domingo, 14 de julio de 2013

La decadencia de Occidente VII



El filósofo alemán Edmund Husserl[1] (1859-1938) intuyó que la Europa de comienzos del siglo XX presentaba anomalías que deteriorarían su espíritu. Levantó, entonces, su voz en defensa de la supremacía europea que merecía ser defendida ante tan difíciles momentos. En sus palabras trasmite con claridad la sobrevaloración de esa cultura:
Europa entendida no geográficamente o cartográficamente, como si se pretendiera circunscribir el ámbito de los hombres que conviven aquí territorialmente en calidad de humanidad europea. En el sentido espiritual pertenecen manifiestamente también a Europa los Dominios Británicos, los Estados Unidos, etc., pero no los esquimales ni los indios de las exposiciones de las ferias ni los gitanos que vagabundean permanentemente por Europa. Con el título de Europa se trata evidentemente aquí de la unidad de un vivir, obrar, crear espirituales: con todos los fines, intereses, preocupaciones y esfuerzos, con los objetivos, las instituciones, las  organizaciones, “La estructura espiritual de Europa”: ¿qué es esto? Es mostrar la idea filosófica inmanente a la historia de Europa (de la Europa espiritual) o, lo que viene a ser lo mismo, la teleología inmanente a ella, que se da a conocer en general desde el punto de vista de la humanidad universal como el surgimiento y el comienzo de desarrollo de una nueva época de la humanidad, de la época de una humanidad que en adelante sólo quiere vivir y puede vivir en la libre formación de su existencia y de su vida histórica a partir de ideas de la  razón, hacia tareas infinitas.
Intentaré traducir el párrafo al idioma del ciudadano de a pie. Cuando habla de Europa se refiere a una energía que la colocó en centro del mundo, un modo de pensar y pensarse, una clase de personas que asumen la superioridad de la cultura y viven de acuerdo a ella, una cierta aristocracia espiritual, que no debe ser confundida con un sentido poblacional: por eso llama europeos también a las colonias británicas y a los Estados Unidos, pero excluye a los “indios” de América y a los “gitanos” de Europa.  Son sus  representantes los elegidos para cumplir un destino privilegiado: tiene como objetivo superior el desarrollo de una nueva época de la humanidad. Dos alemanes, dos filósofos, Spengler y Husserl, contemporáneos, interpretan el momento histórico de modos opuestos: el primero habla de decadencia, el segundo habla de no renunciar a ese destino de grandeza; uno acusa a Europa de pretensiones inaceptables, el otro la eleva a un sitial de privilegio que justifica su camino imperial.

En la página www.senderoislam.net se publica un comentario que contiene la mirada del mundo islámico sobre la cultura occidental. Si logramos superar los prejuicios que intentan inculcarnos, podría decirse que no puede dejar de interesar una reflexión oriental sobre nosotros. El título de la nota es Crisis y decadencia de occidente juzgado desde una filosofía y una moral, en gran parte, ajena a nosotros:
Creo que todos estamos de acuerdo en que la actual decadencia occidental es total, abarca al individuo y a la sociedad. Están en crisis desde la religión hasta la naturaleza, el agua, el aire, etc., pues todo está siendo degradado, lo que rodea al hombre y lo interior al hombre, sus ideas, sus creencias, sus expectativas. Además de la decadencia general que plantea el modo de vida materialista de occidente, dentro de ella, existen las crisis individuales de cada ser humano. Cada uno experimenta la decadencia general de nuestra época, el cambio, la angustia, la inestabilidad, pero cada cual lo hace desde su propia circunstancia personal. Y aunque existen diferentes grados de intensidad en cada experiencia individual, todos sabemos ya indudablemente que el tiempo que se avecina es de tormenta, es angustioso, devastador, y aun cuando quisiéramos apartarnos del problema, hay un clima general que nos rodea, sacude y angustia. En definitiva, la crisis actual es especial, porque además de que siempre cada uno de nosotros atraviesa periodos de duda e inestabilidad, de inseguridad, hay ahora también enfermedad en toda la sociedad. Antes la sociedad ayudaba a curarse, y el estado general de la gente permanecía medianamente bien. Hoy tenemos un verdadero cáncer, ya no es una gripe. La crisis lo afecta todo, se ha ampliado y extendido, se ha hecho demasiado profunda.


[1] Estudió física, matemáticas, astronomía y filosofía en las universidades de Leipzig, Berlín y Viena. Fue profesor en Halle, y en Gotinga y pasó a ser profesor titular de la Universidad de Friburgo.