domingo, 21 de abril de 2013

La mediatización de las palabras VI



Si la preocupación de países europeos por la defensa de sus propias culturas ha sido tan tenaz hasta que fueron derrotados en los foros internacionales, debemos reflexionar sobre ¿por qué ellos no se avinieron a las imposiciones de la Organización Mundial del Comercio mientras tuvieron fuerzas? ¿Qué tipo de bienes estaban defendiendo y por qué razón? La muy fuerte influencia de los medios concentrados en nuestra América no permite que este tipo de debates emerja en el espacio público. Las distorsiones que introducen los medios en la conciencia colectiva, con sus modos y estilos generan un tipo de sensibilidad, de gustos y de  preferencias se puede percibir en cómo desdibujan el perfil de la cultural nacional. La comedia italiana ya citada, Un americano en Roma, pinta con rasgos estereotipados un personaje que ha sido víctima de ese tipo de distorsiones por la presencia masiva de esa cultura invasora, a punto tal que no se reconoce ya como italiano. Se siente un “americano”; sin embargo, todo denuncia en él a un italiano de la llamada Ciudad Eterna.
Estamos entonces, nuevamente, ante el fenómeno de la alienación. Esta palabra, que fuera usada por los investigadores sociales y culturales en la década de los 60, es uno de los conceptos “desaparecidos” por el sistema de dominación imperante. La Academia de la Lengua define la palabra alienación con cinco acepciones, dos de las que hacen referencia al tema que tratamos. Dice: «alienación: proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su  condición»; y también: «Estado mental caracterizado por una pérdida del sentimiento de la propia identidad». Podemos ver esta otra definición que le da otro matiz: «Alteración temporal o permanente de la razón y de los sentidos; pérdida de la personalidad, la identidad o las ideas propias de una persona o de un colectivo debido a la influencia o dominación de otra u otras: la alienación que provoca la publicidad consumista».
Ya estamos en condiciones de comprender cuáles son las consecuencias de un proceso de despersonalización cultural que desfigura los valores culturales propios al presentarlos como despreciables. Esto se ha expresado en afirmaciones de décadas pasadas: “Quien no sabe inglés es un analfabeto”, frase acompañante de una publicidad comercial que enuncia sus ofertas en inglés. Esto no significa que no deba aprenderse esa lengua. Pongo el acento sobre el tema tratado en notas anteriores[1], respecto de las enormes deficiencias que muestra una parte importante de la población en el manejo del castellano, conocimiento previo para estudiar otro idioma; caso contrario, no se aprende otra lengua: se reemplaza la propia.
El escritor uruguayo Miguel Guaglianone se muestra preocupado por el papel que juegan los medios de comunicación en el centro de este asunto:
El proceso por el cual los medios masivos de comunicación influyen y condicionan a sus receptores, ha llegado a ser un sistema integrado de alienación mundial. El poder de los medios masivos de comunicación para determinar opinión en el público no es una novedad. Ya a principio del siglo XX, William Hearst fue capaz de crear -con su cadena de periódicos- una guerra con Cuba. En la década de los 30 del mismo siglo, Joseph Goebbels sistematizó las transmisiones radiales para adoctrinar al pueblo alemán en la visión expansionista-imperialista de los nazis. Después de la Segunda Guerra Mundial, los triunfantes EE.UU., con el advenimiento de la televisión, difundieron e impusieron en el mundo su “american way of life”, a la vez que expandían globalmente el mercado de los productos de consumo masivo que definían ese modo de vida.
No obstante haber colocado como punto de partida para esta investigación la década del 50 del siglo pasado, debo agregar que la del 80 significó un gran salto cualitativo en el crecimiento del poder y de la  utilización de esos medios al servicio de un proyecto que se consolidó como plataforma de lanzamiento global del neoliberalismo. Sigamos leyendo:
La acumulación de capital y poder en manos de un número decreciente de grandes corporaciones transnacionales interrelacionadas, así como el desarrollo tecnológico de las comunicaciones por satélite, capaces de cubrir el globo terrestre, apoyados en la proliferación de los sistemas informatizados, han ido creando una red alrededor de todo el planeta, controlada y abastecida por un reducido número de transnacionales de la “información” y el “entretenimiento”.



[1] Véase en el blog www.pensandodesdeamerica.blogspot.com la serie de notas El valor de las palabras.