesoro humano, el fundamento de nuestras diferencias en el reino animal, pero esa libertad debería ser utilizada en la construcción de un mundo justo y equitativo que le otorgue a cada persona todas las posibilidades para decidir cómo quiere vivir.
Amigo lector, ¿cree usted que este mundo de hoy las ofrece, que todos tienen a su alcance el hacer lo que desea? ¿No encuentra usted impedimentos serios para alcanzar una vida feliz, compartible, que satisfaga esos deseos? No niego que una parte (pequeña) de la población del planeta pueda lograr el ingreso en ese mundo feliz (aunque tengo mis dudas); pero…, y la inmensa mayoría ¿puede lograrlo? ¿No habrá allí escollos estructurales que impiden al acceso a esa mayoría? Por otra parte, la aparente felicidad de que disfrutan algunos, según hemos estado viendo, ¿no será el resultado de las limitaciones para percibir algunos resultados patológicos a que dan lugar esas nuevas formas de relación social y sentimental?
Los autores comentan, mordazmente, la disparidad de comentarios relacionados con los temas que han ido apareciendo y que recogen al respecto:
Tales diagnósticos encierran sin duda un núcleo de verdad: el amor a distancia no descansa únicamente en la separación entre amor y sexualidad, sino también entre amor y vida cotidiana. El amor a distancia es como el sexo sin tener que lavar después la ropa de cama, como comer sin fregar los platos, como un tour en bicicleta sin sudor ni dolor de piernas. ¿Quién echaría ahí algo de menos?
El abanico de experiencias que muestra la vida cotidiana, en esta etapa de la cultura moderna, permite tomar conocimiento de la amplia gama de variaciones personales, de historias y biografías disímiles, que no pueden ignorarse dentro del cuadro analizado. Insisto aquí en la necesidad de aguzar el ojo para diferenciar, dentro de él, las patologías, que en algunos casos aparecen y de las cuales la consulta terapéutica ha dado prueba, y excluirlas como tipos de vida aceptables:
Caracteres difíciles, personas que han estado solas durante mucho tiempo y les resulta muy difícil la convivencia,  celos, infidelidades, machismo, distintos criterios a la hora de educar, incompatibilidades, diferencias culturales, problemas económicos que resultan en discusiones y problemas cotidianos, desempleo y su repercusión a todos los niveles son los principales conflictos que suelen darse en las parejas.
Como un comentario que propone una síntesis transitoria para ir dando un marco de valoración a lo ya visto, sostienen:
Pero el amor a distancia no es la receta de la felicidad eterna, ni traslada a sus cultivadores a la Isla de los Bienaventurados, mientras la mayoría de las parejas de nuestro entorno se enfanga en sus rutinas. No pueden pasarse por alto los peligros a los que lo expone quedar exonerado de la vida cotidiana. Por ejemplo, que el autorretrato no nos presente a nosotros mismos, sino una versión corregida de nuestra persona. O, a la inversa, el peligro de transfigurar al compañero, de elaborar una imagen idealizada de él que no aprobaría el test de la realidad. Desde este punto de vista, amar a distancia equivale a aprender a soñar. El amor a distancia es el amor de un yo festivo por un otro festivo, purificado de la banalidad de la vida cotidiana. Cuando uno no tiene que entenderse con su compañero en las normas relativas al orden doméstico o en las terribles dificultades asociadas a las visitas familiares, se libera de numerosas obligaciones. Pero cuando solo se vive fragmentariamente al otro, y muchos aspectos de su vida solo se conocen a través de sus narraciones –o lo que es lo mismo, cuando múltiples conflictos potenciales quedan ocultos– falta el aterrizaje. Y la fantasía puede llegar demasiado lejos. El amor a distancia puede ser engañoso.