domingo, 23 de febrero de 2014

¿Qué se oculta debajo de ciertos debates? III



El concepto de globalización, con el cual se publicitó el proyecto de fines de los ochenta, irrumpió en el mundo moderno, impulsado por los países desarrollados, fundamentalmente los Estados Unidos y su famoso Consenso de Washington[1]. Fue acompañado por las compañías transnacionales y los grandes medios de comunicación. Sin el menor pudor, sus propagandistas lo han definido como un fenómeno de carácter internacional, cuya acción consiste principalmente en lograr una circulación mundial de capitales (financieros, comerciales e industriales), para que el planeta abra espacios de integración y se intensifique la vida económica. Su modo aséptico de enunciarlo aparece en la mayoría de los medios de comunicación concentrados. Parece casi un fenómeno climático o geológico.
Se insiste en que es un proceso natural y necesario de desnacionalización de los mercados, de las leyes y la política, y lo explican como la nueva fase en que se encuentra el capitalismo en el nivel mundial. Se caracteriza por la eliminación de las nefastas fronteras económicas que impedían la libre circulación de bienes servicios y fundamentalmente de capitales, pero no de personas como lo demuestra el tratamiento merecido por los grupos  migratorios.
Sin embargo— y a pesar de tanto entusiasmo, y por la información ya analizada—, la globalización de la economía mundial continuó su negativo avance a lo largo de 2013 con el incremento de la inequidad entre ricos y pobres. Volvamos al informe de la Agencia Bloomberg que publica, con aires de competencia deportiva, la siguiente tabla de posiciones:
El primero en la tabla es Bill Gates, fundador de Microsoft y el hombre más rico del mundo, quien incrementó su fortuna en 15.800 millones de dólares durante 2013 y ahora posee nada menos que 78.500 millones de dólares. El mexicano de las comunicaciones Carlos Slim, pasó al segundo puesto mundial, pero se mantiene con un capital de 73.800 millones. Le siguió el inversor en casinos Sheldon Adelson: su fortuna creció en 14.400 millones de dólares, hasta llegar a los 37.100 millones de dólares debido a la proliferación de los casinos de juego en Asia. Le sigue el español Amancio Ortega, fundador del imperio textil Inditex, cuya fortuna se incrementó en 8.900 millones de dólares y totaliza 66.400 millones. Por esas cosas de los negocios, su hija, Sandra Ortega, aparece en el lugar 180, con 7.300 millones de dólares.
Entre las causas del crecimiento de esas incontrolables fortunas está el comportamiento de los mercados y el incremento de los índices bursátiles. Como se puede observar, la crisis económica tiene efectos desproporcionados y perversos: ha golpeado a las grandes mayorías poblacionales que han padecido, paralelamente a su empobrecimiento, fuertes medidas de reducciones sociales impuestas por gobiernos de corte neoliberales. La pobreza mundial resulta alarmante, aunque organismos internacionales ofrezcan cifras que, por falta de datos de los gobiernos, muestran sólo una parte de la realidad.
Más datos estimados: en Asia Meridional la población que subsiste con un dólar por día ha alcanzado los 535 millones de personas; en Asia Oriental, Sudoriental y el Pacífico, 466 millones; y en los Estados Árabes, 15 millones; en África Subsahariana, 280 millones; en América Latina y el Caribe, 120 millones de personas sobreviven con un poco más: dos dólares diarios; en Europa Oriental y en los países de Asia Central, 160 millones de personas viven con cuatro dólares por día; y en los Estados Unidos, ya hay 56 millones de personas por debajo de la línea de pobreza y sin protección social.

Los desastres económico-financieros ocurridos a fines d


[1] Se entiende por Consenso de Washington un listado de políticas económicas consideradas durante los años 90 por los organismos financieros internacionales y centros económicos, con sede en Washington D.C., como el mejor programa económico que los países latinoamericanos deberían aplicar para impulsar el crecimiento. A lo largo de la década, el listado y sus fundamentos económicos e ideológicos se afirmaron, tomando la característica de un programa general.