domingo, 23 de junio de 2013

La decadencia de Occidente II



Estas consideraciones cobran especial importancia por la publicación de un informe confidencial del gobierno de los Estados Unidos, que se elabora cada cuatro años para definición de las políticas públicas de la Casa Blanca. El Director del mensuario Le Monde Diplomatique, el doctor Ignacio Ramonet[1], publicó en el periódico mencionado un artículo en el que analiza ese informe[2]. La sorpresa la genera el pronóstico que contiene, respecto a sus proyecciones para las próximas décadas:
La principal constatación es el declive de Occidente. Por vez primera, desde el siglo XV, los países occidentales están perdiendo poderío frente a la subida de las nuevas potencias emergentes. Empieza la fase final de un ciclo de cinco siglos de dominación occidental del mundo. Aunque los Estados Unidos seguirán siendo una de las principales potencias planetarias, perderán su hegemonía económica en favor de China. Y ya no ejercerá su “hegemonía militar solitaria”, como lo hizo desde el fin de la Guerra Fría (1989). Vamos hacia un mundo multipolar en el que nuevos actores (China, la India, el Brasil, Rusia, Sudáfrica) tienen vocación de constituir sólidos polos continentales y de disputarle la supremacía internacional a Washington y a sus aliados históricos (Japón, Alemania, Reino Unido, Francia).
El tema es de suma importancia por lo que es ocultado para la información pública. Poderosos intereses internacionales impiden que en los grandes medios aparezcan este tipo de análisis. Por su importancia, voy a apoyarme en comentarios publicados hace algunos años por una personalidad académica de mucho prestigio: el doctor Jorge Beinstein[3], en La viabilidad del postcapitalismo (Rebelión, 08-08-2004). Entonces afirmaba:  
Las actuales turbulencias de la economía mundial forman parte de una crisis crónica iniciada a comienzos de los años 1970, una de cuyas expresiones más notables ha sido la tendencia de largo plazo a la caída de la tasas de crecimiento productivo global, en especial en los países centrales. La magnitud alcanzada por dicha crisis se combina con la declinación norteamericana ante la que no aparecen en el futuro previsible potencias de reemplazo; Japón lleva ya casi de tres lustros de estancamiento y la Unión Europea está acosada por el déficit fiscal, la desocupación y la asfixiante interpenetración económica con Estados Unidos. A lo que se suma la inviabilidad económica de amplias zonas de la periferia, algunas de las cuales ya han colapsado o están muy próximas al desastre. El subdesarrollo ha dejado de ser desarrollo subordinado, caótico-elitista, complemento de las necesidades de los países centrales para convertirse en depredación de fuerzas productivas, aniquilamiento de poblaciones.
El diagnóstico no muestra atenuantes y describe con claridad el proceso que había comenzado, según sus análisis, en la década de 1970. Estas afirmaciones han sido acompañadas por otros analistas que coinciden en esa apreciación. Esta caracterización impone una serie de temas que los presenta de este modo:
El debate aparece dominado por dos interrogantes decisivos: ¿ha entrado el mundo burgués en un proceso de decadencia?; ¿existe capacidad humana real para superar esa decadencia? La primera pregunta está asociada al tema de la hegemonía del parasitismo financiero y, en consecuencia, al potencial de regeneración del capitalismo; la segunda, al de la posible irrupción de masas insurgentes con fuerza cultural suficiente como para desatar el proceso de abolición de la modernidad occidental.
Diez años después de haber sido escrito este artículo, Beinstein podría seguir formulando estas preguntas que no encontrarían hoy mejores respuestas que entonces. Esto muestra que la vertiginosidad que han adquirido los procesos históricos no han mejorado los modos de sus resoluciones. ¡Tantas veces la Historia se ha demorado en abrir paso a los nuevos caminos! Para una mejor comprensión de cómo se ha estructurado el entramado socio-político-económico del capitalismo del siglo XX, nos propone una síntesis:
El capitalismo aparece entonces como un sistema de dominación con vocación planetaria que se concretó hacia fines del siglo XIX cuando, salvo raras excepciones, el mundo estaba compuesto por países occidentales, colonias y semicolonias de Occidente. En ese momento, de expansión territorial máxima, se produjo el paso decisivo en la occidentalización del mundo... pero también comenzó la mutación parasitaria del sistema, la marcha irresistible del capital financiero hacia el poder total en el capitalismo, que se extendió durante más de un siglo con altibajos, hasta su desarrollo aplastante desde comienzos de los años 1970.


[1] Una de las figuras principales del movimiento antiglobalización. Es doctor en Semiología e Historia de la Cultura por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), de París y catedrático de Teoría de la Comunicación en la Universidad Denis-Diderot (París-VII). Especialista en geopolítica y estrategia internacional y consultor de la ONU, actualmente imparte clases en la Sorbona de París.
[2] Puede consultarse en esta misma página web, cuyo título es El mundo en el 2030.
[3] Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Franche Comté, Besançon. Especialista en pronósticos económicos y economía mundial, consultor de organismos internacionales y director de numerosos programas de investigación. Titular de cátedras de economía internacional y prospectiva, tanto en Europa como en América Latina. Es profesor titular de la Universidad de Buenos Aires (Cátedra "Globalización y Crisis")