domingo, 19 de octubre de 2014

Mentiras verdaderas ¿o verdaderas mentiras? IV



 De modo tal que se nos presenta, como imperiosamente necesario, detenernos a reflexionar sobre estos hechos. Porque estas lentas transformaciones, con diversos matices e intensidades, no son privativas de este país del norte. La conducta de la comunidad europea frente a los atropellos atroces contra pueblos prácticamente indefensos, cubiertos por una vergonzosa cadena de mentiras, ha demostrado no tener el más mínimo  reparo en su afán de participar, por lo menos, en una parte del botín conquistado en esos países. Nos muestra que es la contracara de ese mismo proceso. El "capitalismo salvaje", según la expresión de Juan Pablo II, desbocado en su carrera por la sed insaciable de dinero que no se detiene en considerar costos humanos. Y esto parece ser una política compartida por todos los países centrales. Las denuncias del papa Francisco hechas desde Lampedusa ante los repetidos dramas humanos representan una línea sin solución de continuidad.
 Podemos ver los resultados del proceso de instalación de una "democracia" en el informe que sobre Afganistán ofrece Amnistía Internacional. En él manifiesta su preocupación por:
El aumento del problema de la seguridad, la mayor pobreza a niveles de miseria y el incremento del narcotráfico a partir del 2003. La ayuda adecuada que se prometió no ha llegado, además los países ricos como EE.UU., Inglaterra, Australia, no actúan en la medida que debieran hacerlo y por otro lado dejan con absoluta libertad el regreso de refugiados y desplazados, cuando deberían vigilar para que esos movimientos se hagan con sentido humanitario y evitar las graves consecuencias de que gran cantidad de personas vuelvan a lugares que no le ofrecen vías de subsistencia.
En relación al narcotráfico:
Afganistán vuelve a ser el principal suministrador de opio a nivel mundial. Algunos funcionarios de Naciones Unidas sostienen que, este aumento del tráfico de opio, se debe a la hecatombe de falta de aplicación de la ley que hubo durante 2001, pero en los preparativos para la invasión de EE.UU. a Afganistán se hablaba del apoyo de los proveedores de opio a EE.UU. a cambio de dejar liberada la zona para sus negocios. Algunos datos reafirman esa hipótesis de mutuo acuerdo entre proveedores de opio y el gobierno de EE.UU. Antes de la invasión los talibanes prohibieron el cultivo de amapolas, desde donde se extrae el opio. Esa decisión produjo la reducción de una producción anual de 185 toneladas pero luego de la liberación  por el ejército de EE.UU. la producción de 2002 aumentó a 3.400 toneladas.
El periodista Pierre Jourdan, director de la televisión francesa, informa desde París que los datos que suministró Amnistía Internacional, coinciden con los que ofrecen otros organismos internacionales, como es el caso de Naciones Unidas. El tráfico de drogas es una de las facetas del movimiento de capitales que gira por el mundo, amparado por “paraísos fiscales”; los “fondos buitres” son parte de otro modo de los mismos mecanismos internacionales.
Nuestro país y nuestra América, bajo la presión de una deuda externa, cuya legitimidad esconde mucha corrupción en su historia, se encuentra en la necesidad de dialogar con esos países y con las organizaciones de crédito que están a su servicio. La refinanciación de esa deuda se paga con hambre y mortalidad infantil, de eso ya no quedan dudas. La necesidad de esa refinanciación es un perverso instrumento de sometimiento a sus intereses.
Si bien este diagnóstico del mundo globalizado puede generar mucho pesimismo, no debe ser un obstáculo para seguir pensando con mayor profundidad las particularidades de la etapa que nos toca atravesar para ir perfilando un mundo más equitativo. Ello sólo será posible si nos proponemos recuperar los valores del humanismo; el respeto a las instituciones que han costado mucha lucha construir; recuperar la vigencia de los derechos democráticos auténticos; no aceptar que todo sea nada más que meros enunciados. La condición necesaria para todo ello es no de develar las verdades que nos ocultan y las mentiras que nos ofrecen aquellos que nos amonestan desde las tribunas de una moral hipócrita.