domingo, 13 de mayo de 2012

El mito del mercado libre III


Haber comprendido la importancia de estos replanteos nos posibilita una apertura, a partir de la cual podemos y debemos decir mucho sobre el papel que juegan los mercados en la tarea emancipadora hacia un mundo más libre, siempre que nos desprendamos de los dogmatismos vigentes. Una vez lograda esta recuperación nos permitirá decir que «el mundo de Smith y de la economía política clásica aportan muchas enseñanzas valiosas para este cometido».
Nos habla, nuestro autor a continuación de la personalidad de Adam Smith, que no fue economista de profesión, sino un Filósofo Moral y Científico Social escocés que había quedado muy impresionado por los cambios que la  manufactura y el comercio estaban produciendo en la Inglaterra y la Escocia de mediados del siglo XVIII, que lo empujaron a participar de un gran anhelo y de una esperanza.
« ¿Qué anhelo? El de todos aquellos que, desde la antigüedad hasta las revoluciones republicanas del XVII y, en el XVIII, el despliegue de la normatividad propia de las Ilustraciones europeas, también de inspiración netamente republicana, aspiraron a fundar la libertad, individual y colectiva, en el trabajo personal independiente, en el control de las bases materiales de nuestra existencia. El anhelo de todos aquellos que, además, creyeron que era posible garantizar políticamente posiciones de independencia socio-económica desde las que las gentes pudieran tejer toda esa emancipación efectivamente autónoma de la que hablaba antes. Esto es, toda esa red social basada, no en relaciones de dominación, sino en vínculos sociales respetuosos y favorecedores de nuevos deseos y proyectos. ¿Y qué esperanza? La de todos cuantos vieron en la nueva manufactura y en un comercio efectivamente libre una gran oportunidad para la materialización de esas viejas aspiraciones republicanas en el mundo moderno».
La descripción que nos ofrece acerca de Smith nos permite ubicarlo en la tradición republicana, diferente de la liberal, atribuida habitualmente en las versiones académicas. Pues es de la vertiente republicana de donde toma ese concepto que se convierte en el centro de su reflexión: «la libertad exige independencia material o independencia socio-económica, que es la condición de posibilidad del despliegue del entramado de vínculos sociales exentos de relaciones de sometimiento». El pasado feudal, no tan lejano, animaba a Smith a insistir sobre el tema. Es decir, imaginaba un futuro en el que no hubiera diferencias civiles ni económicas que generadoras forzosas, el conflicto social.
Nuestro autor se apoya en lo que denomina “un revival académico de la tradición republicana” a partir de mediados de 1990, momento de debates que enriquecieron las definiciones del concepto “libertad republicana”, sobre todo por los aportes del filósofo y politólogo Philip Pettit, profesor de la Universidad de Princeton, y del historiador británico Quentin Skinner, profesor de la Universidad de Cambridge: «Una persona es libre en sentido republicano cuando no es objeto de interferencias arbitrarias por parte de instancias ajenas y, además, en virtud de un determinado diseño social e institucional que no posibilite la interferencia arbitraria en las decisiones que esa persona pueda tomar y en los cursos de acción que pueda emprender».
Contrapone esa definición, con la que surge de la tradición liberal, menos exigente: «Una persona es libre simplemente cuando no es objeto de interferencias arbitrarias, con independencia de que se viva o no en un estado de cosas en el que en cualquier momento podamos ser objeto de esas interferencias por parte de los demás». La confrontación de estas dos definiciones le permite mostrar que la tradición liberal se halla ideológicamente incapacitada para detectar el problema fundamental de falta de libertad que sufre el trabajador asalariado, sometido a la posibilidad de distintos tipos de entorpecimiento contra el ejercicio de su libertad por parte del propietario, de los  que no puede defenderse pues depende de éste para vivir.
La ventaja que otorga la definición de “libertad” en la tradición republicana es que no presenta ninguna dificultad para detectar en la relación obrero-patrón, como en muchas otras, el problema de cómo se presenta la falta de libertad: «De acuerdo con el republicanismo, allí donde hay dependencia no puede haber libertad, por mucho que no haya interferencia arbitraria efectiva. La definición de Pettit de la libertad republicana como ausencia de dominación resulta, pues, analíticamente precisa y, además, respeta las intuiciones básicas que han recorrido la historia de la aproximación republicana a la cuestión de la libertad».