miércoles, 9 de mayo de 2012

El mito del mercado libre II


 La oportunidad, para internarnos en este derrotero nos la brinda la publicación de una entrevista (SinPermiso, nº 9, 2011) que el profesor Salvador López Arnal realiza a un investigador con una importante trayectoria académica, el Dr. David Casassas, sociólogo por la Universidad de Barcelona, investigador de Ética Económica y Social de la Universidad de Lovaina. La entrevista fue motivada por la presentación de su libro, La ciudad en llamas. La vigencia del republicanismo comercial de Adam Smith (Montesinos, Barcelona, 2010).
Es muy ilustrativa la explicación que ofrece respecto del título de su libro, en el que recupera una expresión sorprendente para la versión de los textos de Adam Smith, enseñados en las universidades:
«En un pasaje de La Riqueza de las naciones, en el que Smith defiende la necesidad de que las instituciones políticas controlen la actividad del sector bancario, reconoce que todo este tipo de regulaciones estatales que él propone pueden limitar la libertad “natural” de los individuos. Ahora bien, cuando el ejercicio de esa libertad queda restringido a un contado número de personas, la continuidad de la sociedad como proyecto civilizatorio queda seriamente amenazada. Del mismo modo que un cuerpo de bomberos debe alzar cortafuegos para impedir la propagación de los incendios, cualquier gobierno debe emprender una decidida acción política orientada a evitar la concentración de la libertad en unas pocas manos o, lo que es lo mismo, a evitar que una gran mayoría de la población quede excluida del ejercicio de esa libertad. Cuando ello ocurre, cuando la gran mayoría queda fuera de los procesos de determinación de nuestras relaciones económicas y sociales, no es posible construir una sociedad efectivamente libre y civil».
Con el subrayado quiero mostrar que las ideas originales de Adam Smith contradicen lo que sus divulgadores le hacen decir. Defiende la vigencia de la libertad, pero “para todos”, y cuando no es así, no se puede hablar de libertad. Por ello, cuando el Dr. David Casassas justifica con razones la escritura de su trabajo, sostiene una tesis muy importante para nuestra comprensión del capitalismo de hoy:
«Adam Smith, junto con otros miembros de la escuela histórica escocesa y, más en general, junto con  el grueso de la llamada “economía política clásica”, pensó la libertad en el mundo de la manufactura y del comercio en unos términos que nada tienen que ver con lo que supuso el despliegue del capitalismo industrial que siguió a la “gran transformación” y también del financiero. Ambos cabalgan a lomos de los grandes procesos de desposesión de la gran mayoría y que, por ello, convierte a esa gran mayoría en población dependiente, material y civilmente, de los pocos beneficiarios de los grandes procesos de apropiación privada del mundo».
Entonces, tanto los textos de Adam Smith, como los del conjunto de los autores pertenecientes a la “economía política de la Ilustración”, aspiraban a un mundo en el que la manufactura y el comercio fueran protegidos por la intervención de las instituciones públicas y el Estado, desarrollando políticas y aplicando normativas contra los privilegios de las clases más favorecidas que pudieran detentar posiciones dominantes en los mercados. Ello posibilitaría la universalización de la independencia socioeconómica, lo que abriría el camino de «autonomía moral de que gozaría el productor libre».
Para Smith el “productor libre”, auténtico sujeto del ideal de su proyecto civilizatorio, es alguien capaz de formarse, individual y colectivamente, emprendiendo tareas productivas libres, en el sentido más amplio del término, de forma autónoma. Ello generaría un espacio social libre de dominaciones, libre de imposiciones por parte de intereses o grupos de presión. Según se deduce de todo lo expuesto muy poco se relaciona con el funcionamiento del capitalismo posterior, «sino que, además, rompe con los principios -y la práctica- de los cuerpos doctrinales de cuño liberal que han hecho apología de este mundo capitalista». Smith, como miembro de esa “economía política de la Ilustración”, «se constituye en una de las cumbres, en defensa de la libertad política y, en segundo término, también de los mercados». Sostiene en esta línea de pensamiento:
«Me pareció fundamental, pues, entender cabalmente todo esto. Primero, por razones académicas o intelectuales: es necesario contribuir a restaurar el sentido común con respecto a los presupuestos de toda esta economía política clásica, tan maltratada por la hermenéutica liberal que llega más tarde. Y segundo, por razones políticas y culturales: me parece imprescindible que los investigadores nos tomemos en serio la tarea de pensar políticamente en qué sentido y de qué maneras podemos recurrir a los mercados como herramientas que nos ayuden, también a nosotros -pero en nuestros términos y de acuerdo con nuestros valores-, a resolver determinados problemas sociales».