miércoles, 2 de mayo de 2012

Reflexiones finales II


 Espero que los comentarios que fui agregando a lo escrito por Noam Chomsky en su libro “El control de los medios de difusión”, más la propuesta de reflexiones y sugerencias, contribuyan a una comprensión más profunda de lo que nos ha brindado este académico.
La denuncia de los proyectos y programas  — a lo largo del siglo XX y continuados en el actual— ponen de manifiesto el acuerdo del establishment internacional sobre la “necesidad” de manipular la opinión del “ciudadano de a pie”, con el propósito de encubrir inconfesables maniobras en pos de una mayor  rentabilidad del capital, sin importar las atroces consecuencias que acarrean. Construir, con el relato periodístico, una realidad ficcional que sirva a esos propósitos ha sido una política planificada e implementada desde los más altos escalones del poder. El libro de nuestro profesor nos ha guiado por los laberintos de ese entramado de planes y acciones desplegados sobre el planeta.
Sin embargo, a pesar de lo contundente de sus denuncias, Chomsky cierra con una reflexión esperanzadora: «A pesar de toda la propaganda y de todos los intentos por controlar el pensamiento y fabricar el consenso, hay hechos que constituyen un conjunto de signos de efecto civilizador. Se está adquiriendo una capacidad y una buena disposición para pensar las cosas con el máximo detenimiento. Ha crecido el escepticismo acerca del poder. Han cambiado muchas actitudes hacia un buen número de cuestiones, lo que ha convertido todo este asunto en algo lento, quizá incluso frío, pero perceptible e importante, al margen de si acaba siendo o no lo bastante rápido como para influir de manera significativa en los aconteceres del mundo». Su prudencia es comprensible frente a la mansedumbre y credulidad del público estadounidense, descripto magistralmente por los autores y guionistas del personaje de Homero en la serie Los Simpson.
Alberto Daneri, escritor, poeta y periodista, nos advierte sobre la necesidad de contar con un público mejor educado en estos temas: «Para tomar decisiones legítimas, el lector debe disponer de información veraz. Los diarios revelan, con un poco de suerte, hechos aislados, criterios sesgados; ignoramos miles de cosas que pasan. La realidad se recorta discrecionalmente; todos saben que los multimedios falsean la verdad, es el negocio quien manda. Violan sus reglas éticas para vigilar lo que un periodista tiene permitido decir. Incluso lo que callan esconde un gran truco: omitir es su otra forma de mentir, pues los medios hegemónicos negocian con poderosos del más alto nivel para que sus lectores piensen que las corporaciones mediáticas les relatan certezas. Usualmente es un lector cautivo que teme equivocarse. Educado en el derecho a hablar y en el derecho a saber, cree devoto cuanto le narran».
Washington Uranga, profesor de la cátedra "Políticas de Comunicación" de la Facultad de Comunicación de la Universidad Javeriana y de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y de la Facultad de Comunicación Social de La Plata, aporta: «Es interesante señalar también que así como todo acto tiene una expresión comunicacional que es susceptible de ser leída de distintas maneras, también es verdad que no todo es comunicación. Por esta razón es imposible disimular los errores de una gestión con campañas de marketing o con estrategias de comunicación para impactar y convencer a las audiencias ciudadanas de que está ocurriendo algo que va en sentido contrario a lo que sus ojos y sus sentidos perciben. Se puede disimular o engañar por un tiempo, pero finalmente la verdad terminará aflorando si existen voces diversas, pluralidad de fuentes y perspectivas».
Creo que si se llegó a extremos inconcebibles en los Estados Unidos, es porque allí se ha desarrollado una larga domesticación cultural. Nuestro pueblo es portador de una mirada crítica que opera como un filtro analizador de todo lo que se le ofrece y cree cada vez menos en la propaganda con que se lo ataca. No quiere decir esto que sea invulnerable, pero, como también detecta Chomsky en su país, aunque en menor medida, la capacidad de engaño está perdiendo fuerza.
Los planes ejecutados, ya analizados, ponen de manifiesto la importancia de crear una visión ficcional de la realidad al servicio de los peores propósitos del capital internacional. No puede soslayarse en esta reflexión las consecuencias de los efectos de esa tarea de dominación cultural sobre una gran parte del “ciudadano de a pie”. Por ello, dada la necesidad de contrarrestar esta propaganda dañina, se puede comprender mejor que necesitamos comprometernos en esta “batalla por las ideas”. En verdad, es allí donde se libra la pelea por una mejor comprensión del mundo que habitamos, y que nos ayudará a mejorar decisiones liberadoras del sometimiento con que nos han estado amenazando. El resultado de esa “batalla” depende en gran parte de todos nosotros.

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