miércoles, 10 de abril de 2013

La mediatización de las palabras III



La cita del doctor Umberto Mazzei puede haber provocado en algún lector —poco avisado sobre este tipo de informaciones— sorpresa o desconfianza, ya que se ataca a un órgano al que se  presentó como el Cuarto Poder, el garante de la libertad de prensa, el defensor de la democracia y el portador de la verdad pública. Recomiendo recordar o ver la película El ciudadano[1], en la que ya se denunciaba, en la década del 40 del siglo pasado, este tipo de maniobras con la información. Sigamos leyendo al doctor Mazzei:
Hasta el siglo XX, los medios de información eran de propiedad difusa, cobertura regional y diferente percepción de la realidad. Durante el siglo XX, la propiedad de los medios de información se concentró, la cobertura se amplió al nivel nacional e internacional, las versiones de la noticia se fueron haciendo más  coincidentes y se instalaron los medios audiovisuales, que estimulan la pereza intelectual. El siglo XXI comienza mostrando la propiedad de los medios concentrada y la difusión de noticias muy orquestada. Hay un cartel internacional cuyas miras políticas van más allá de las definidas por el Consenso de Washington o la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Su técnica básica es mentir por omisión. Se amputan partes esenciales de la verdad o de la realidad histórica y política, mientras se inventa o exagera lo que se quiere revelar. El fin es demonizar personas o países, creencias o ideologías.
Este manejo de la información pública va quedando cada vez más al descubierto. La prensa nacional e internacional ha publicado noticias falseadas muy burdas como para que pasen inadvertidas. Ha ocultado operaciones guerreras en el Cercano y Lejano Oriente, con miles de víctimas que incluyen en cifras alarmantes a niños, mujeres y ancianos. Los bombardeos con aviones no tripulados (los “drones”[2]). ¿Cómo se explica esta intención tergiversadora en el manejo de la información pública? La razón reside en que la propiedad de esos medios está en manos de las grandes multinacionales cuyo proyecto apunta a la dominación global, tema que no debe ser público y debe ocultar los medios utilizados, principalmente militares. Sigamos con el doctor Mazzei:
La concentración de la propiedad y el anonimato de los accionistas dificultan la identificación específica de los intereses económicos, políticos o confesionales que orientan la manipulación de la información, pero el modo como los grandes grupos informativos coinciden en calificar los intentos de democratizar la información como atentados contra la libertad de expresión, indica temor a la transparencia. Datos europeos recientes muestran que la concentración aumenta, porque la crisis afecta más a los medios de información pequeños e independientes. Según El País (14/12/2012), desde el 2008, en España desaparecieron 132 revistas y 22 diarios, y se sumaron 6300 periodistas al paro. La inversión en prensa, radio y televisión cayó un 45%.
Hay más: si bien los medios despiden a periodistas y a empleados —y esto afecta a los pequeños y a los medianos—, a los grandes las pérdidas no les preocupan, porque obtienen sus utilidades con sus grandes empresas para las cuales los medios desarrollan una tarea política:
Pero hay cosas de más profundidad. La investigación descubrió complicidades entre la prensa y la clase política, entre el Grupo Murdoch y los dos partidos principales, entre la policía y los diarios. El Juez Leveson ya se pronunció sobre los vínculos entre barones de los medios y los políticos británicos, con un clásico “understatement[3]” británico: “Durante los últimos 35 años hubo, en esa relación, una insalubre proximidad”.



[1] El ciudadano es una película estadounidense de 1941, dirigida, escrita, producida y protagonizada por Orson Welles. Está considerada una de las obras maestras de la historia del cine. La trama examina la vida de Charles Foster Kane, basada en la del magnate de la prensa estadounidense William Randolph Hearst (1863-1951). Durante su estreno, Hearst prohibió mencionar la película en sus periódicos.
[2] Los drones, vehículo aéreo no tripulado, son capaces de un alto poder destructivo, aunque éste no se basa en el potencial explosivo de estos  proyectiles, sino en su enorme capacidad de penetración.
[3] Declaración exageradamente modesta, que encubre toda la gravedad de lo dicho.