Si bien debo admitir que el
ejemplo es un poco extemporáneo, correspondiente a una cultura ajena a
nosotros, por lo cual “toda similitud con la vida real es mera coincidencia”
(como se dice en las películas) no por ello tomar nota y reflexionar debe ser necesariamente
una tarea inservible o irrecuperable. Es de tener en cuenta que las tradiciones
orientales acumulan modos y prácticas de vida, algunas veces poco contaminadas
con las desviaciones occidentales, sobre las cuales algo quedó dicho. Agrego,
con un dejo de ironía: sin embargo no
dejan de ser humanos como nosotros, por lo que algo de ellos podemos
aprender. Sigamos a Aguado:
El concepto de la Felicidad Nacional Bruta (FNB) fue
fundado en base a las tradiciones budistas butanesas y, hoy en día, es desarrollado
por el Centro de Estudios de Bután (CBS). Según éste, el concepto de la FNB
está constituido por cuatro pilares básicos: la buena gobernanza, el desarrollo
socioeconómico sostenible, la preservación cultural y la conservación del medio
ambiente. Estos cuatro cimientos fundamentales –construidos a partir de más de
100 sub-indicadores y 33 indicadores– son presentados y monitoreados por el CBS
a través de nueve grandes dominios que, sumados, componen el índice de la FNB:
1) el bienestar psicológico, 2) la salud, 3) la educación, 4) el uso del
tiempo, 5) la diversidad y resiliencia cultural[1],
6) el buen gobierno, 7) la vitalidad de la comunidad , 8) la diversidad y
resiliencia ecológica, y 9) las condiciones de vida .
Debemos tener en cuenta que
estos nueve dominios de la FNB (que combinan tanto aspectos objetivos —como los
ingresos familiares o los niveles de alfabetización— como subjetivos, como la satisfacción con la
vida) vienen a mostrar, más o menos, las condiciones mínimas por cumplirse en
Bután, para que sus habitantes puedan alcanzar una vida feliz. Esto lo lleva a
nuestro investigador a sostener:
Con todo ello, y pese a lo que puedan mostrar los
indicadores clásicos de progreso y desarrollo (como el PIB y el IDH), salta a
la vista que Bután no es un país pobre o subdesarrollado, sino más bien todo lo
contrario. Es un país que realmente se ha preocupado por su pueblo y que, al
fin y al cabo, se ha atrevido a apostar por otro modelo civilizatorio alejado
del capitalismo. Un modelo que pone el centro de atención en aquello que
realmente es el fin último de nuestra existencia: la felicidad.
Todos estos requisitos no
parecen estar hoy al alcance de los pueblos occidentales, fundamentalmente en
la mayor parte de aquellos donde imperan de modo implacable las leyes del mercado. Aguado afirma, con
una ironía dolorosa, cuáles son esos impedimentos:
Ante los tremendos recortes en derechos que actualmente
están sufriendo muchos de los países que se hacen llamar –a ellos mismos–
desarrollados (anteponiendo con este gesto, por norma general, el bienestar de
la banca y de los sectores privados al bienestar de su propio pueblo), cabe
preguntarse quién es aquí el subdesarrollado.
Lo que se pone en juego es una
reflexión profunda y una investigación honesta acerca de una serie de conceptos
que aprisionan el pensar de los analistas e investigadores salidos de las
universidades de Occidente. Desarrollo,
bienestar humano, crecimiento económico (PBI), ingreso per cápita, etcétera, son los conceptos
con los que se intenta resolver la satisfacción de los deseos humanos, sin
percibir que corresponden a una cultura burguesa que piensa y vive con
conceptos de vida materialistas. En este aspecto, Aguado es terminante:
Repensar el concepto de desarrollo es una tarea que lleva
tiempo preocupando a académicos de todo el mundo y que ha configurado toda una
corriente de pensamiento crítico contra-hegemónico. La idea sería la siguiente:
si es éste el desarrollo que nos dicen hay que seguir (un desarrollo capitalista
basado en la desigualdad, la privatización de lo público, los recortes en el
bienestar de la mayoría y la destrucción de los ecosistemas), entonces… ¡hay
que diseñar y promover otro tipo de desarrollo!
[1] El término “resiliencia”, desde el punto de vista emocional/humano, se
refiere a la capacidad de los sujetos o de la naturaleza para sobreponerse a
períodos de dolor emocional y situaciones adversas.
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