sábado, 6 de octubre de 2012

Joseph Stiglitz nos muestra el mundo de hoy I



(Premio Nobel, es profesor de Economía en la Universidad de Columbia. Su último libro es El precio de la desigualdad: cómo la división actual de la sociedad pone en riesgo nuestro futuro).

Nuestra Argentina está atravesando un proceso que, según quién nos lo cuente, se presenta con perfiles muy diferentes. Lo que pasa en nuestro país no puede ser analizado fuera del contexto internacional, sobre todo a partir de la crisis financiera 2007-8. Para ello es muy interesante ver cómo se encuentran los países más desarrollados y entre ellos los EE.UU. sobresalen por su historia, por el papel que ha desempeñado a lo largo del siglo XX y lo que va del actual. Para ello voy a comentar una nota de su autoría cuyo valor está sustentado en su carrera académica y profesional. Si miramos sus antecedentes nos enteramos de que:
Es un economista y profesor estadounidense, nacido en 1943. Ha recibido la Medalla John Bates Clark (1979) y el Premio Nobel de Economía (2001). Es conocido por su visión crítica de la globalización, de los economistas de libre mercado (a quienes llama "fundamentalistas de libre mercado") y de algunas de las instituciones internacionales de crédito como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En 2000 Stiglitz fundó la Iniciativa para el diálogo político, un centro de estudios (think tank) de desarrollo internacional con base en la Universidad de Columbia (EE. UU.) y desde 2005 dirige el Instituto Brooks para la Pobreza Mundial de la Universidad de Mánchester.

Estados Unidos ya no puede considerarse la tierra de oportunidades que alguna vez fue.
Comienza con esta afirmación que pinta todo un cuadro de situación de su país:
A los estadounidenses les gusta pensar en su país como una tierra de oportunidades, opinión que otros en buena medida comparten. Pero aunque es fácil pensar ejemplos de estadounidenses que subieron a la cima por sus propios medios, lo que en verdad cuenta son las estadísticas: ¿hasta qué punto las oportunidades que tendrá una persona a lo largo de su vida dependen de los ingresos y la educación de sus padres? En la actualidad, estas cifras muestran que el sueño americano es un mito. Hoy hay menos igualdad de oportunidades en Estados Unidos que en Europa (y de hecho, menos que en cualquier país industrial avanzado del que tengamos datos). Esta es una de las razones por las que EE UU tiene el nivel de desigualdad más alto de cualquiera de los países avanzados. Y la distancia que lo separa de los demás no deja de crecer. Durante la "recuperación" de 2009 y 2010, el 1% de los estadounidenses con mayores ingresos se quedó con el 93% del aumento de la renta. Otros indicadores de desigualdad (como la riqueza, la salud y la expectativa de vida) son tan malos o incluso peores. Hay una clara tendencia a la concentración de ingresos y riqueza en la cima, al vaciamiento de las capas medias y a un aumento de la pobreza en el fondo.
La descripción no deja lugar a dudas. Los altos ingresos de los que están en la punta de la pirámide, el 1 % de la población, no contribuyeron con sus aportes a una mejor distribución de los ingresos. La Gran Recesión demostró que aun aquellos que fueron los culpables de esa catástrofe económico-social: los banqueros que dejaron hasta a sus propias empresas al borde de la ruina recibieron jugosas bonificaciones. De dónde provienen las altas remuneraciones de los directivos de empresas, nos responde el profesor:
Parte de la riqueza de los financieros proviene de la explotación de los pobres por medio de préstamos predatorios y prácticas abusivas con el uso de tarjetas de crédito. Si examinamos más de cerca la cima de la pirámide, encontraremos allí sobreabundancia de buscadores de rentas: hay quienes obtuvieron su riqueza ejerciendo el monopolio del poder; otros son directores ejecutivos que aprovecharon deficiencias de las estructuras de gobierno corporativas para quedarse con una cuota excesiva de la ganancia de las empresas, y hay todavía otros que usaron sus conexiones políticas para sacar partido de la generosidad del Estado, ya sea cobrándole demasiado por lo que compra (medicamentos) o pagándole demasiado poco por lo que vende (permisos para explotación de minerales). En estos casos, los que están arriba se enriquecen directamente de los bolsillos de los que están abajo.

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