miércoles, 9 de noviembre de 2011

La libertad de morirse de hambre

Las consecuencias posteriores a la aplicación de las ideas de estos fundamentalistas del mercado, sobre todo a partir de la década de los noventa del siglo pasado, no han logrado hasta ahora revisiones o retractaciones de los contenidos de la doctrina neoliberal, a pesar de las crisis sucesivas producidas. Ya en plena segunda década del siglo XXI, se puede observar con qué grado de certeza las instituciones internacionales de crédito exigen, sin embargo, la aplicación de políticas correspondientes a esa ideario. A pesar de que estos hechos reales han precipitado la creación y posterior estallido de “burbujas” financieras, las advertencias de los neoliberales sobre los peligros que representa cualquier control del Estado sobre los mercados no se han modificado en nada. Los debates para encontrar mecanismos de regulación social tienen gran repercusión. Sin embargo, todavía el peso de las ideas de Hayek y Friedman, cuya argumentación acerca de que el llamado por ellos Estado “igualitario” es destructor de la libertad de los ciudadanos y de la vitalidad de la competencia, siguen teniendo vigencia entre los especialistas, dado que son considerados los dos factores fundamentales de los cuales depende la prosperidad general.
Cabe señalar que tanto Hayek como Friedman ven en la desigualdad un valor positivo, imprescindible para el avance de cualquier sociedad. Encuentran en las desigualdades un incentivo para avanzar y crecer. Esto nos remite a las tesis del naturalista, filósofo, psicólogo y sociólogo británico Herbert Spencer (1820-1903), conocidas por sus postulados apoyadas en un darwinismo social aplicadas al capitalismo moderno. Es decir, aceptar la lucha de todos contra todos (las tesis del salvajismo y de la selección natural) en la cual sólo los más preparados, los mejores adaptados a las condiciones del mercado moderno pueden sobrevivir.
Leamos qué dice Friedrich von Hayek: «Una sociedad libre requiere de ciertas morales que en última instancia se reducen a la manutención de vidas: no a la manutención de todas las vidas porque podría ser necesario sacrificar vidas individuales para preservar un número mayor de otras vidas. Por lo tanto las únicas reglas morales son las que llevan al 'cálculo de vidas': la propiedad y el contrato» (subrayado mío). Podemos preguntarnos ¿qué significa “sacrificar vidas individuales? ¿Para preservar qué número de otras vidas, quién selecciona a unos que se salvan y decide quiénes mueren?
Friedrich von Hayek puede contestar sobre esto que no es necesario preocuparse por la forma en que se resuelven esas incógnitas, puesto que ello no depende de la voluntad humana. El funcionamiento del mercado, como “el mejor asignador de recursos” dispone de mecanismos automáticos, también denominados leyes del mercado, que solucionan las disparidades que se presenten. Leamos sus propias palabras: «Mostrar que, en este sentido, las acciones espontáneas de los individuos bajo condiciones que podemos describir (el mercado), llevan a una distribución de los medios que se puede interpretar de una manera tal, como si hubiera sido hecha según un plan único, a pesar de que nadie la ha planificado. Parece ser realmente la respuesta para el problema, que, a veces, se ha denominado, metafóricamente, 'razón colectiva'». El mercado actúa espontáneamente y toma decisiones automáticas por sobre la conducta de los concurrentes, sin que medie acción humana alguna en la resolución de los posibles conflictos. Se da una situación que parece como si hubiera sido planificada, pero no lo ha sido.
Este modo de plantear el problema de la mejor distribución posible de bienes, siendo el automatismo del mercado el que resuelve, no da lugar a la posibilidad de que haya culpables de que algunas vidas puedan ser sacrificadas en beneficio de un número mayor. La libertad en el funcionamiento del mercado requiere ese costo de vidas para ajustar el resultado en beneficio del resto. Esta libertad tiene una gran semejanza con el funcionamiento del salvajismo natural, el matar para vivir es una ley necesaria para la preservación de la vida toda. La sociedad capitalista recupera para la vida social las leyes naturales de la supervivencia: los mejores sobrevivirán en beneficio de una vida que será cada vez mejor, porque irá descartando a los débiles que no son aptos para la vida.