miércoles, 7 de mayo de 2014

La democracia en peligro XII



Espero no se convierta ésta en una nota muy pesada por la abundancia de citas.  Sin embargo, el tema es de tal gravedad, seriedad y profundidad, que es imprescindible basarnos en la palabra de personas cuyos antecedentes permitan establecer un cimiento sólido a esta investigación. Y esta necesidad se impone porque tales afirmaciones deben enfrentar la prédica sesgada de los grandes medios internacionales. David Brooks nos remite a otra personalidad incuestionable, profesor consulto del Instituto Tecnológico de Massachusetts, una de las diez mejores universidades de los Estados Unidos, Noam Chomsky:
Chomsky desde hace tiempo advirtió que, en la práctica, hace tiempo que esto no puede considerarse una democracia. Indica que sólo se tiene que observar que la cúpula política casi siempre obra en contra de los intereses de las grandes mayorías, y que logra esto manteniendo el disfraz de una democracia a través de una prensa subordinada y la industria de relaciones públicas. En un discurso, la semana pasada, Chomsky relata que algunas de las encuestadoras de mayor prestigio han llegado a la conclusión de que “aproximadamente 70 por ciento de la población –70 por ciento inferior en la escala de riqueza/ingreso– no tiene ninguna influencia sobre las políticas (del país). Están efectivamente privados (de la participación democrática). Al subir la escala de riqueza/ingreso uno tiene cada vez más influencia sobre las políticas. Cuando uno está en la cima, lo que es tal vez una décima parte del uno por ciento, la gente esencialmente obtiene lo que desea, eso es, determinan las políticas. Entonces el término apropiado para eso no es democracia; es plutocracia”.
Para definir la importancia de cómo funciona el poder, recurre a la expresión de un prestigioso exprofesor de la Universidad de Harvard (1927-2008), Samuel Huntington, quien lo definió como un principio científico: «que el poder se mantiene fuerte cuando permanece en lo oscuro. Expuesto a la luz del sol, empieza a evaporarse». La evidencia de lo sostenido se apoya en que ya «no son sólo algunos periodistas furiosos e intelectuales públicos de la talla de Chomsky quienes están advirtiendo que la democracia estadunidense esta anulada».
Agrega después expresiones del expresidente del Partido Demócrata, Jimmy Carter, quien al hablar en un foro a puerta cerrada el mes pasado, abordó el tema del espionaje y las violaciones de derechos humanos que implica. Según Der Spiegel, la prestigiosa revista semanal de Europa y la más importante de Alemania, dijo «que Estados Unidos no tiene una democracia funcional en este momento». En otra entrevista de semanas antes, había afirmado públicamente: «Aunque Snowden violó la ley al filtrar información secreta, yo pienso que la invasión de derechos humanos y la privacidad estadounidense ha llegado a un punto extremo… creo que esta invasión de privacidad ha sido excesiva».
Continúa la lista de citas provenientes de personalidades respetables. Para el influyente comentarista afroestadunidense, Tavis Smiley, escribió en el Washington Post:
La pobreza está amenazando a nuestra democracia; es ahora asunto de seguridad nacional. Como dijo (Martin Luther) King, la guerra es el enemigo de los pobres… E igual como King vivió bajo vigilancia constante, nuestro gobierno ahora parece estar espiando a todos nosotros.
Otro destacado intelectual público, profesor de Historia e investigador estadounidense de la Universidad de Míchigan, Juan Cole, ofreció un comentario sencillo en su influyente blog Informed Comment:
Crear una dictadura requiere hacer una lista incluyendo clasificar como secreto todo crimen gubernamental y violaciones de la Constitución; espiar al público en violación de la Constitución; “criminalizar aún más a denuncias (de abusos del gobierno) como ‘terrorismo’” y criminalizar como espionaje la revelación de crímenes de espionaje del gobierno.
Termina su nota afirmando que la cúpula política de los Estados Unidos repite constantemente que «todo lo que hace tanto en el terreno de seguridad nacional como en sus políticas económicas y sociales es en nombre de la defensa de la democracia y la libertad y del sueño americano aquí y en el mundo». Y se pregunta: ‹‹ ¿Pero se puede defender la democracia en secreto y actuando como si el pueblo y los defensores de las libertades civiles y los disidentes fueran el enemigo?››.