domingo, 8 de julio de 2012

Pinceladas sobre la democracia y el capitalismo I


En la serie de notas que comienza por esta voy a proponer algunas miradas que denominaré pictóricas, de allí este título, en las que nos detendremos a mirar diferentes aspectos del estado de nuestra sociedad global y sus repercusiones en los diversos países. Obtendremos una cantidad de cuadros que nos dirán qué está pasando, sobre los cuales trataremos de obtener algunas ideas que nos alumbren el pensamiento para comprender mejor. Confrontaré los comentarios que vayan apareciendo con algunos textos, opiniones, ideas de diferentes actores que actúan es tan importante escenario. No debe llamarnos la atención de que vayan apareciendo contradicciones entre ellos y entre lo que se dice y lo que sucede. Lo que intentaré es expones y analizar algunas de las consecuencias que pueden detectarse en este comienzo de siglo.
Comenzaré con una especie de manifiesto lanzado por el Dr. Francis Fukuyama (1952), un publicista, funcionario del Departamento de Estado bajo la presidencia de Busch (padre), formado en las Universidades de Harvard y Yale, de donde egresó como Doctor en Filosofía y Letras. Su salto a la consideración pública lo dio a partir del artículo que publicó en la revista The National Interest en 1989, cuyo título preguntaba retóricamente: ¿El fin de la historia? Esta revista representa el pensamiento más conservador de la derecha republicana. El artículo trata un tema convocante para el establishment: “El mundo sin la Unión soviética”, que había implosionado en ese año.
Apoyado por esta institución, se convirtió en celebridad al publicar el libro, ampliación del artículo mencionado, cuyo título es El fin de la historia y el último hombre (1992). El libro fue lanzado simultáneamente en varios países con una importante promoción publicitaria. La tesis que enuncia Fukuyama sostiene la importancia fundamental de los principios del liberalismo, tanto político como económico, para la consolidación de la “democracia moderna”:
«No es posible mejorar el ideal de la democracia liberal puesto que ésta es la única aspiración política coherente que abarca las diferentes culturas y regiones del planeta. Además, los principios liberales en economía — el “mercado libre”— se han extendido y han conseguido niveles sin precedentes de prosperidad material, lo mismo en países industrialmente desarrollados que en países que al terminar la segunda guerra mundial formaban parte del Tercer Mundo. Una revolución liberal en economía ha precedido a veces y a veces ha seguido la marcha hacia la libertad política en todo el mundo. Este proceso garantiza una  creciente homogeneización de todas las sociedades humanas, independientemente de sus orígenes históricos o de su herencia cultural. Todos los países que se modernizan económicamente han de parecerse cada vez más unos a otros: han de unificarse nacionalmente en un Estado centralizado, han de urbanizarse, sustituyendo las formas tradicionales de organización social, como la tribu, la secta y la familia, por formas económicas racionales, basadas en la función y la eficiencia, y han de proporcionar educación universal a sus ciudadanos. Estas sociedades se han visto ligadas cada vez más unas con otras, a través de los mercados globales y por la extensión de una cultura universal de consumidores. Además, la lógica de la ciencia natural parece dictar una evolución universal en dirección al capitalismo» (subrayados RVL).
Esta descripción bastante optimista, mirada con ojos complacientes, o ciega e ignorante de la realidad mundial de los años noventa, le permitía asegurar que se había arribado a un “fin de la Historia” que ´le definía de este modo:
«El fin de la historia significa el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas, los hombres satisfacen sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas. Todo funciona mejor si puede dar por sentado un marco jurídico estable y efectivo, que permita la seguridad de los derechos de propiedad y de las personas, y un sistema de asociación privada relativamente transparente. Pero estas características no han prevalecido en los países latinoamericanos. En muchos casos, el Estado ha sido arbitrario y rapaz. Como consecuencia, se redujeron los radios de confianza al nivel de la familia y los amigos y se generó una dependencia a ellos (subrayados RVL).