domingo, 10 de noviembre de 2013

Subjetividad posmoderna y buen vivir XIII



Como tesis para la comprensión del proceso de cambio al cual pensamos dirigirnos, debo plantear que los obstáculos son muchos más de los deseables o esperables. Es indispensable saberlo de antemano para no perdernos en un laberinto de ideas desalentadoras. Además, los tiempos del cambio no son homogéneos, los tiempos individuales son necesariamente diferentes, y ese acompañamiento será una tarea nada sencilla. Debe contarse también con las fuerzas que se nieguen a cambiar por las más diversas razones, y suponer una sucesión de etapas asincrónicas que impondrá un trabajo de coordinación de parte de los sectores propuestos a liderarlo. Sostiene la doctora Cucco, como modos de proceder:
En relación con los procesos de transformación, los consensos instituidos no desaparecen fácilmente, y perduran en sus efectos, a pesar de los cambios en las condiciones sociales y materiales. Liberarse de los aspectos instituidos que son parte constituyente de nosotros mismos implica, por tanto, dentro de la intervención social, realizar acciones específicas y de modo propositivo, ya que supone estar trabajando sobre temas que nos atraviesan de parte a parte. Se puede trabajar una metodología participativa, pero si no se dan las condiciones de reconocimiento y de trabajo sobre nuestras actitudes autoritarias que se arrastrarán por un tiempo, nuestro saber y nuestras mejores intenciones pueden fracasar.
Los necesarios obstáculos que impone el pasado, incrustado en nuestras conciencias, plantearán una dura batalla interior que no debe soslayarse. Esa tarea, denominada la batalla cultural, debe ser asumida, en primer lugar, por los sectores sociales que lideren el cambio; se obtendrá de allí un aprendizaje necesario para compartir y trasmitir al conjunto. Agrega detalles de este proceso, como un diagnóstico necesario para tener en cuenta:
Las circunstancias sociales actuales afectan seriamente los procesos de un crecer saludable. La apología del cumplimiento inmediato de deseos, de la baja tolerancia a la frustración, junto al desprestigio de las normas y la dificultad adulta de poner límites adecuados, la falta de esfuerzo y la inmediatez que niega la idea de proceso dificultan los procesos de aprendizaje de vida. Cada vez más encontramos descontrol de impulsos y agresividad, junto a dosis de sobreestimulación de cosas que no pueden procesar, y promesas de abastecimiento absoluto. Un mal reaccionar suplanta la deseable relación intersubjetiva y muestra indicios del hundimiento de los espacios simbólicos. Las personas de hoy “hablan mucho, escuchan poco y piensan nada” expresaba con preocupación un analista social. El neoliberalismo y su gran industria de producción de subjetividad atacan hoy el núcleo mismo del proceso que nos constituye como sujetos autónomos.
Esta descripción de temas por considerarse no debe ser entendida como un impedimento de producir el cambio; sólo propone una mirada lo más realista posible para abordar las propuestas superadoras. Asumir así la inmensidad de la tarea realizable incluye los tiempos necesarios para alcanzar, al menos en parte, los objetivos propuestos.
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Comencemos a pensar el buen vivir. Una pregunta obligada que debe intentarse responder es: ¿qué se entiende por buen vivir? Esta pregunta es parte de un debate que se añade a las agendas de los movimientos  sociales de todo el planeta. Es un concepto procedente de los países andinos, y se ha incorporado a la reflexión de tantos pueblos y culturas que se proponen superar las condiciones de vida del Occidente actual. El “buen vivir” es una expresión con capacidad de expresar mucho de los cambios profundos que se van produciendo,  señal de  un camino hacia un horizonte deseado de diversos modos que tienen en común el sueño de un mañana más humano. Es un concepto contemporáneo alimentado con las luchas y prácticas de los modos de vida andinos. Sirve hoy, en todas las culturas, para cuestionar los fundamentos de nuestra civilización y, por tanto, para incitarnos a reflexionar acerca de la vida buena.