miércoles, 1 de octubre de 2014

El juego de las mentiras I



 El lenguaje no es nunca neutro, con mayor razón aún en esta etapa mundial en la que la globalización tuvo como un instrumento privilegiado la manipulación de la información. La condición necesaria para ello fue la concentración de la propiedad en pocas manos. Esas manos fueron muy poco inocentes: pasaron a ser dominio, directa o indirectamente, de las grandes multinacionales. Si he estado escribiendo sobre la mentira voy a cederle ahora la palabra a una personalidad intelectual, académico, docente universitario, de larga trayectoria en el periodismo, quien apunta a un hecho que demuestra que Discepolín no se equivocó con aquella vieja profecía: «Hoy ya murió el criterio, vale Jesús lo mismo que el ladrón».
Washington Uranga[1], en una nota publicada el 11-2-14 que tituló Mentiras y relato, comentó una noticia que pareció haber violado el último límite de lo permitido por la ética profesional:
Quien conoce mínimamente el funcionamiento de los medios periodísticos sabe que la nota principal de la tapa de un diario –máxime de una edición dominical– no puede ser nunca el resultado del desliz o la equivocación personal de un periodista. Ese título es siempre la consecuencia de una decisión editorial de la que participan los máximos responsables del medio. Dicho esto no cabe sino pensar que la especulación –disfrazada de noticia– acerca de una presunta reunión del papa Francisco para promover el “diálogo social” en la Argentina publicada el domingo por el diario La Nación (también se hizo eco Perfil) es una pieza más  de la estrategia de la oposición mediática para instalar el relato de la crisis. Y, más allá de los señalamientos que se le pueden hacer al periodista que firma la nota (avalado también por uno de los columnistas más destacados del medio), existen, sin duda, responsabilidades ineludibles de las autoridades editoriales respecto de conductas profesionales reñidas con la ética.
“Para muestra basta un botón”, dice el adagio popular para indicar que, en muchos casos, no es necesario mostrar todo y que de un ejemplo se puede deducir lo que aún no se ha descubierto. Puede ser riesgosa la aplicación del refrán cuando, por ejemplo, se trata de cuestiones sometidas a la Justicia y para las que se necesitan pruebas para derribar la presunción de inocencia a la que tiene derecho toda persona. Pese a eso el “botón de muestra” suele ser un recurso habitual de los opositores mediáticos. Sin embargo, en el caso de la desmentida reunión en el Vaticano la falsedad quedó a la vista, descubierta y denunciada por todos los supuestos actores y hasta por el propio papa. Y puede servir para mostrar la metodología utilizada por ciertos medios de comunicación y por determinados periodistas para intentar desprestigiar y desacreditar al Gobierno.
Son precisamente aquellos que tanto han insistido en denunciar el “relato oficial” quienes intentan, por los medios que fueren, instalar el “relato de la crisis” para indicar que la Argentina está pasando por un momento caótico, con rumbo incierto y con pérdida de poder político por parte del Gobierno en general y de la Presidenta en particular. Los datos macroeconómicos –incluso los elaborados por economistas que se afilian en la oposición– y políticos –también reconocidos por figuras opositoras– no indican eso. Y muchos titulares apocalípticos de medios impresos y zócalos de televisión no condicen con lo que después se presenta como noticia. Pero “el relato” de la crisis está instalado y se reitera –sin fundamentos a la vista– tratando de imponer aquello de que “algo queda”.



[1] Profesor de la cátedra "Políticas de Comunicación" de la Facultad de Comunicación de la Universidad Javeriana y de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, Colombia, Profesor titular de la cátedra "Planificación de la Comunicación" de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y de la Facultad de Comunicación Social de La Plata. Actualmente es Director de la primera Maestría en Planificación y Gestión de Procesos Comunicacionales (PLANGESCO) de la República Argentina.