domingo, 24 de junio de 2012

El mito del mercado libre XV


En este juego de las comparaciones que he propuesto, que estoy convencido iluminan el pensamiento,
sobre todo en momentos de tanta chatura intelectual reflejada en los medios, y a partir entonces de las diferencias y semejanzas planteadas vamos a revisar los análisis que nuestro autor, el Dr. Casassas, propone sobre el pensamiento de Smith. El tema es ahora el concepto de comunidad e independencia:
«La cuestión de la comunidad es también importante, pues conviene aclarar que la idea de independencia que Adam Smith propone en ningún caso implica aislamiento o ruptura de vínculos con los demás, sino todo lo contrario. Lo que Smith censura son las formas de dependencia debida a mecanismos que están relacionados con la compartimentación de los individuos en clases sociales y, por ello, con un acceso desigual a los recursos materiales. Esta diferenciación social posibilita que unos interfieran arbitrariamente en los cursos de acción que otros puedan emprender o querer emprender. En cambio, la garantía de la independencia material que Smith presenta como objetivo político-normativo prioritario, al otorgar a todos niveles relevantes de poder de negociación, ha de permitir que todos los individuos logren la condición de ciudadanos plenos y, así, puedan relacionarse con los demás en un plano de igualdad. Ello ha de conllevar, precisamente, el ensanchamiento del abanico de posibilidades de interacción al alcance de todos los individuos respecto a definir su participación en las esferas productivas y distributivas».
Es importante resaltar la necesidad de garantizar la independencia material del ciudadano, pues puede ella facilitar el acceso a propuestas y a acuerdos distintos que satisfagan las necesidades y deseos de ambos términos del contrato en los mercados: ya sea de trabajo o de constituir formas distintas de propiedad y de gestión de las unidades productivas. Todo ello en orden a permitir el desarrollo de actividades que supongan la obtención efectiva de aquello que los individuos realmente quieren para sus vidas.  Dicho con otras palabras. El ejercicio pleno de la libertad en todos los aspectos de lo social, lo cultural, lo económico, lo político, etc. Así, conseguida esta ampliación del abanico de posibilidades puede pensarse en incluir «formas de cooperación social que, precisamente, pasen por el fortalecimiento de los lazos sociales y por un despliegue en comunidad de las capacidades individuales».
Esta es la razón por la que Adam Smith sostiene que la garantía política de la independencia material favorece la emergencia de una comunidad socialmente armonizada, es decir, «una auténtica comunidad de semejantes, de individuos civilmente iguales, en el seno de la cual éstos puedan definir, desplegar y evaluar los planes de vida propios no sólo a través del autoconocimiento, sino también a la luz de los juicios procedentes de los demás, auténticos pares. La cohesión social, pues, juega un papel harto importante en términos civilizatorios».
No por ello Smith se engaña, dice nuestro autor, y alerta explícitamente de los peligros que encierra la distancia real con respecto a los demás que presenta la vida en la ciudad moderna.
«La “lejanía social” puede dificultar la práctica de todos estos actos de simpatía para con la situación del otro y, por ello, erosionar nuestra capacidad de articular planes de vida con sentido en el contexto de una vida social y comunitaria».
Pude sonarnos extraño esta idea de lejanía: ¿de qué tipo de “lejanías” está hablando? Late en todo momento, en la obra de Adam Smith, afirma nuestro autor, un advertencia acerca de los perjuicios que las distancias sociales, diferencias económicas y sociales entre clases, que provocan las distribuciones injustas entre los ciudadanos que dan por resultado: los menos favorecidos, los pobres y dependientes, por un lado, y por el otro, los excesivamente ricos.
«En efecto, la psicología moral smithiana y, también su metódica política, establece que a todos —a pobres, pero también a quienes gozan de una vida desahogada— interesa la articulación de una comunidad que garantice que todos sean individuos libres de lazos de dependencia material. Pues sin independencia material no hay proceso de individualización posible: sin independencia material, sin la capacidad de pensar la propia existencia y de definir planes de vida propios de forma autónoma, y sin poder contar con el concurso de los demás, auténticos pares, en este proceso, la propia individualidad se desdibuja, así lo había puesto de manifiesto ya la ética aristotélica, veintidós siglos atrás, que Smith conocía bien».