miércoles, 25 de abril de 2012

El control de los medios de difusión XIV

Como conclusión de las propuestas del Informe, nos queda por decir algo, ya planteado en otros trabajos: las distancias entre teoría y práctica. De ello se puede decir que, una vez más, aparecen las elaboraciones teóricas que se desentienden de las relaciones políticas, económicas, sociales, culturales; en una palabra, de las “relaciones de poder”. Estas quedan ocultas tras la palabrería abstracta en la que se parapetan tantos “investigadores orgánicos”. En este caso, la conceptualización de la gobernabilidad anda por un lado, mientras la práctica discurre por el terreno real, en el que se sigue hablando de gobiernos ineficaces y sociedades ingobernables, sin profundizar las razones que provocan las “inestabilidades políticas”.
Hemos llegado al punto en el que es necesario abordar las propuestas ocultas que la Comisión Trilateral puso en tesis concretas de políticas que debían implementarse. Se apoyaban en definiciones que, unos pocos años antes, ya anticipaba Brzezinski, en el libro citado: «La nación-estado como unidad fundamental de la vida organizada del hombre ha dejado de ser la principal fuerza creativa: Los bancos internacionales y las  corporaciones transnacionales son ahora actores y planificadores en los términos que antiguamente se atribuían los conceptos políticos de nación-estado». Una vez confesado cuál era el plan para implementar, había que enfrentar el problema de una opinión pública internacional, convencida de que la “democracia liberal” era el mejor camino; de que sus instituciones, entre ellas las elecciones periódicas libres, creaban el escenario de resolución de conflictos: exactamente lo contario de las conclusiones trilateralistas.
El tema que volvía a aparecer, en ese entonces, en el debate de los representantes del establishment internacional, es el del control de esa “opinión pública”. Volver a las viejas tesis estadounidenses, ya analizadas en este trabajo, abría un camino difícil pero posible: la compra y concentración de los medios de información pública que podían desarrollar esa tarea.
La Trilateral se lanza, a partir de entonces, a la adquisición de los paquetes accionarios de las empresas de comunicación de masas, y coloca allí a varios de sus miembros en sus directorios: David Bradley, presidente de AtlanticMedia Company; Karen Elliot House, ex vicepresidenta sénior de Dow Jones & Company, y editora del The Wall Street Journal, propiedad de Rupert Murdoch; Richard Plepler, copresidente de HBO; Charlie Rose, de PBS, Servicio Público de Radio y TV de los Estados Unidos; Fareed Zakaria, redactor de Newsweek; Mortimer Zuckerman, presidente de U.S. News &World Reports.
Una de las primeras conclusiones que se puede extraer de lo afirmado hasta aquí es que, a medida que el sistema de dominación se asentaba en el plano internacional, se iba infiltrando en los grandes medios de la periferia del mundo. Para mirarlo desde nuestra perspectiva latinoamericana, se presenta de inmediato la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) con su historia, que permite comprender cómo lo que hemos visto es aplicado de diversos modos en nuestros países. Una síntesis nos ofrece el Profesor e Investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán, México, Pedro Echeverría:
«Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) — como es bien sabido en el mundo— es la asociación de propietarios, editores y directores de diarios, periódicos y agencias informativas de América. Los integrantes de SIP no necesariamente son periodistas, son ricos empresarios y dueños de acciones de los medios de comunicación. Representan a más de 1.300 diarios y revistas. Fue creada en 1943, y tiene a su cargo al instituto de Prensa de la SIP y el Fondo de Becas de la SIP. Otorga anualmente los Premios SIP. La versión actual de la SIP es la obra de un conocido agente de la Inteligencia norteamericana, el Coronel de la Central de Inteligencia de América (CIA), Jules Dubois, famoso por ser un propagandista furibundo de la injerencia de Estados Unidos en América Latina. Sólo representa los intereses de los grandes grupos económicos propietarios de los medios informativos, engaña diciendo tener en sus manos la defensa de los periodistas y está fuertemente relacionada con los partidos políticos de derecha y fascistas del hemisferio. Como está probado hasta la saciedad, los empresarios privados de los medios de información (TV, radio, prensa) viven de los negocios —además todos ellos son multimillonarios— y les importa un bledo la “libertad de prensa o la libertad de información”».  
El Coronel Dubois fue quien más trabajó en la década de 1950 para convertir a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en una filial de la Agencia Central de Inteligencia. La SIP había nacido en La Habana en 1943, en medio de la Segunda Guerra Mundial, para enfrentar los desafíos del eje fascista liderado por Adolf Hitler. Unió entonces a medios de comunicación y periodistas del Hemisferio Occidental con tendencias políticas diferentes, y cada país tenía un voto en las asambleas de la organización.
Al concluir la guerra, los Estados Unidos insertaron a la SIP dentro de su esquema macarthista, de represión y exclusión de las fuerzas de izquierda y progresistas. Dubois citó, en Nueva York, a la asamblea de la organización, pero impidió que los medios no adictos a la furibunda campaña anticomunista participaran de ella. En esa reunión, se cambiaron los Estatutos de la SIP acordados en La Habana y ratificados por las asambleas siguientes, efectuadas en Caracas y Quito. A partir de allí, cambió el rumbo de la SIP. Desde entonces, Jules Dubois, quien presidió su Comisión de Libertad de Expresión y de Información, movió todos los hilos de ese mecanismo para que se pusiese al servicio de la política imperial de los Estados Unidos.