domingo, 1 de abril de 2012

El control de los medios de difusión VII

La utilización de los medios de información para difundir los contenidos de la doctrina republicana, reelaborada para la utilización específica que de ella hacía el aparato ideológico denominado Relaciones Públicas, logró penetrar la conciencia del ciudadano medio en un país en el que se sostiene que no existen clases sociales diferenciadas y mucho menos conflictos sociales.
La investigadora estadounidense Barbara Ehrenreich afirma: “Existe ese poderoso mito de que los Estados Unidos no tienen clases”, ha sido calificada como marxista sólo por escribir que los Estados Unidos no son una sociedad sin clases. La persistencia de este mito permite comprender que pueda emitirse un mensaje con este contenido: «El ejecutivo de una empresa y el chico que limpia los suelos tienen los mismos intereses. Hemos de trabajar todos juntos y hacerlo por el país y en armonía, con simpatía y cariño los unos por los otros».
Este era, en esencia, el mensaje, nos dice Chomsky: «Y se hizo un gran esfuerzo para hacerlo público; después de todo, estamos hablando del poder financiero y empresarial, es decir, el que controla los medios de información y dispone de recursos a gran escala, por lo cual funcionó, y de manera muy eficaz. Más adelante este método se denominaba también “métodos científicos para impedir huelgas”. Se aplicó una y otra vez para romper huelgas y daba muy buenos resultados cuando se trataba de movilizar a la opinión pública a favor de conceptos vacíos de contenido, como “el orgullo de ser americano”. ¿Quién puede estar en contra de esto?: “la armonía social”. ¿Quién puede estar en contra? como en “la guerra del golfo Pérsico”, y su consigna “apoyad a nuestras tropas”. ¿Hay alguien que esté en contra? Sólo alguien completamente necio».
El ardid para lograr el apoyo masivo consistía en emitir un mensaje cuyo contenido era tan vago que, en realidad no decía gran cosa. Ofrece un ejemplo similar a éste: ¿qué pasa si alguien le pregunta si usted da su apoyo a la gente de la provincia de Buenos Aires? Se puede contestar diciendo “Sí, le doy mi apoyo”, o “No, no la apoyo”. Pero ni siquiera es una pregunta: no significa nada. Esta es la cuestión «La clave de los eslóganes de las relaciones públicas como “Apoyad a nuestras tropas” es que no significan nada, o, como mucho, lo mismo que apoyar a los habitantes de Iowa. Pero, por supuesto había una cuestión importante que se podía haber resuelto haciendo la pregunta: “¿Apoya usted nuestra política?” Pero, claro, no se trata de que la gente se plantee cosas como esta. Esto es lo único que importa en la buena propaganda. Se trata de crear un eslogan que no pueda recibir ninguna oposición, bien al contrario, que todo el mundo esté a favor. Nadie sabe lo que significa, porque no significa nada, y su importancia decisiva estriba en que distrae la atención de la gente».
La propuesta de mensaje despolitizador logra que se introduzca en la conciencia del ciudadano medio un modo de plantearse los temas sociales de modo tal que no provoque debates y que predispongan a la respuesta simple e ingenua. «Es como lo del orgullo americano y la armonía. Estamos todos juntos, en torno a eslóganes vacíos, tomemos parte en ellos y asegurémonos de que no habrá gente mala en nuestro alrededor que destruya nuestra paz social con sus discursos acerca de la lucha de clases, los derechos civiles y todo este tipo de cosas».
Cuando alguien, como Barbara Ehrenreich, se atreve a poner delante de los ojos de ese “ciudadano adoctrinado” en un modo de pensar lineal y superficial un tema que intenta problematizarlo, éste responde inmediatamente que “son comunistas”, es decir, un “antinorteamericano”, lo que puede derivar en “es un terrorista”. Sobre este suelo social así preparado, actuó el senador republicano Joseph Raymond McCarthy (1908-1957) que «Durante sus diez años en el senado, con su equipo se hicieron famosos por sus investigaciones sobre personas en el gobierno de los Estados Unidos y otros sospechosos de ser agentes soviéticos o simpatizantes del comunismo, infiltrados en la administración pública o el ejército».
Comenta Chomsky: «Todo es muy eficaz y hasta hoy ha funcionado perfectamente. Desde luego, consiste en algo razonado y elaborado con sumo cuidado: la gente que se dedica a las relaciones públicas no está ahí para divertirse; está haciendo un trabajo, es decir, intentando inculcar los “valores correctos”. De hecho, tienen una idea de lo que debería ser la democracia: un sistema en el que la clase especializada está entrenada para trabajar al servicio de los amos, de los dueños de la sociedad, mientras que al resto de la población se la priva de toda forma de organización, para evitar así los problemas que pudiera causar».