domingo, 29 de enero de 2012

La dudosa libertad de prensa I

Un tema que se ha manejado con una aparente ingenuidad, aunque poco creíble, es el que se refiere a la famosísima “libertad de prensa”. Quiero revisar este tema porque creo que esa “ingenuidad” ha encerrado propósitos muy poco plausibles. Si bien esta cuestión ya la he planteado, voy a darle ahora un sesgo diferente: relacionar el concepto “libertad de prensa” con este otro, estrechamente ligado al primero, “libertad de empresas”. Para ello voy a entrar en algunos temas conexos.
El Dr. Vicente Romano, con sobrados pergaminos en la materia, reflexiona sobre el origen de esta aparente ambigüedad: «Es bien sabido que los Estados Unidos de América es el país de las libertades: de comercio, de mercado, de expresión, de circulación, tanto de ideas como de personas, etc. Al menos eso es lo que proclaman sus propagandistas y su Constitución, redactada frente a las limitaciones que los regímenes europeos imponían cuando las 13 colonias proclamaron su independencia de la monarquía británica. Una de esas libertades es el tan vapuleado y exigido libre flujo de las informaciones. La famosa Primera Enmienda de la Constitución afirma taxativamente que no se limitará la libre circulación de las ideas. Pues bien, he aquí en lo que últimamente se concreta este sacrosanto principio de la libertad de expresión».
Se puede aceptar, como una condición de lo que se va a decir después, que lo afirmado correspondió a los primeros poco más de cien años de la historia de ese gran país del Norte. Ya he escrito sobre uno de los adalides del liberalismo estadounidense, Walter Lippmann (1889-1974), que expresó con toda claridad la necesidad de tener un control muy férreo sobre la prensa para evitar que la “opinión pública” se “descarrile” (se puede consultar en www.ricardovicentelopez.com.ar mi trabajo “La democracia ante los medios de comunicación”).
La tan publicitada libertad de opinión, nos recuerda nuestro investigador, quedó destrozada en la década de 1950 con el funcionamiento del tristemente recordado “Comité Senatorial de Actividades Antinorteamericanas”, que se convirtió en una "caza de brujas" bajo la conducción del senador Joseph Raymond McCarthy (1908–1957), por el delito de tener ideas diferentes a las del Comité. Ha quedado claro el propósito posterior de olvidar todo lo que se refería a ese episodio, que duró desde 1950 a 1956, por brutal y burdo. Sin embargo, muchos de los políticos republicanos que lo apoyaron fueron después importantes figuras de la política de se país, tal es el caso del presidente Richard Nixon. Pero la necesidad del control sobre la información pública no desapareció, sólo se fue refinando, se hizo más sutil.
Dice el Dr. Romano: «Pero hoy, desaparecida la guerra fría tras el derrumbe de la URSS y de la casi totalidad de los países comunistas, aparecen nuevas formas de restricción. Ante la poca credibilidad que el Gobierno de los EUA le merece a la opinión pública del orbe, los poderes fácticos del fascismo sin rostro amable, reaccionan con cínica sinceridad. Las frecuentes intervenciones de los soldados y marines yanquis en todo el mundo, y muy en particular las últimas de Afganistán e Iraq, han levantado una inquietante ola mundial de antiamericanismo. De ahí que el brazo armado del imperialismo, el Pentágono, haya orquestado una "ofensiva psicológica" para contrarrestarla».
La necesidad del control informativo se presentó como una exigencia, tal como queda explicado, para neutralizar el deterioro de la imagen de los Estados Unidos. Las técnicas aplicadas se fueron filtrando de modo tal que muy pocas cosas, salvo las agencias de noticias no controladas, como vimos en notas anteriores, quedaron fuera de la manipulación informativa. Agrega Romano: «Por si fuera poco con sus emisoras de La Voz de América, sus agencias de noticias, su cadena de organismos e instituciones de exportación cultural del “american way of life”, sus numerosos instrumentos para el dominio y colonización de las conciencias (USIA, USICA, OIC, etc., etc.) el Pentágono agrega ahora la creación de las IO (Information Operations). Dirigidas por la Oficina de Influencia Estratégica, estas operaciones tienen la tarea de crear noticias falsas, mentir y desinformar a los medios y militares, amigos y enemigos».
El Brigadier General de la Fuerza Aérea, Simon Worden, ha quedado al comando de todos estos especialistas en guerra psicológica y relaciones públicas. Ha comentado que pretende realizar “campañas negras de desinformación” y “blancas de información selectiva” para que se publique en todo el mundo.