miércoles, 12 de febrero de 2014

Cuando la barba de tu vecino veas afeitar… pon las tuyas a remojar III



La obra, Terrorismo Mediático, ofrece al lector, comenta Fazio, la teoría y los datos empíricos para entender la construcción social del miedo en México. El caudal de información relativo a las estrategias puestas en práctica para conservar intactas las estructuras del poder político y económico nacional y transnacional, no difieren de las prácticas mediáticas dentro del mundo globalizado, como se desprende de una simple lectura. Se trata, en síntesis, escribe López Castellanos, de generar miedo al cambio, a las alternativas, a las variadas formas de lucha de la sociedad, introyectando en la conciencia colectiva la incapacidad del sujeto anárquico como ineficaz para organizarse. También adoctrinar dentro de ese imaginario lo “peligroso” del cambio, de allí la opción necesaria por lo ya conocido, no perfecto, pero sin riesgos. Cabe recodar acá la sentencia de Margaret Thatcher: «No hay alternativas». Leamos la cita del libro comentado:
Los tres ejes claves en esa construcción del miedo, como caballos de Troya para militarizar al nuevo Estado autoritario e imponer la tolerancia cero de la doctrina Giuliani, son el terrorismo y el ‘eje del mal’ (Cuba y Venezuela incluidas), el populismo radical (Hugo Chávez, Evo Morales, Andrés Manuel López Obrador) y el crimen organizado. Ante esos enemigos míticos, imaginarios, impredecibles, utilizados como distractores (que en algunos casos existen, pero son potenciados por los medios de difusión masiva como propagandistas de la ‘razón de Estado’ para imponer leyes más duras y recortar las garantías constitucionales e individuales), el modelo que busca imponer el sistema de dominación en el seno de nuestros países es la ‘mano dura’: la militarización de las policías y la policialización de las Fuerzas Armadas (Ejército y Marina)”.
En el estudio del uso de los medios, Fazio encuentra en su comentario la carencia de ética en la política. Esto se revela en México en un proceso de degradación de las instituciones, en un presidencialismo exacerbado y una clara sumisión de los poderes Legislativo y Judicial a los abusos del poder. Todo ello sostenido por la enraizada práctica de la corrupción. El Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) es sólo un simulacro para responder a la demanda ciudadana de transparencia, la mentira como política de Estado y el terrorismo mediático como herramienta de los poderes fácticos. Si recordamos lo sucedido en la década pasada en Argentina con el sentimiento de paranoia, creado por el falso ingeniero Juan Carlos Blumberg, podemos encontrar una apelación a estos mismos argumentos.
Como columna vertebral del terrorismo mediático que existe en México, López Castellanos revela las alianzas entre políticos, oligarcas y los propietarios de los medios de comunicación masiva, principalmente los dos monopolios televisivos: Televisa y TV Azteca, no muy distinto al escenario nuestro. Como ejemplo de ello, y, agrego yo una advertencia a lo que se nos propone como alternativa, lo expone en la siguiente cita:
El modelo plutocrático generó una nueva ‘clase política’, depredadora y mafiosa, conformada por individuos amorales que amasaron fortunas ilegales gracias a sus nexos con el gran capital y otros que operan de manera circense como capataces de los dueños del dinero y se arrodillan y juran lealtad ante el diktat del dios Pluto[1]. Eso fue, ni más ni menos, el llamado Pacto de Chapultepec, suscrito en el alcázar del castillo el 29 de septiembre de 2005. Los empresarios, sus aliados políticos y los propagandistas (Televisa, TV Azteca, cadenas radiales, la prensa escrita, la jerarquía católica, actores, futbolistas, sindicalistas, rectores e intelectuales de derecha tipo Enrique Krauze), pusieron en práctica un vasto proyecto de guerra psicológica e ingeniería social para manufacturar un consenso (Celebremos México), que terminaría por agitar aún más la lucha de clases contra los trabajadores y el pueblo.


[1] En la mitología griega, Pluto (en griego antiguo ‘riqueza’) es su personificación y en este sentido, es también un dios de la agricultura, relacionado a la cosecha como abundancia. Según el comediógrafo Aristófanes, fue cegado por Zeus para que fuera capaz de distribuir sus obsequios sin prejuicios.