domingo, 25 de mayo de 2014

La democracia en peligro XVII



Nuestras ideas sobre lecturas de periódicos, novelas, películas nos han presentado un panorama estrictamente militar: operaciones de combatientes equipados en los últimos tiempos con mucha tecnología. Pero todo ello quedó muy atrás en las concepciones actuales de la guerra. Ahora es un concepto multidimensional que abarca un amplio espectro de modalidades, instrumentos, terrenos de operaciones, frente enemigos, muchas veces, difusos.
Nikolái Zlobin (1958), politólogo ruso, periodista e historiador, lleva más de 20 años viviendo y trabajando en los Estados Unidos. Después de una larga carrera en el mundo académico, emergió como comentarista líder en las relaciones ruso-estadounidenses. Actualmente, se desempeña como presidente del Centro sobre los Intereses Globales en Washington, DC. En junio de 2013, publica sobre este tema un artículo titulado Crece la importancia del poder blando en el mundo. En él, dice:
Pocos discutirán el hecho de que los estados soberanos van perdiendo poco a poco su capacidad de monopolizar la gestión de los procesos principales en sus propios territorios. La economía mundial es un fenómeno cada vez más global, interconectado y ramificado en el que es muy difícil, y en ocasiones imposible, establecer fronteras entre las distintas economías nacionales. Hace tiempo que los medios de comunicación han dejado de prestar atención a las fronteras entre estados y se han convertido en un sistema auténticamente global. Del mismo modo que se reduce el papel del estado tradicional y se erosiona el concepto de soberanía, la diplomacia clásica entre países empieza a ser cosa del pasado.
Este politólogo nos induce a tomar nota del estado en que ha devenido el viejo concepto de soberanía nacional para los pensadores del centro del mundo. Ellos devalúan el concepto de fronteras nacionales, puesto que piensan el mundo global como un territorio en disputa entre las potencias, por lo tanto, un campo de combate. Si bien el poder militar es el último recurso, ya hemos visto el variado equipamiento disponible para estos menesteres. Consideremos más.
Otro pensador del Norte, el geopolitólogo y profesor estadounidense, Joseph Samuel Nye, Jr. (1937), cofundador, junto con Robert Keohane, de la teoría del neoliberalismo en las relaciones internacionales. Fue también otro de los creadores de la teoría del “poder blando”. Su noción de "poder inteligente", que se hizo popular, le otorga al concepto un carácter más profesional e intelectual. Es también profesor de la Universidad de Harvard, en la que fue decano en la Kennedy School of Government (Escuela Kennedy de Gobierno). Analiza el concepto de poder:
El poder adopta muchas formas, y el poder blando no es debilidad. Es una forma de poder, y cometer el error de no incorporarlo a nuestra estrategia nacional es un grave error. ¿Qué es el poder blando? Es la habilidad de obtener lo que quieres a través de la atracción antes que a través de la coerción o de las recompensas. Surge del atractivo de la cultura de un país, de sus ideales políticos y de sus políticas. Los americanos —y otros— afrontan un desafío sin precedentes que proviene del lado oscuro de la globalización y de la privatización de la guerra que ha acompañado al desarrollo de las nuevas tecnologías. A medida que compartimos inteligencia y aptitudes con los demás, desarrollamos perspectivas y aproximaciones comunes que mejoran nuestra habilidad para lidiar con los nuevos desafíos. El poder fluye de esa atracción. Subestimar la importancia de la atracción como mera popularidad efímera es ignorar cuestiones clave de las nuevas teorías del liderazgo así como las nuevas realidades de la era de la información.
Sin embargo, si la atracción no tiene la capacidad atribuida, quedan los instrumentos de guerra para desgastar hasta derrocar a aquellos gobiernos que no entienden las ventajas de entrar en su área de influencia. En esos casos, los que no entendemos debemos pensar el concepto estratégico de golpe blando, aplicado a nuestro continente como el periodista y escritor argentino Luis Bruschtein nos propone:
Consiste en travestir a una minoría en mayoría, amplificar sus reclamos, crispar las controversias y enfrentamientos y desgastar a la verdadera mayoría que gobierna, hasta hacerla caer por medio de alguna farsa judicial como fue en Honduras, o parlamentarista, como en Paraguay o forzando una intervención extranjera como se pretende hacer en Venezuela.
La democracia que se enseña a través  de los manuales no registra todo esto. Sólo se mueve dentro de un marco ideal definido por la teoría, mientras en la realidad sucede todo lo visto.