domingo, 11 de agosto de 2013

La Doctrina Social de la Iglesia y el pensamiento político moderno II



Se torna imprescindible, entonces, recuperar los conceptos que quedaron escritos en los documentos de la Iglesias y en la voz de muchos de sus representantes a lo largo de siglos. Un tema central, para comenzar a pensar la cuestión social y política, es el concepto y función de la propiedad privada. La claridad que se puede encontrar, a lo largo de la historia, en el tratamiento de esa problemática, origen de tantas injusticias, mantuvo una coherencia doctrinaria que  merece ser recuperada. Tal vez, esto pueda convertirse en un descubrimiento y sorprender a muchos. Es por ello que todo ese caudal doctrinario debe contraponerse a los comportamientos políticos de las jerarquías, muchas veces alejadas de lo que se sostenía en las expresiones de los documentos. El teólogo católico José Sols Lucia[1], profesor de la Universidad Ramón Llull de Barcelona, lo plantea con claridad:
Pocos conceptos del discurso social cristiano han recibido un grado tan alto de manipulación colectiva como el de "propiedad". La práctica eclesial ha acabado siendo a menudo el polo opuesto a lo formulado en sus escritos oficiales de Doctrina Social, no digamos ya a lo formulado en el Antiguo y el Nuevo Testamento. Al mismo tiempo, la inmensa mayoría de los católicos no tiene ni remota idea de lo que la Iglesia ha estado afirmando acerca de la propiedad durante veinte siglos. ¿Por qué tanta ignorancia precisamente en este punto? ¿Por qué tanto silencio? ¿Por qué tanta incoherencia?… De entrada, resulta significativo que, al decir "propiedad", nos salga espontáneamente decir, como si de una sola palabra se tratase, "propiedad privada". Parece que la propiedad sólo pueda ser privada, que nos cuesta imaginar otros tipos de propiedad. Pues resulta que hay muchos tipos de propiedad, y la privada sólo es uno de ellos. Que unamos "propiedad" a "privada" forma parte de la manipulación semántica en que vivimos.
Vamos a seguir, en estos primeros pasos, a este teólogo para mostrar los contenidos doctrinarios que tantas veces confrontan con “la práctica eclesial” y que dan lugar a las preguntas que él formula. Lo que puede parecer sorprendente es que si nos ciñéramos a una exposición de las afirmaciones doctrinarias de la Iglesia respecto del concepto de propiedad esto podría resumirse en pocas líneas. Sería suficiente citar algunos documentos para demostrarlo. Es que el problema no radica en las declaraciones doctrinarias sino, como afirma el profesor, «en su disolución en la realidad histórica». Por ello, como aporte al conocimiento para un tipo de lector que no ha tenido acceso a esta literatura, voy a citar textos que abarcan más de treinta siglos de historia: desde lo escrito en el Antiguo Testamento (siglo X a. C.), pasando por los Evangelios (siglos I y II d. C.), las expresiones de los llamados los Primeros Padres de los siglos II al IV de nuestra era, hasta los últimos documentos del magisterio eclesial. Trataré de convertir esto en un texto llevadero, para no perder la riqueza que no debe quedar sepultada[2].
Debo volver a afirmar, para evitar erróneas interpretaciones, que el propósito de estas páginas es aportar, desde una perspectiva de la filosofía política, un análisis de los diversos textos de la historia de la Iglesia y de sus antecedentes hebreos. Recurrir a esos textos no pretende más que sacar a la luz contenidos fundamentales del pensamiento social que pueden aportar conceptos y criterios novedosos, a pesar de su antigüedad, para analizar y revisar los problemas sociales, políticos, económicos, culturales, etc., de nuestra realidad de hoy que fueron pensados en otros tiempos y que guardan una sabiduría vigente que no debería ser desaprovechada.
Al comenzar por el Antiguo Testamento debemos tener en cuenta que sus partes han sido escritas en un periodo que va desde el siglo X hasta el VI a. C., recogiendo una larga tradición oral de más de diez siglos. Es una serie de documentos históricos, dentro de los cuales se puede encontrar una narración de la historia del pueblo hebreo, sin perder de vista que se expresan en las formas literarias de una época muy distantes de nuestra exigencia de verificación documental. Hay en ellos diversos géneros literarios que deben ser leídos como tales, para no exigirles un lenguaje inexistente entonces. Sin embargo, el esfuerzo de comprensión para recuperar lo trasmitido, nos posibilitará un acceso a la vieja sabiduría si nos despojamos de los prejuicios científicos de nuestra época.


[1] Maestría en Historia por la Universidad de Barcelona, Maestría en Filosofía en la Facultad Eclesiástica de Filosofía de Cataluña, octorado en Filosofía y Teología por el Centre Sèvres, Paris.
[2] Algunos de los textos citados están tratados con mayor amplitud en mi libro El problema del trabajo, la propiedad privada y el capital, EDIUNS, 2007.