miércoles, 9 de julio de 2014

El capitalismo y la felicidad humana XII



 En nuestra investigación, nos hemos encontrado con un obstáculo o una restricción contra el pensamiento, señalada por Mateo Aguado, que nos impone pensar la felicidad o el bienestar humano, dentro del marco de la ciencia económica. La rigidez de su metodología cuantitativa le impide profundizar en el alma humana (individual y/o colectiva), al enfrentar la insondable complejidad de sus manifestaciones y su actividad. Colocarse en una posición ética reflexiva, que observa el reparto injusto de bienes más las limitaciones del planeta Tierra, lo llevan a decir:
La asunción por parte del actual modelo hegemónico de que el crecimiento de la economía y su asociada capacidad de consumo es la clave para mejorar nuestro bienestar es una gran falacia. Esta falacia constituye además uno de los mayores obstáculos para alcanzar un bienestar humano sostenible y bien repartido en el mundo, pues a medida que determinadas naciones se hacen más y más ricas no solo no logran mejorar su bienestar, sino que encima –y bajo una realidad planetaria de recursos finitos e de inequidad– contribuyen a un aumento en la privación de recursos para el resto del mundo. Por todo ello, aspirar hoy a lograr un mundo mejor significa trabajar por que las naciones más ricas reduzcan su opulencia aceptando estilos de vida menos ambiciosos y derrochadores en aras de la felicidad global, la sostenibilidad ecológica y la justicia social.
Este investigador publicó una aguda nota cuyo título anticipaba un modo de plantear el problema que nos enfrenta a repensar el tema que venimos tratando: ¿Somos muchos o es que algunos tragan demasiado? (junio de 2014). Préstese atención a cómo logra involucrarnos personalmente evitando que el problema se convierta en un mero juego intelectual. Utiliza como base su comentario sobre un libro de reciente publicación La cuenta atrás (2014) cuyo autor es un científico reconocido, Alan Weisman[1] (1947). Su objetivo central es «alertarnos sobre los peligros que podrían tener para el ser humano y el planeta el desenfrenado crecimiento poblacional que nuestra especie está experimentando»:
Weisman nos avisa que los seres humanos estamos viviendo hoy el más grande y acelerado crecimiento poblacional experimentado en toda la historia de la humanidad. Estamos próximos a alcanzar ya la cifra de 7.200 millones de personas y, según sus propias palabras, cada cuatro días y medio añadimos un millón de personas al planeta, con lo cual podríamos llegar a los 11.000 millones de personas para finales del presente siglo. Sin embargo, antes de dejarnos impactar por esta clase de datos demográficos es conveniente hacerse la siguiente pregunta: ¿realmente somos demasiados? Para responder esta cuestión es necesario remitirse a dos conceptos clave (y profundamente conectados). El primero es la escala; es decir, considerar el espacio sobre el cual esa población en crecimiento se asienta. En nuestro caso nuestro espacio es el planeta Tierra, el único lugar habitable que hasta la fecha conocemos. Y dado que el planeta no crece (es una esfera de unos 12.700 Km de diámetro y así seguirá siendo), resultará imposible para la especie como el Homo sapiens que sí lo haga –indefinida y exponencialmente–. Y es que nada puede crecer sin parar sobre algo que no crece (al menos no sin experimentar durante el proceso un tajante colapso).
Nos encontramos nuevamente ante el debate, ya tratado en páginas anteriores, entre Thomas Malthus y Karl Marx, a mediados del siglo XIX. Ahora el debate adquiere otras características debido al avance de la ciencia. Por tal razón, con los nuevos datos, Aguado nos entrega este análisis:
El segundo aspecto clave para comprender si verdaderamente somos o no demasiados es la presión ejercida; es decir, la presión que sobre la naturaleza de nuestro planeta ejercen esos 7.200 millones de seres humanos. Este asunto tiene que ver, en última instancia, con nuestros comportamientos como especie, con nuestra manera de relacionarnos con el resto y con los ecosistemas. Es decir, más importante que el cuántos somos es el cómo somos (el cómo vivimos).



[1]Licenciado en Literatura en la Northwestern University. Profesor asociado de Periodismo y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Arizona, y de la maestría de Periodismo Internacional. También, profesor de Periodismo en la Universidad de Prescott y en la Universidad de Williams.