miércoles, 4 de julio de 2012

El mito del mercado libre - Reflexiones finales


La propuesta original de este trabajo rondaba en torno a una necesidad: desmontar el discurso dominante que impone una interpretación de la realidad y de sus posibilidades de cambio muy limitadas. Dicho de otro modo, cubre la realidad con una niebla de pesimismo que la convierte en un mundo gris sin salidas a la vista. Una especie de fatalismo, con pretendida fundamentación científica en este caso, que impide pensar en caminos alternativos, superadores, con toda la dosis necesaria de realismo que la correlación de fuerzas actuales implica.
Después de las décadas de los sesenta y setenta, que nos hicieron pensar en que los cambios necesarios para construir una sociedad más justa estaban al alcance de la mano, las frustraciones de esas generaciones más las consecuencias de los errores cometidos que se sumaron a la represalia de las fuerzas dominantes, nos sumieron en los años de fuego, más las décadas siguientes en las que pretendieron convencernos de la necesidad de ser pragmáticos. Esto debe entenderse como el abandono de los viejos ideales. Ese reflujo de las ideas y de las fuerzas que luchaban por “la liberación de los pueblos” fue ocupado por una oleada impetuosa del neoliberalismo triunfante que decepcionó a muchos y les hizo bajar los brazos.
Pasados esos tiempos, el nuevo siglo apareció con resplandores que encontró a muchos deshabituados a  esas luminosidades. Algunos no creyeron por tener un corazón cansado, otros tuvieron que hacer esfuerzos para aceptar lo que estaban viendo, y así, de a poco, algunos primero, otros muchos después, se sumaron a la marcha prometedora de tiempos mejores. En ese afán estamos.
Si bien las voluntades se van disponiendo a emprender, por diferentes caminos, las diversas tareas que impone toda reconstrucción social, una de ellas que, a mi entender, no ha tenido demasiada atención es la que se ha denominado “la batalla cultural”, es decir la lucha contra las ideas imperantes que han calado muy profundamente en la conciencia colectiva. Desenredar la trama de ese complejo de ideas no es una labor sencilla. Requiere de mucha paciencia, de mucha inteligencia y de mucha perseverancia. Parte de ello es el objetivo de las páginas anteriores, será el lector un juez sobre los resultados obtenidos. Demostrar en el terreno teórico las falacias que se han argumentado, las elaboraciones históricas, filosóficas, literarias, las distorsiones de los significados de las ideas de los Maestros clásicos, todo ello con el propósito de justificar el mundo existente. En esto debemos enfrentar a algunos que han elaborado discursos encubridores a sabiendas de lo que hacían, esos no son recuperables, puesto que actúan como mercenarios. Lo más grave lo presentan los muchos que repiten crédulamente esas teorías que las reciben dentro de un marco de pretendida cientificidad. Allí el trabajo es enorme y debe ser muy paciente.
El encuentro con el pensamiento y la labor investigativa del Dr. David Casassas ha sido, para mí providencial. He tenido la suerte de sumergirme en sus conclusiones que me parecieron muy iluminadoras. Ello me impuso la necesidad de compartir con lectores que no visitan regularmente estos temas esta investigación sobre el pensamiento de Adam Smith, quien ha sido presentado como el “padre de la economía moderna”, cuando fue mucho más que eso. Fue el filósofo moral que se entusiasmó con las promesas de un mundo que iba saliendo del sometimiento feudal y auguraba un futuro preñado de buenas nuevas. Sus investigaciones, que fue escribiendo en una serie de pequeños trabajos conformaron un cuerpo extenso, denso y detallado, que fueron publicadas en 1776: La riquezas de las naciones.
Como ha sucedido con otros grandes maestros, es mucho más citado que leído en su totalidad. Lo que ha circulado por las academias y universidades han sido algunas síntesis que destrozaron gran parte de la riqueza que contiene el texto. Se ha simplificado, descafeinado, aguachentado, haciéndole decir con las síntesis y los comentarios ofrecidos sólo una parte de sus ideas cosas que contradicen el texto en su totalidad.
Recuperar lo medular de su pensamiento, colocándolo en el contexto histórico en que se desenvolvió su actividad teórica, es un mérito del autor que he comentado, el Dr. Casassas. Espero que su lectura haya sido de ayuda para comprender mejor algunas de las muchas posibilidades de salida que tiene este presente social y político injusto. Además se debe tener sumo cuidado con la utilización de vocablos que fueron mutando su significado. Leerlo desde el después y atribuirle el significado posterior distorsiona lo que el autor clásico ha dicho. Todo este trabajo ha intentado aclarar ideas que, como se las presenta, son el sustento de esta sociedad injusta.