domingo, 24 de marzo de 2013

El valor de las palabras V



No creo que a nadie sorprendan los temas que han sido citados. Se podrá tener un grado de acercamiento mayor o menor, se habrá reflexionado más o menos sobre todo este tipo de informaciones, pero la problemática flota en el aire y de algún modo nos ha tocado alguna vez. Es necesario que nos atrevamos a buscar algunas causas, aun a sabiendas de que la pluralidad de factores que han intervenido a lo largo de estas últimas décadas, más la complejidad de los procesos socio-históricos, dificultan mucho la tarea. Sin embargo, ello no debe amilanarnos para asumir el compromiso de tentar algunas explicaciones posibles y necesarias.
Volveré sobre las afirmaciones de Pedro Barcia, en su doble condición de presidente de la Academia Argentina de Letras y vicepresidente de la Academia Nacional de Educación, en la certeza de consultar a una autoridad académica de prestigio para que nos oriente en esta búsqueda. Nos ofrece, como primera aproximación, una descripción del cuadro social actual:
En general, el argentino medio está perdiendo con el tiempo el caudal verbal que tenía. El caudal léxico se ha empobrecido bastante. Otros niveles se han deteriorado, algo grave pero no tanto como la pobreza lingüística, que lleva a que el hombre no pueda expresarse con claridad, a que no pueda hacer una protesta, no pueda definir lo que siente o lo que piensa, y de esta forma el ejercicio de la libertad de expresión se reduce. Y esto no se da únicamente en los ámbitos socioculturales bajos, sino que se da en los mismos chicos que llegan a la facultad. En gran medida, se debe a que la escuela ha perdido mucho poder de formación de los muchachos y la familia no tiene casi diálogo.
Una digresión que, aunque parezca fuera de lugar, puede ser útil, merece ser introducida a continuación. El hombre ha adquirido el lenguaje después de un muy largo período evolutivo, comenzando con unos pocos sonidos guturales, como un puente entre los sistemas de comunicación animal y el habla humana. Las prácticas sociales, por el aumento de la complejidad de los sistemas de producción, exigieron paulatinamente una mayor riqueza, expresada en el aumento de la cantidad de vocablos con los cuales se iba haciendo referencia a objetos, actividades, sentimientos, situaciones específicas. Es decir, fueron apareciendo, con características propias de los hombres de cada región, modos del habla particulares que se constituyeron en las formas originarias de los diferentes idiomas. La evolución fue acompañada por una riqueza expresiva cada vez más rica.
Estudiados por la psicología evolutiva estos conocimientos altamente complejos, fueron desentrañando el proceso de la aparición del habla en el niño (evolución ontogenética: desde el nacimiento hasta la madurez de la persona). El discernimiento de los pasos dados por el niño permitió extrapolarlos al origen del hombre (evolución filogenética: el recorrido de las especies animales, en este caso el humano). El descubrimiento de la biología[1] del siglo XIX fue correlacionar la evolución del hombre respecto de las especies precedentes y encontrar  que el embrión humano reproduce todos esos estadios anteriores durante el embarazo y en su desarrollo posterior. Esto permitió, por comparaciones, diseñar un camino posible en la adquisición del habla. En síntesis, el habla humana ha ido evolucionando de formas elementales a formas cada vez más ricas y complejas, y sigue avanzando.
Volvamos a nuestro camino. Si la riqueza lingüística es una adquisición histórica y el idioma crece y se complejiza, ¿esto nos lleva a pensar que hemos comenzado un proceso de involución? La conclusión es muy pesimista, además de excesivamente precipitada, pero no deja de ser una advertencia respecto de este tiempo que nos toca vivir. Debe funcionar como un alerta que nos señala un emergente de gravedad que no podemos desconocer, puesto que los pasos siguientes anunciarían un empeoramiento. En una película bastante rudimentaria de argumento, pero de una trama sorprendente, se narra un experimento por el cual una pareja de marginales de hoy aparecen en un mundo 500 años después. La pintura de ese momento de la sociedad es terrible: los jóvenes hablan una lengua de escasas palabras, parecen deficientes mentales dominados por la droga y el sexo. Su título es Idiocracia[2], ‘el gobierno de los idiotas’, y el tema es una posible respuesta a la pregunta anterior.



[1] Ernst Haeckel (1834-1919) fue un biólogo y filósofo alemán que popularizó el trabajo de Charles Darwin en Alemania, creando nuevos términos como "phylum" y "ecología."
[2] Comedia cinematográfica del año 2006, dirigida por Mike Judge, que denuncia la cultura norteamericana, presentada como antiintelectual, insensible al medio ambiente, consumista, obesa, saturada por el marketing, dominada por las grandes corporaciones y fanática de la comida “basura”.