domingo, 13 de julio de 2014

El capitalismo y la felicidad humana XIII



 La reflexión de Mateo Aguado sobre el libro de Alan Weisman avanza sobre senderos nuevos y más fértiles para una investigación más profunda y comprometida con lo humano  —entendido como todo el ser humano y todos los seres humanos—, para evitar abstracciones peligrosas que esconden cuotas significativas de racismo y exclusión. Lo importante de estas cifras comparativas es el ensanchamiento del espacio del pensar que provoca:
Por lo tanto, ante la frecuente pregunta de cuántos seres humanos caben en el planeta Tierra, la respuesta lógica es depende. Si todos viviésemos como el ciudadano medio de Haití, por ejemplo, la biocapacidad[1] del planeta podría albergar a más de dos veces y media la población mundial actual, es decir unos 18.000 millones de personas. Si por el contrario aspiramos a que todos los seres humanos vivamos como se vive actualmente en EEUU, la cifra límite que podría albergar la Tierra sin sobrepasar su biocapacidad sería aproximadamente de 1.600 millones de personas (casi 4,5 veces menos del total de personas que hoy pueblan nuestro mundo). Dicho de otro modo, si quisiésemos vivir todos los habitantes del mundo como vive hoy el estadounidense medio, o bien “nos sobrarían” casi ocho de cada diez personas vivas, o bien necesitaríamos 3,5 planetas Tierra más del que tenemos.
Si nos proponemos pensar las cifras que analiza, no como mera cuestión cuantitativa sino como una manera de tomar conciencia respecto de lo que él denomina la biocapacidad del planeta, podemos eludir la crudeza racista y clasista de importantes sectores del poder de los países centrales que crean tremendismo con algunos de esos números, los referidos al límite de la capacidad de habitantes. Estos límites, manejados arteramente, auguran un futuro negro: la necesidad de preparar justificaciones de guerras contra las poblaciones sobrantes. Aunque esta afirmación parezca disparatada, debe saberse que, según algunos planes de Agencias del Departamento de Estado y del Pentágono de los Estados Unidos, son hipótesis en análisis.
La conclusión puede ser rescatable y esperanzadora, si es pensada desde una óptica que privilegie toda la vida humana. De ese modo, obliga a centrar el pensamiento desde un marco más humanitario para la elaboración de una nada sencilla propuesta superadora del problema planteado.
La afirmación de que no se trata sólo de cuantos somos sino de cómo vivimos los que somos; pero,  sobre todo, de cómo lo hacemos los privilegiados que nos encontramos lejos de las carencias básicas, nos coloca ante un problema ético que sí tiene y debe tener respuestas. Los análisis sólo cuantitativos desde hace dos siglos han sido encubridores de esta situación nueva con la cual nos encontramos: Tenemos capacidad para que quepan muchos más, pero asumiendo un estilo de vida diferente y común para todos. Una frase del Mahatma Gandhi[2] (1869-1948) nos ayuda a entender esto: «La Tierra tiene lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos; pero no, para las ambiciones de unos cuantos».
Las ideas aparecidas han mostrado que no deben despreciarse la investigación científica ni las cifras comparativas. Se nos ofrece una síntesis para pensar y repensar la problemática propuesta, sin olvidar que el aporte de los valores éticos le proporciona al pensamiento mayor riqueza y profundidad, y da cabida también a una mirada mucho más humana y respetuosa de todos. Nos deposita, entonces, ante el concepto presentado: estilo de vida. Ya cité en páginas anteriores un trabajo mío[3], en el que se compara el modo de vida de las clases medias urbanas con los modos de la vida de los pueblos originarios.
Sin caer en posiciones indigenistas que encierran mucho de fundamentalismo, ni hacer una defensa cerrada de la cultura burguesa, estamos ante un nuevo camino que debe intentar extraer lo mejor y posible de ambas dentro de un  proyecto abarcador e incluyente en el cual quepan todos. Viene a propósito la famosa frase de los zapatistas: construir «un mundo donde quepan todos los mundos».



[1] La “biocapacidad” o capacidad biológica es la capacidad de los ecosistemas para producir materiales biológicos útiles para los seres humanos, así como para absorber los materiales de desecho generados por sus actividades. Generalmente, se expresa en hectáreas globales.
[2] Abogado, pensador y político indio. Perteneció abiertamente al frente del movimiento nacionalista indio. Instauró métodos de lucha social novedosos como la huelga de hambre.
[3] La subjetividad posmoderna y el buen vivir en la página www.ricardovicentelopez.com.ar.