domingo, 6 de noviembre de 2011

Se replantea el liberalismo: el liberalismo económico

Un breve relato nos colocará en la perspectiva histórica dentro de la cual aparece con fuerza lo que se conoció más tarde como neoliberalismo. El prefijo “neo” está dando a entender que alguna diferencia tiene con el liberalismo clásico, sobre el que algo ya quedó dicho. Es, precisamente, el carácter de “neo” lo que reclama un análisis de sus diferencias.
El economista chileno Marco Antonio Moreno, en noviembre de 2007, cuando se cumplían sesenta años de un acontecimiento casi fundante de esta corriente de pensamiento, nos cuenta: «En abril de 1947, a las faldas del Mont Pèlerin, en los Alpes Suizos, Friedrich von Hayek [1899-1992] y Milton Friedman [1912-2006] reunieron a un nutrido grupo de intelectuales de derecha para expresar su repudio al New Deal y al keynesianismo que, en ese momento, dominaba el mundo económico. El objetivo de Hayek, Friedman y la treintena de empresarios y políticos convocados, entre los que se contaba Karl Popper [1902-1994] -quien acababa de publicar La Sociedad Abierta y sus Enemigos-, era sentar las bases ideológicas para una reducción del aparato estatal que, con la revolución del economista británico John Maynard Keynes [1883-1946] había cobrado un nuevo ímpetu en el liderazgo del desempeño económico. A Hayek le molestaba la presencia del keynesianismo por su posibilidad de llegar a establecer y legitimar el socialismo, lo que constituiría un verdadero “camino de servidumbre”. Ello dio origen al neoliberalismo, movimiento ideológico que crea y desarrolla –a través de los think tanks - modelos de ataque contra toda limitación impuesta por el Estado a los mecanismos del mercado».
Ubiquemos el encuentro en los años inmediatos al final de la Segunda Guerra Mundial, momento en que el Premier británico Winston Churchill (1874-1965) levanta “la Cortina de Hierro” para dividir en dos a Europa: la llamada “Libre”, al oeste de la frontera ocupada por la Unión Soviética, y la otra, tras esa frontera hacia el este. Hayek intuye, y por ello sostiene, que el decisivo protagonismo del Estado —que permitió la recuperación de los Estados Unidos de la Depresión de los años treinta— podía convertirse en un modelo. El riesgo que temían los liberales era la validación de las ideas de Keynes, por el miedo de que arrastrara a los países que lo practicaran al mismo desastre en el que se precipitó el nazismo germano. Por tal razón, titula su libro —que actuó de allí en más como carta fundacional del neoliberalismo— Camino de servidumbre (1944), que se convertiría en la “biblia” de los procesos instaurados en Gran Bretaña por Margaret Thatcher (1979) y, en los Estados Unidos, por Ronald Reagan (1981).
Richard Cockett , en su libro Pensando lo imposible, documenta en detalle cómo y por quiénes fue ideada la denominada «contrarrevolución económica para contrarrestar el impacto de las ideas keynesianas». Se refiere a ese grupo de intelectuales como una secta creada en 1941 con el objetivo de derribar los argumentos de Keynes. Para financiar las operaciones de “la secta”, recurrieron al apoyo de industriales, banqueros y a la famosa Fundación Rockefeller , cuyo fin era convertir a una importante generación de intelectuales al credo del liberalismo pregonado por Adam Smith, ahora repensado sesgadamente desde la situación del mundo capitalista del siglo XX, cuyo objetivo fundamental era la prédica de un anticomunismo cerrado. Nuestro autor escribe con entusiasmo: «Hayek y la Sociedad del Monte Peregrino fueron al siglo XX lo que Karl Marx y la Primera Internacional fueron al siglo XIX».
Otro economista, Mark Hartwell, miembro de “la secta” señaló que ésta «produjo en todo el mundo instituciones que propagaron el liberalismo económico contribuyendo al cambio de políticas en los gobiernos mediante el papel de sus miembros como asesores directos o creadores de políticas internas». Quedaba así fundada una institución que declaraba su “guerra” a toda posibilidad de intervención del Estado como instrumento de corrección de las desviaciones que producía el libre juego del mercado. Afirma Marco Antonio Moreno que «este grupo de fundamentalistas ideológicos se consagró a las divulgación de las tesis neoliberales para combatir el keynesianismo y toda forma de Estado Social y a preparar las bases teóricas de un capitalismo duro y un libre mercado exento de toda regla ética y social».